Desde...

Hasta Nosotros

Capítulo 4. “El Nuevo Testamento: Desde, Hasta Nosotros”

¿Cómo ha resistido el paso del tiempo el contenido del Nuevo Testamento? ¿Existen rastros de textos del Nuevo Testamento entre los manuscritos del mar Muerto? ¿Cómo podemos en la actualidad reconstruir el texto original? ¿Poseemos un texto fiel a lo escrito por los autores del Nuevo Testamento hace siglos, o uno que ha sufrido alteraciones o que se encuentra incompleto? ¿Cuál de ellos es el texto inspirado por el Espíritu Santo? Estas preguntas, de suma relevancia, desencadenan otras cuestiones igualmente fundamentales: al abordar la necesidad de traducir el texto griego al castellano, ¿podemos confiar en las diversas traducciones del Nuevo Testamento disponibles en el mercado? ¿Se someten las iglesias a manipulaciones en las traducciones?

"Cómo se ha trasmitido el texto del Nuevo Testamento"

En una era como la nuestra, caracterizada por la producción masiva de libros idénticos gracias a la imprenta, es complicado imaginar la ardua tarea que representaba copiar un libro cuando no existía esta invención. Era prácticamente una proeza. Los libros se confeccionaban a mano y se copiaban minuciosamente (de ahí la denominación de “manuscritos”), en un proceso lento, laborioso y costoso, sujeto a múltiples tipos de alteraciones, ya fueran intencionadas o fortuitas, a manos de los copistas. En consecuencia, en la Antigüedad, ninguna copia era idéntica al original, lo que implica que todos los manuscritos antiguos que contienen total o parcialmente el Nuevo Testamento difieren entre sí, en ocasiones, de manera significativa.

No se han conservado los originales (conocidos como “autógrafos”) de los diversos libros del Nuevo Testamento, solo existen copias. Si se hubiera preservado la primera edición de alguno de ellos en alguna iglesia o archivo, bastaría con consultarla para determinar en qué puntos cada copia se apartó del modelo original. Sin embargo, lamentablemente, esto no es posible. Nuestra única ventana a estos originales se abre a través de copias más o menos fieles a lo que los autores originalmente escribieron. Surge así una disciplina filológica que se adentra en el estudio profundo de estas copias, analizando detenidamente cómo, a través de ellas, podemos aproximarnos lo más posible a esos originales que se han extraviado. Esta rama del conocimiento se conoce como “crítica textual”, y tiene una misión múltiple aunque centrada en un único objetivo.

La crítica textual, una disciplina esencial para preservar la integridad de los textos antiguos al ser reproducidos mediante la imprenta, se esfuerza por garantizar que el lector moderno se acerque lo más posible a la obra original del autor. Para lograr este propósito, la crítica textual lleva a cabo los siguientes procesos:

1. Recopilación, organización y clasificación de los manuscritos, en este caso, los del Nuevo Testamento.

2. Examen meticuloso de los errores y alteraciones que se han introducido en el texto a lo largo del tiempo, y el estudio de las razones detrás de estos cambios.

3. Evaluación de las variantes presentes en los manuscritos (a veces denominados “testigos” del texto) para determinar cuál de ellas se acerca más a lo que se presume que era el original.

I. Testigos del Texto del Nuevo Testamento

En la actualidad, aproximadamente, contamos con los siguientes testigos del texto del Nuevo Testamento (la mayoría de los cuales no incluyen la obra completa; predominan aquellos que contienen solamente los evangelios):

1. Alrededor de 116 papiros, identificados mediante la letra “P” y un número exponencial o voladito, como P52. Aunque en el pasado estuvieron dispersos por distintas regiones, la mayoría que ha llegado hasta nosotros proviene de Egipto. Estos se han conservado gracias a la sequedad de su clima. Además datan de los siglos II al VIII, siendo la mayoría del III al IV. Debido a su antigüedad, son de un valor excepcional para la reconstrucción del texto del Nuevo Testamento, aunque la mayoría de ellos son fragmentos pequeños.

2. Otros manuscritos no realizados en papiro, normalmente elaborados en pergamino de diversos animales, aunque a partir del siglo XIII también se utiliza papel. Se dividen en dos categorías principales:

a)“Unciales,” o manuscritos escritos en letras mayúsculas. Estos se denominan “unciales” debido a que sus letras tenían un tamaño aproximado de una pulgada. Suelen presentar un texto continuo, sin separación de palabras, y rara vez incluyen signos de puntuación o divisiones de párrafos, que son bastante inconsistentes entre ellos. Se identifican mediante letras mayúsculas, tanto latinas como griegas, o números arábigos precedidos por un cero, por ejemplo, A, V, 01, 04, etc. Cuando se agotaron las letras del alfabeto latino, se recurrió a las del hebreo o el griego. Por ejemplo, ℵ (alef) representa el Códice Sinaítico (siglo IV; también conocido como 01), y Q equivale al códice Koridethi (siglo IX; también 038). Existen alrededor de 300 unciales.

b)“Minúsculos,” que son manuscritos copiados en letra minúscula. La mayoría proviene del siglo IX en adelante y se identifican con números arábigos sin el cero delante. Por lo general, se agrupan en familias (indicadas por siglas) para facilitar su manejo. En total, se cuentan alrededor de 2,800 manuscritos minúsculos.

Leccionarios: Estos son libros que contienen selecciones de textos del Antiguo y Nuevo Testamento, destinados a ser leídos en las ceremonias litúrgicas. Existen versiones escritas en mayúsculas y minúsculas, pero curiosamente no hay leccionarios del Apocalipsis. En total, se han registrado alrededor de 2,300 leccionarios.

Antiguas traducciones en lenguas de las distintas iglesias de la época inicial del cristianismo: Se realizaron traducciones a diversas lenguas en las diferentes regiones donde se practicaba el cristianismo temprano. Algunas de las traducciones más notables incluyen el latín (Italia, norte de África, Hispania, Galia), siríaco, copto (Egipto), gótico (tierras germánicas), etíope y más. El valor de estas traducciones como testigos del texto original varía en función del manuscrito base del que se tradujeron y de la antigüedad de la versión misma. Entre las más destacadas se encuentran la Vetus syra o antigua versión siríaca con sus diversas variantes, la Vetus latina o antigua versión latina, la Vulgata (la edición de San Jerónimo) y la traducción copta o egipcia, con sus dos variantes principales: el bohaírico del sur y el sahídico del norte.

Además de estos, se debe considerar el inmenso número de citas del Nuevo Testamento que se encuentran en las obras de los Padres de la Iglesia desde los siglos II al IV y V. Estas citas son invaluables (difícil de calcular) para la reconstrucción del texto original por dos razones fundamentales. En primer lugar, son citas antiguas, muchas de las cuales datan de antes que los mejores manuscritos existentes. En segundo lugar, a menudo se puede determinar la ubicación geográfica de estas citas, lo que contribuye a la identificación de tipos textuales regionales y a la trama de la historia de los textos y sus variaciones geográficas en general. No obstante, las citas de los Padres de la Iglesia presentan desafíos, ya que muchas de ellas fueron hechas de memoria, y en algunos casos, no se puede establecer con precisión el tenor de la cita debido a las variaciones internas en los manuscritos que transmiten el texto de un Padre de la Iglesia específico.

Es importante notar que la mayoría de estos “testigos” del Nuevo Testamento comparten un formato uniforme. Aunque los ejemplares más antiguos probablemente se presentaban en forma de rollos, ningún ejemplar de ese tipo ha sobrevivido. Todos los manuscritos conocidos del Nuevo Testamento, incluyendo los más antiguos, adoptan el formato de códice o libro.

En términos de integridad, la mayoría de los testigos son incompletos. Solo tres “unciales” o manuscritos escritos en mayúsculas (ℵ/01, A/02, C/04) y 56 “minúsculos” contienen el texto completo del Nuevo Testamento. Dos unciales y alrededor de 150 minúsculos carecen del Apocalipsis. Los Evangelios se encuentran en alrededor de 2,400 manuscritos, los Hechos de los Apóstoles y las llamadas “Epístolas católicas” en unos 660 manuscritos, aquellos que conservan las cartas de Pablo se acercan a los 800, y solo alrededor de 300 contienen el Apocalipsis. En cuanto a la fecha de copia, se estima que el 65% de los manuscritos provienen de los siglos XI al XIV, mientras que menos del 3% se remonta a los primeros cinco siglos.

La pregunta de si existen textos del “Nuevo Testamento entre los manuscritos del Mar Muerto” es un tema que ha sido abordado minuciosamente. Los famosos Rollos del Mar Muerto, en su mayoría, se atribuyen a la secta judía de los esenios, específicamente a una rama que se apartó de la vida pública debido a desacuerdos con las normas legales, el calendario judío y la forma en que se practicaba el culto en el Templo.

La respuesta directa a la cuestión planteada es que, después de un meticuloso trabajo de edición filológica de prácticamente todos los manuscritos de interés descubiertos en el Mar Muerto, se puede afirmar con seguridad que no se han encontrado entre estos textos de Qumrán o del Mar Muerto pasajes o fragmentos del Nuevo Testamento. Además, no hay ninguna alusión a Jesús, a sus discípulos ni a ningún aspecto relacionado con el cristianismo en estos manuscritos. Cualquier afirmación en contrario se debe a especulaciones sin fundamentos de escritos pseudocientíficos o a la búsqueda de sensacionalismo para obtener beneficios económicos.

Una cuestión científica relevante surgió en 1972, cuando el jesuita español José O’Callaghan, ya fallecido, quien en ese momento era profesor en el Instituto Bíblico de Roma, planteó la posibilidad de que algunas obras del Nuevo Testamento hubieran sido copiadas en Qumrán. Sus investigaciones fueron publicadas en la revista Biblica, el órgano de ese instituto. La hipótesis más destacada de O’Callaghan era que en la Cueva VII de Qumrán (7Q) se podría haber encontrado un fragmento, específicamente 7Q5, que correspondía al Evangelio de Marcos, concretamente a Marcos 6:52-53. Sin embargo, hoy en día, esta hipótesis parece haber perdido credibilidad entre la comunidad científica.

La hipótesis de José O’Callaghan, en la que afirmaba que se habían encontrado restos de copias de libros del Nuevo Testamento, como Hechos de los Apóstoles, Romanos, 1 Timoteo y la Epístola de Santiago en la Cueva VII de Qumrán, fue revolucionaria en el mundo académico. Esta teoría sugería que escritos cristianos, considerados previamente como tardíos (compuestos entre el 70 y el 100 d.C.), habrían sido redactados y difundidos antes del año 60. Esto habría requerido que estos textos fueran compuestos, ganaran notoriedad y fueran copiados en Qumrán antes de su aniquilación por los romanos en el año 68.

La implicación más significativa de la hipótesis de O’Callaghan sería que la transmisión manuscrita de estos textos desde el principio habría sido increíblemente confiable, ya que coincidirían sustancialmente con las versiones actuales. Esto habría llevado a una revisión de la cronología del Nuevo Testamento y, por ende, de las ideas sobre la evolución teológica del cristianismo primitivo a lo largo de la segunda mitad del siglo I y los primeros años del siglo II. Por ejemplo, si esta teoría fuera cierta, una obra como los Hechos de los Apóstoles, cuya mentalidad teológica se situaba hasta entonces entre los años 90-100 d.C., habría tenido que ser compuesta al menos cincuenta años antes.

Sin embargo, la teoría de O’Callaghan tenía numerosas dificultades. En el caso más importante, el del fragmento 7Q5 que supuestamente correspondía al Evangelio de Marcos, la mayoría de las letras en este fragmento eran legibles, pero aproximadamente seis de ellas eran problemáticas y debían leerse de manera no convencional. Además, para que este fragmento coincidiera con el texto de nuestro Evangelio de Marcos actual, se habría tenido que omitir tres palabras en un pasaje muy breve (Mc 6,52-53). Esta omisión no se encuentra en ninguno de los 2,400 manuscritos existentes del Evangelio.

Un desarrollo más reciente mostró que cada hoja de papiro tiene una disposición única de fibras, como una especie de huella digital, y que el fragmento 7Q5 forma parte de otro trozo de papiro descubierto en la misma cueva. Ambos fragmentos fueron escritos en la misma hoja de papiro. El texto del segundo fragmento es más extenso y ha sido identificado sin lugar a dudas como parte del antiguo Libro de Enoc. Por lo tanto, se ha demostrado de manera concluyente que el fragmento 7Q5 no está relacionado con el Evangelio de Marcos. Del mismo modo, se ha investigado otros presuntos fragmentos del Nuevo Testamento en Qumrán y se ha determinado que pertenecen a obras que no forman parte del Nuevo Testamento. En resumen, no se han encontrado textos del Nuevo Testamento entre los manuscritos del Mar Muerto. Los estudios filológicos detallados y las investigaciones posteriores han confirmado que no existen pasajes o fragmentos del Nuevo Testamento en estos rollos antiguos. Cualquier afirmación en contrario se basa en especulaciones sin base científica o en la búsqueda de sensacionalismo.

La reconstrucción de un texto antiguo a partir de muchas copias presenta una serie de problemas que son comunes tanto en los manuscritos del Nuevo Testamento como en otras obras clásicas de la antigüedad grecolatina. Estos problemas incluyen:

1. Errores involuntarios: Los copistas a menudo cometían errores al transcribir los textos, como equivocaciones en la copia de palabras o letras.

2. Enmiendas voluntarias: Algunos copistas realizaban enmiendas conscientes en el texto, pero estas correcciones no siempre eran precisas y podían introducir nuevos errores.

3. Adiciones ideológicas o estilísticas: Los copistas a veces agregaban palabras o frases al texto con el fin de mejorar el estilo o adaptar el contenido a sus creencias teológicas.

4. Omisiones: También se producían omisiones, ya sea por motivos ideológicos o simplemente debido a errores visuales.

Los métodos de estudio de los manuscritos del Nuevo Testamento son similares a los utilizados para textos clásicos, como los de Homero o Platón. Sin embargo, la gran cantidad de testigos disponibles, más de 5,000 en total, puede complicar y facilitar la reconstrucción del texto original. En el caso de autores clásicos, a veces un solo manuscrito representa el texto, y cuando hay alrededor de media docena de copias, se considera que hay una base sólida para la reconstrucción del texto original.

Es importante destacar que la tradición manuscrita del Nuevo Testamento a menudo es mucho más cercana a los originales que en el caso de los autores clásicos. Las primeras copias del Nuevo Testamento probablemente se hicieron poco después de la composición de los “autógrafos” originales. Un ejemplo de esto es el P52, un fragmento del Evangelio de Juan datado alrededor del 125-130 d.C., solo unos treinta años después de la composición del Evangelio.

A diferencia del texto hebreo del Antiguo Testamento, que fue sometido a un estricto control desde el siglo II d.C. debido a su carácter sagrado, el texto del Nuevo Testamento era inicialmente un texto en evolución cuyo carácter canónico no se definió de manera estricta por la Iglesia. Incluso copistas posteriores alteraban el texto, especialmente en los Evangelios, para que coincidiera con pasajes paralelos correspondientes. Esto se ha denominado “corrupción ortodoxa” de la Escritura, donde el texto se adaptaba a las tendencias teológicas predominantes. Algunos papiros antiguos muestran notables diferencias en el texto en comparación con otros testigos.

En resumen, en la Iglesia primitiva, hacia finales del siglo II, existía una doble tendencia contradictoria con respecto a sus “Escrituras”: por un lado, se consideraban textos sagrados teóricamente intocables, y por otro, había cierta libertad para alterar el texto y ajustarlo a las necesidades teológicas o sermones, de acuerdo con la tradición eclesiástica o el dogma en evolución.

La crítica textual del Nuevo Testamento se ha enfrentado a una gran cantidad de variantes, estimadas en unas 500,000. La mayoría de estas variantes son de naturaleza mayor/menor, como cambios ortográficos, gramaticales, de orden de palabras o de estilo, que suman alrededor de 300,000. "Estas variantes suponen un cambio que podría tener un impacto sustancial en la doctrina cristiana."

Para facilitar el trabajo con esta gran cantidad de manuscritos, la crítica textual ha agrupado los manuscritos en familias. Estas “familias” son conjuntos de manuscritos que tienen un ancestro común y que dependen unos de otros en términos de su origen. Esto permite la reconstrucción de un texto base en líneas generales. Además de estas familias, la investigación bíblica ha identificado tres tipos de texto en el Nuevo Testamento que están representados por un número suficiente de manuscritos y cuyas lecturas se repiten o son similares entre sí. Estos tres tipos de texto son:

1. El texto alejandrino: Este tipo textual recibe su nombre porque la mayoría de los manuscritos que lo representan provienen de Alejandría o Egipto en general. Sus principales ejemplares son los códices Sinaítico y Vaticano. Inicialmente, se creía que este tipo textual se originaba solo en el siglo IV debido a manuscritos copiados en esa época. Sin embargo, los papiros P66 y P75 han demostrado que sus lecturas se remontan al siglo II, extendiendo su antigüedad. El texto alejandrino tiende a ser fiel y literal en relación a su modelo original y muestra un alto rigor expresivo. También se caracteriza por su brevedad y su relativa falta de correcciones gramaticales y estilísticas.

2. El mal llamado “texto occidental”: Este tipo textual se encuentra representado en su máxima expresión por el Códice Beza (D/05), que contiene los Hechos y los Evangelios. Aunque se le conoce como “occidental”, se cree que se copió en el norte de África, no en Occidente como se creyó durante mucho tiempo. El “texto occidental” está acompañado por papiros como P20, P38 y P48, además de la versión latina más antigua. Este tipo de texto se caracteriza por su tendencia a la paráfrasis, es decir, a amplificar el texto, realizar transposiciones y correcciones. Sin embargo, en algunos casos, parece haber conservado lecturas más antiguas y originales. Por ejemplo, en los Hechos, presenta un texto que es un 10% más largo que el alejandrino. La opinión de los estudiosos sobre su valor como testigo del texto original está dividida: algunos lo desprecian, mientras que otros lo valoran y argumentan que muchas de sus lecturas variantes son antiguas y originales. El “texto occidental” plantea un problema filológico y teológico sin resolver en los Hechos.

3. El tipo “koiné” o “bizantino”: Este tipo de texto es el más común en la Iglesia de Oriente y está respaldado por un grupo importante de manuscritos copiados en los siglos VII y VIII. Se caracteriza por ser uniforme y ha sido pulido lingüísticamente, siendo más elegante en la expresión debido a correcciones estilísticas. Los estudiosos creen que este tipo de texto se originó en Antioquía de Siria y luego fue adoptado por la Iglesia bizantina, de ahí su nombre “koiné” o “común”. Aunque cerca del 80% de los manuscritos existentes pertenecen a este tipo de texto, los eruditos le otorgan un valor limitado en la reconstrucción del texto original, ya que ha sido sometido a modificaciones estilísticas y “no es la base del texto científico impreso en la actualidad”, a pesar del gran número de manuscritos que lo presentan.

EL proceso de reconstrucción del texto original del Nuevo Testamento ha evolucionado a lo largo de los siglos, y se ha basado en un enfoque filológico y crítico. Estos son algunos de los hitos importantes en la historia de la edición del Nuevo Testamento:

1. Edición Complutense: La primera edición del Nuevo Testamento griego se llevó a cabo en la Biblia Políglota Complutense bajo el cardenal Cisneros en 1514. Sin embargo, debido a las restricciones de difusión, no tuvo un impacto inmediato.

2. Edición de Erasmo: La edición del Nuevo Testamento griego realizada por Erasmo de Rotterdam en 1516 tuvo un gran éxito y se convirtió en un estándar. Aunque se basó en manuscritos de baja calidad y tenía defectos, esta edición se conoció como “textus receptus y se mantuvo sin modificaciones durante mucho tiempo. "Lamentablemente, esta edición es ampliamente utilizada por sacerdotes católicos, predicadores y maestros de diferentes denominaciones evangélicas."

3. Siglo XIX: Durante el siglo XIX, investigadores alemanes e ingleses como C. von Tischendorf, B. F. Westcott y F. J. A. Hort realizaron avances significativos en el estudio y la edición del Nuevo Testamento. Se basaron en manuscritos más antiguos, como papiros y manuscritos alejandrinos del siglo III y IV, en contraposición al texto bizantino anterior

Estos investigadores sentaron las bases para una nueva edición del Nuevo Testamento griego, alejándose de la versión erasmiana (“textus receptus”) y basándose en fuentes más antiguas y confiables. Sus esfuerzos llevaron a la creación de ediciones más precisas y rigurosas del texto griego, que se han utilizado hasta el día de hoy en la investigación académica.

En resumen, a lo largo de los siglos, la edición del Nuevo Testamento ha evolucionado significativamente a medida que los investigadores han utilizado manuscritos más antiguos y herramientas críticas para reconstruir el texto original. El enfoque moderno se basa en el trabajo de eruditos del siglo XIX y sigue siendo una parte fundamental de los estudios bíblicos.

El proceso de reconstrucción del texto original del Nuevo Testamento ha sido perfeccionado a lo largo de los años y se basa en una metodología rigurosa. Aquí se describen los pasos clave que los expertos utilizan para abordar la crítica textual del Nuevo Testamento:

1. Colación de Manuscritos: Este paso implica la transcripción minuciosa y precisa de un manuscrito específico del Nuevo Testamento. Cada palabra y característica del manuscrito se registra, incluyendo errores de ortografía y transcripción. Esta transcripción se lleva a cabo en caracteres modernos para facilitar el análisis.

2. Agrupación por Familias: Los manuscritos se agrupan en familias o categorías basadas en similitudes en su texto. Esto se hace para reducir el número de manuscritos que respaldan una variante específica y facilitar el análisis de las lecturas.

3. Comparación de Variantes: Se seleccionan un conjunto de variantes significativas (generalmente alrededor de ochocientas a mil) para cada familia o tipo textual. Luego, se comparan las lecturas del manuscrito que se está estudiando con estas variantes, y se registran y tabulan en una computadora.

4. Criterios de Selección: Una vez que todas las variantes se han tabulado y organizado, los estudiosos aplican criterios de selección para determinar cuál variante es más probable que sea la original. Estos criterios se dividen en extrínsecos e intrínsecos.

Criterios Extrínsecos:

-Fecha de los manuscritos: Se considera que los manuscritos más antiguos tienen más peso en la determinación de la lectura original.

- Relación de parentesco: La relación entre manuscritos se tiene en cuenta. Si varios manuscritos tienen una lectura variante similar, no se considera como múltiples apoyos a esa variante, sino como un solo apoyo.

5. Criterios Intrínsecos: Estos criterios consideran la lectura variante en sí misma:

- La lectura más difícil: Se prefiere la lectura que podría haber dado lugar a otras variantes más fáciles.

- La lectura más corta: A menudo, se considera que la lectura más breve es más probablemente la original, ya que los copistas tienden a agregar palabras.

- La lectura coherente: Se prefiere la lectura que se ajusta al estilo y al contexto del autor

- La lectura única: Si una variante solo se encuentra en un manuscrito o un grupo, se considera que es más probable que sea original si cumple con otros criterios.

A través de la aplicación de estos criterios extrínsecos e intrínsecos, los estudiosos pueden estimar cuál de las variantes es más probable que refleje el texto original. Este proceso de crítica textual es una parte esencial de la investigación académica en el campo del Nuevo Testamento y ha permitido refinar y mejorar la comprensión del texto bíblico a lo largo de los siglos.

La crítica textual del Nuevo Testamento implica un análisis riguroso que combina criterios extrínsecos e intrínsecos para evaluar las variantes y determinar la lectura más probablemente original. Aquí se resumen los principales criterios utilizados:

Criterios Extrínsecos:

- Cantidad de Manuscritos y Familias de Manuscritos: Una variante es más probablemente original si está respaldada por un mayor número de manuscritos o familias de manuscritos. Se valora la calidad de estos manuscritos, y es preferible un menor número de manuscritos de alta calidad sobre muchos manuscritos dudosos.

- Antigüedad de los Manuscritos: Los manuscritos más antiguos tienen un peso considerable en la determinación de la lectura original. Los manuscritos cercanos en el tiempo a los “autógrafos” originales son considerados valiosos.

- Distribución Geográfica: La variante que se encuentra en manuscritos de diferentes lugares geográficos tiene una mayor probabilidad de ser original, ya que indica que la lectura era conocida y copiada en diversas regiones.

Criterios Intrínsecos:

- Lectura Más Difícil: Se prefiere la lectura que parece más difícil o poco común, ya que los copistas tienden a simplificar o corregir el texto, no a complicarlo.

- Lectura Más Corta: Si existen varias variantes y una es más breve, se considera que es más probable que sea la original, ya que los copistas tienden a agregar palabras o frases.

- Coherencia con el Contexto: La lectura que encaja mejor con el contexto del pasaje, el estilo del autor, el vocabulario y el pensamiento teológico general es preferida.

- Explicación de Variantes Posteriores: Se valora una variante que puede explicar el origen de otras variantes en lugar de ser el resultado de correcciones posteriores.

La lectura más preferible es aquella que cumple tanto con los criterios extrínsecos como con los intrínsecos. En la actualidad, el proceso de determinar el texto del Nuevo Testamento suele ser llevado a cabo por comités de expertos, lo que aumenta la confianza en la precisión de las decisiones tomadas. Esto asegura que la edición crítica del Nuevo Testamento se base en una evaluación cuidadosa de las variantes para acercarse lo más posible al texto original.

Conozcamos ahora tres ejemplos concretos y sencillos de la labor “crítica textual” Que sirven de ilustración a lo expuesto teóricamente en los párrafos anteriores. Los tomamos de H. Zimmermann, Los métodos histórico-críticos en el Nuevo Testamento (BAC, Madrid, 1969, pp. 55ss), referidos al texto de Gálatas.

1. Gálatas 5:21:

En este fragmento, nos adentramos en una variante textual que involucra las palabras “fqo,noi” (traducidas como envidias) y “fo,noi” (que significa asesinatos). La presencia de “asesinatos” se respalda en manuscritos como A, C, D, G, K, L y N, además de algunas versiones latinas. Sin embargo, P46, ℵ (el Códice Sinaítico), B, 33 y 81, junto con las citas de Ireneo y Orígenes, carecen de esta variante. En vista de que “asesinatos” no aparece en los mejores manuscritos y parece haber sido influenciada por una lectura paralela en Romanos 1:29, la decisión más probable es que se trate de una adición posterior. Por lo tanto, concluimos que “asesinatos” no forma parte del texto original de Gálatas.

2. Gálatas 6:10:

En este versículo, nos enfrentamos a una variante relacionada con la expresión “mientras tengamos”. Algunos manuscritos, como ℵ (Códice Sinaítico), B*, 6, 33 y otros, utilizan “w`j… e;cwmen” en subjuntivo, que se traduce como “mientras tengamos” y sugiere una referencia a un tiempo futuro. En contraste, manuscritos como A, C, D, G, K, I y P, entre otros, emplean “w`j… e;comen” en indicativo, que se traduce como “mientras tenemos” y enfatiza el presente. La discusión se centra en determinar cuál de estas variantes es más probablemente la original. Algunos sostienen que el subjuntivo encaja mejor con el contexto, mientras que otros prefieren el indicativo debido a su dificultad, lo que lo haría más probable. Aunque la decisión es desafiante, es importante destacar que la variante en subjuntivo está respaldada por manuscritos de alta calidad.

3. Gálatas 6:18:

En este versículo, se presentan varias variantes que afectan la frase “de Jesús” o “de Cristo”. Algunos manuscritos, como P46, ℵ (Códice Sinaítico), B, A, C*, 33, 629 y una versión latina del siglo IX, usan “Ihsou/ v” (de Jesús). Otros, como P, 81, 365 y Marción, un hereje, optan por “Cristou/” (de Cristo). Existen manuscritos como C, D, K, L que presentan “Kuri,ou vIhsou/” (del Señor Jesús). Además, algunos manuscritos, como ℵ (Códice Sinaítico) y A, junto con ciertos manuscritos latinos, utilizan “Kuri,ou vIhsou Cristou/” (del Señor Jesucristo). Por último, D y G proponen “Kuri,ou h`mw/n VIhsou/ Cristou/” (de nuestro Señor Jesucristo). La variante “de Jesús” probablemente sea la original, ya que cuenta con el respaldo de manuscritos de alta calidad y es la opción más difícil de explicar cómo dio lugar a otras variantes. También se destaca que esta variante es más breve, lo que concuerda con la regla que sugiere preferir la lectura más breve.

Estos ejemplos ilustran cómo se aplican los criterios de la crítica textual para analizar y determinar las variantes en los pasajes del Nuevo Testamento. La decisión sobre la lectura original a menudo implica un análisis meticuloso de factores extrínsecos e intrínsecos para llegar a una conclusión respaldada por evidencia sólida.

¿Tenemos un texto lo más fidedigno al que escribieron los primeros autores del Nuevo Testamento?

En este apartado, nos adentraremos en la pregunta de si poseemos un texto del Nuevo Testamento que sea idéntico o al menos muy similar al que los autores originales escribieron. Hemos desglosado previamente el meticuloso proceso de reconstrucción textual seguido por los críticos modernos, y ello, sin duda, refuerza la fiabilidad del Nuevo Testamento que circula en la actualidad. Está respaldado por un sólido sistema técnico y eso nos brinda una notable confianza.

Sin embargo, debemos abordar una cuestión importante: ¿han llegado a reconstruir de forma exacta el texto que salió de las manos de los autores antiguos? La respuesta es matizada: lo han hecho en gran parte, pero raramente al cien por cien. Más bien, han alcanzado un texto que se “acerca al original”. En otras palabras, a medida que retrocedemos en el tiempo, la crítica textual logra restituir un texto que se aproxima lo más posible al “autógrafo” original. Aunque a veces, la distancia en términos temporales podría ser de unas pocas décadas, ya que refleja el lapso entre la fecha de composición y el manuscrito más antiguo que presenta el texto de la obra en cuestión.

Un descubrimiento adicional que respalda la solidez de nuestro texto del Nuevo Testamento es el P52, al que ya hemos aludido. Este fragmento comprende Juan 18:31-33,37-38. Los expertos en papirología concuerdan en que se escribió alrededor del 125-130 d.C., es decir, en un plazo de tres décadas tras la redacción del Evangelio de Juan. El texto en el P52 se asemeja considerablemente a la versión reconstruida mediante los rigurosos métodos científicos que hemos analizado previamente. Aquí vemos una marcada concordancia. Esto arroja luz sobre lo infundadas que resultan ciertas afirmaciones contemporáneas, como las que se plantean en “El código da Vinci”, donde se sostiene que los Evangelios fueron completamente reescritos, reelaborados y manipulados en el siglo IV, tras la supuesta “conversión” de Constantino. Según esta extravagante teoría, la Iglesia, de acuerdo con las autoridades civiles, habría manipulado los textos para transformar a Jesús (un ser humano según los antiguos evangelios conservados hasta ese momento) en un dios, con el fin de proporcionar al Imperio una única divinidad en la que creer, que serviría como un aglutinante religioso para las diversas poblaciones de las provincias imperiales. Sin embargo, es crucial destacar que tal afirmación carece completamente de fundamento.

A pesar de todos los esfuerzos meticulosos en la ciencia filológica, persisten ciertas incertidumbres en relación con el texto reconstruido del Nuevo Testamento. Estas dudas emanan de dos fuentes principales. La primera inquietud se relaciona con el conocimiento de que en el siglo II, se llevaron a cabo correcciones “ortodoxas” en el texto del Nuevo Testamento. Estas correcciones, realizadas en una época temprana, se incorporaron en prácticamente todos los manuscritos del Nuevo Testamento. Estas enmiendas son mucho más numerosas de lo que se podría imaginar y abordan cuestiones de suma importancia, como el nacimiento de Jesús, su agonía en el Huerto de Getsemaní, la institución de la eucaristía, la muerte de Jesús y su clamor desesperado ante lo que parecía ser el abandono del Padre, así como la resurrección y ascensión. La pregunta que surge es cómo detectar estas enmiendas, aunque afortunadamente estas correcciones han dejado rastros discernibles en la tradición manuscrita. Esto implica que, en última instancia, es posible reconstruir el original, como se explicará a continuación.

El segundo problema se relaciona con una oleada de “aticismo” en el mismo siglo II, que representa un deseo purista de ajustar todos los textos escritos en griego a las demandas de la pureza del dialecto del Ática, que era la base del griego hablado en esa época. Esta ola de puritanismo lingüístico afectó, según algunas perspectivas, a casi todos los manuscritos del Nuevo Testamento. Dado que la mayoría de los testigos sobrevivientes datan de después de ese período, muchos de ellos están “contaminados” por estas correcciones, lo que dificulta su detección.

Ambos desafíos son legítimos. El segundo, aunque real, afecta en su mayoría a un nivel superficial del texto que no altera su esencia. A pesar de que algunas enmiendas puedan ser indetectables, otras han sido identificadas y eliminadas. La impresión general es que la esencia de los textos del Nuevo Testamento no ha sido en gran medida alterada por este celo en la corrección lingüística. Pruebas de esto se pueden encontrar en el Evangelio de Marcos y el Apocalipsis, que mantienen un lenguaje sencillo y en ocasiones repleto de barbarismos, y que no ha sido sometido a una intensa revisión.

El primer problema, por otro lado, es más significativo. Pero afortunadamente, las correcciones han dejado rastros en forma de variantes, lo que hace posible su identificación, análisis y posterior reconstrucción del texto original. Se han identificado ciertos pasajes cruciales, como Lc 2,33; 3,22; 22,19-29; 22,43-44; 24,51-52, Mc 1,1; 12,26, Jn 1,18; Heb 2,9; 2 Pe 1,1, donde las lecturas ortodoxas se enfrentan a las herejías de la época. La buena noticia es que las investigaciones pertinentes han permitido restablecer las lecturas más antiguas y, precisamente, las más difíciles, las cuales estuvieron sujetas a confusiones doctrinales. Por tanto, en estos pasajes también podemos tener confianza de que el texto impreso en la actualidad se acerca tanto como sea posible a los “autógrafos” originales.

Otro desafío significativo en relación con el texto impreso del Nuevo Testamento es más de naturaleza teológica que histórica, como se mencionó previamente. Este problema radica en que la Iglesia nunca ha definido, ni siquiera en el Concilio de Trento, cuál es la expresión precisa y literal del texto inspirado por el Espíritu Santo. Entre las más de 200,000 variantes sustanciales en el Nuevo Testamento, ¿cuáles representan el texto original? Un hecho curioso, desde una perspectiva universal (católica/cristiana/evangelica), es que la edición más ampliamente utilizada en la actualidad, que sirve de base para aproximadamente el 95% de las traducciones a lenguas modernas, se produce en Alemania, en el Instituto de Münster dedicado a la crítica textual del Nuevo Testamento. Además, este texto experimenta cambios (no significativos, pero cambia) de una edición a otra. Entre la edición 25ª y la 27ª, por ejemplo, se pueden encontrar unas treinta diferencias en las apretadas páginas del texto. ¿Cómo debemos interpretar este hecho?

Para la mayoría de los creyentes y sus guías espirituales, la inestabilidad textual, la falta de certeza sobre cuál es exactamente el texto sagrado, no representa un problema significativo. Se argumenta que lo esencial no es un texto “inmutable”, sino la palabra y la presencia viva de Jesús, que reside en el seno de su Iglesia y en el corazón de los fieles. Se sostiene que las líneas generales son claras y que los detalles no son críticos. Sin embargo, para una minoría y para quienes no comparten estas creencias, la incapacidad de la Iglesia, debido a la naturaleza misma de las cosas y el avance de las técnicas de edición, para definir con precisión el texto sagrado es un asunto teológico aún sin resolver. A pesar de que se afirme que la Iglesia no depende únicamente de la letra impresa, sino de la “palabra viva”, es innegable que la Iglesia recurre continuamente a un texto escrito. No conocer con certeza cuál es el tenor de este texto escrito, que se considera inspirado, sigue siendo un problema teológico sin una solución definitiva.

¿PODEMOS FIARNOS DE LAS TRADUCCIONES QUE HAY EN EL MERCADO? ¿MANIPULAN LAS IGLESIAS LAS TRADUCCIONES?

La confiabilidad de las traducciones del Nuevo Testamento es una preocupación que afecta a muchos lectores que no tienen conocimiento del griego y dependen de las versiones modernas. En líneas generales, no podemos confiar al cien por cien en estas traducciones, y debemos ser especialmente cuidadosos en los pasajes que han sido motivo de disputas entre diferentes confesiones cristianas. Si nos enfrentamos a pasajes difíciles, lo mejor es consultar varias versiones del Nuevo Testamento y, si es posible, buscar “comentarios confiables” sobre el texto. Puedes encontrar una lista de varias versiones modernas de la Biblia en la Bibliografía.

A pesar de estas precauciones, es importante recordar que las traducciones del Nuevo Testamento son un esfuerzo colectivo y pasan por rigurosos procesos de revisión. Esto, junto con la existencia de traducciones “interconfesionales hechas por expertos de diversas iglesias, ha llevado a que las traducciones sean cada vez más similares”(atención a lo anterior), con diferencias principalmente en el estilo y el tono literario.

Sin embargo, las diferencias de interpretación del texto pueden ser significativas y afectar a cuestiones teológicas fundamentales. Por ejemplo, las traducciones de la institución de la eucaristía pueden ser similares en el texto base, pero las interpretaciones sobre si la presencia de Jesús en las especies eucarísticas es simbólica o real siguen siendo divergentes entre protestantes y católicos. Pasajes como el primado de Pedro (Mateo 16:16) presentan un texto base griego prácticamente idéntico en todas las traducciones, pero las interpretaciones varían, lo que tiene implicaciones teológicas y eclesiásticas.

Hoy en día, los lectores tienen todo el derecho a acceder a traducciones precisas y rigurosas del texto griego del Nuevo Testamento, incluso cuando se trata de pasajes oscuros o complejos. Estas traducciones deben estar libres de sesgos confesionales. Para acomodar las distintas interpretaciones de las diferentes confesiones religiosas, es común encontrar notas a pie de página en las versiones modernas, y esto se hace más evidente en las traducciones católicas, como la Biblia de Jerusalén, que ofrece explicaciones claras sobre las interpretaciones ortodoxas de pasajes controvertidos. En resumen, la abundancia de notas de pie de página en algunas versiones permite a cada confesión religiosa presentar sus propias perspectivas sin necesidad de manipular el texto original o su traducción.

Sin embargo, a pesar de estas consideraciones, es importante destacar “que sí existen casos de manipulación” en algunas versiones modernas del Nuevo Testamento, y a continuación mencionaré algunos ejemplos.

En el ámbito anglosajón, se ha observado una tendencia reciente hacia la creación de traducciones “políticamente correctas” del Nuevo Testamento. Esto implica eliminar posibles sesgos de discriminación sexual, racial, o incluso evitar manifestaciones de antisemitismo en ciertos pasajes.

Estas llamadas “traducciones con lenguaje inclusivo” buscan ajustar los textos sagrados a las normas contemporáneas, evitando términos como “Padre” para referirse a Dios o suavizando críticas hacia las mujeres, como ocurre en Proverbios 30-31. También intentan disminuir la exaltación del género masculino, que era común en la época en que se escribieron estos textos, casi todos desde una perspectiva masculina. Además, en pasajes que originalmente eran antijudíos, como en el Evangelio de Juan, se suele cambiar la expresión “los judíos” por “los dirigentes del pueblo”. Sin embargo, estas modificaciones alteran la intención original del autor al escribir sus obras.

Un segundo ejemplo se refiere a la traducción de Mateo 1,25. El texto griego original dice: “Y [José] no la conoció [es decir, no tuvo relaciones sexuales con María] hasta que [en griego héôs hoû] dio a luz un hijo”. En una lectura normal, y de acuerdo con la mayoría de las creencias de la Iglesia primitiva hasta el siglo II, este pasaje implica que, después del nacimiento de Jesús, José y María tuvieron una vida marital normal y tuvieron otros hijos e hijas (Mateo 12,47 / Marcos 3,32; 6,3). Sin embargo, este texto entra en conflicto directo con el dogma posterior de la perpetua virginidad de María y solo defiende la virginidad previa al nacimiento de Jesús. Los protestantes, en general, admiten la existencia de hermanos y hermanas físicos de Jesús, como hijos normales de María y José.

Sin embargo, algunas versiones al castellano han modificado Mateo 1,25 de la siguiente manera: “Y sin haberla conocido, dio a luz un hijo…” (Biblia de Jerusalén, 1967) o “Sin haber tenido relaciones…” (Biblia de Ediciones Paulinas, 1998). Estas traducciones parecen forzar el texto griego original, lo cual no habría sido necesario si no existiera un interés dogmático previo. La versión corregida se basa en la suposición de que, aunque el evangelista escribía en griego, estaba pensando en arameo, y que detrás del griego héôs hoû (“hasta que”) se esconde un supuesto arameo traducible también como “hasta que”. Esto prescinde de lo que ocurrió después del primer parto y da al pasaje el significado propuesto en la versión corregida. Sin embargo, esta suposición no está respaldada de manera concluyente, por lo que habría sido más adecuado traducir el pasaje tal como está y agregar una nota aclaratoria que proporcionara una explicación si se considerara necesaria.

Otro ejemplo de manipulación textual se relaciona con los pasajes que mencionan a los “hermanos” de Jesús (Mateo 12,47 / Marcos 3,32; 6,3). En estos casos, el término “hermano” a menudo se traduce como “pariente” y se aclara, generalmente en una nota, que se refiere a “primos”. Esta traducción carece de justificación, ya que el griego distingue claramente entre “hermano uterino” (adelphós, utilizado en los textos evangélicos) y “primo” (anepsiós), que no está presente en estos pasajes.

La elección consciente de traducir las variantes más ortodoxas en los pasajes citados anteriormente, en lugar de las variantes más antiguas preferidas por la crítica textual moderna, sugiere una cierta manipulación de las traducciones modernas para que se ajusten a la línea oficial del pensamiento teológico. Sin embargo, es importante destacar que estos casos son infrecuentes, aunque deberían eliminarse por completo para restaurar una confianza absoluta de que los traductores no se ven influenciados por la mentalidad de su confesión religiosa previa. Existen otros casos en los que las traducciones al español pueden no contener manipulación, sino que simplemente son deficientes o mejorables. En general, en cualquier pasaje que se estudie detenidamente, es recomendable consultar varias traducciones.

A continuación, algunos ejemplos de pasajes susceptibles de mejora:

- Colosenses 2,20: El texto griego menciona literalmente los “elementos del mundo” y se refiere a los “Principados y Potestades”, que son seres angélicos que según algunas creencias judías transmitieron la ley de Moisés a los humanos. La traducción de Bover-Cantera en este pasaje (y en otros) es “los rudimentos del mundo”, una expresión con poco sentido y difícil de comprender.

- Gálatas 5,12: La versión de la Biblia de Jerusalén dice: “¡Ojalá se mutilaran los que os perturban”. Una traducción más clara sería: “Ojalá se castraran los que os perturban” o, en todo caso, “Ojalá se corten (no solo el prepucio/circuncisión) el pene quienes os perturban”. De esta manera, se entiende mejor lo que los lectores de Pablo debieron haber entendido en su época.

- Gálatas 2,14: La versión de O’Callaghan-Bover (Nuevo Testamento trilingüe) traduce la palabra griega “orthopodoûsin” como “que no andaba a las derechas”. Lo correcto sería “a derechas” o “rectamente”.

En ocasiones, el griego puede plantear dificultades en la traducción, lo que resulta en variaciones significativas entre distintas versiones en español. Por lo tanto, es fundamental la idea de consultar varias versiones al castellano.

Un ejemplo ilustrativo es el versículo 6 de la Carta a Filemón, en apariencia sencillo pero con traducciones diversas:

- “Ojalá esta fe sea tan activa que te ilumine plenamente sobre todo el bien que está en tu poder hacer por Cristo” (Biblia de la Editorial San Pablo, 1977).

- “Pido a Dios que la solidaridad propia de tu fe se active al comprender que todos los bienes que tenemos son para Cristo” (Nueva Biblia Española, de Alonso Schökel y Mateos, 1993).

- “A fin de que tu participación en la fe se haga eficiente mediante el conocimiento perfecto de todo el bien que hay en nosotros en orden a Cristo” (Biblia de Jerusalén, 1967).

- “Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (Edición de la sociedad "Gedeones Internacionales”, Madrid, 1998).

- “Que la comunicación de tu fe venga a ser eficaz, en orden a Cristo, en el conocimiento de todo el bien que haya en vosotros” (Nacar-Colunga, 1976).

- “Para que la generosidad de tu fe se haga eficaz en el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros con miras a Cristo” (Bover-Cantera, BAC, Madrid, 1951).

- “[Pidiendo] que tu participación en la fe sea activa en [el] conocimiento de todo el bien [que hay] en nosotros para [gloria de] Cristo” (Cantera-Iglesias, BAC, Madrid, 1975).

Estas variaciones subrayan la importancia de consultar diferentes traducciones para obtener una comprensión más completa de los pasajes bíblicos. La diversidad de traducciones que se encuentran en el mercado puede proporcionar una cierta tranquilidad al lector, ya que sugiere que la Iglesia no puede controlar, en general, las versiones del Nuevo Testamento. Como conclusión de este apartado, es justo tranquilizar a los lectores del Nuevo Testamento, en su gran mayoría no versados en griego, al afirmar que las traducciones modernas de hoy suelen ser fiables en la mayoría de los casos. Además, estas traducciones están sometidas a un mayor escrutinio y control. No obstante, siempre es aconsejable tener varias Biblias a disposición y contrastar las versiones. si se desea realizar un estudio serio de un pasaje del Nuevo Testamento, "dominar correctamente el griego".