«Epístolas»

Universales

Capítulo 22. EPISTOLAS CATÓLICAS. PRIMERA CARTA DE PEDRO

Esta obra se autodenomina redactada por el apóstol Pedro, pero un análisis de su teología sugiere otra impresión: parece estar más en sintonía con la teología de Pablo. Por consiguiente, su autoría es objeto de un intenso debate entre los investigadores, quienes no logran ponerse de acuerdo sobre quién la escribió. Cada vez más, sin embargo, gana terreno la hipótesis de que este escrito también es una composición pseudónima tardía, redactada hacia el final del período del Nuevo Testamento. De cualquier manera, tanto esta carta como 2 Pedro subrayan la trascendencia histórica de Pedro en el contexto del Nuevo Testamento.

1. Qué significa la designación «Epístolas católicas»

La Carta Primera de Pedro forma parte de un grupo de siete epístolas conocidas como "católicas". Este conjunto incluye las tres cartas de Juan, Santiago, 1 y 2 Pedro, y Judas. El término "católicas" es de antigua data, quizás del siglo III, y no está relacionado con la disputa entre protestantes y católicos. Su significado etimológico en griego es "universal". La Iglesia primitiva consideraba que estas siete cartas estaban dirigidas a la Iglesia en su totalidad, y no a comunidades o individuos específicos. En las antiguas listas del canon, estas epístolas solían aparecer después de los Evangelios y los Hechos, es decir, antes del corpus paulino, ya que se creía que sus autores, apóstoles cercanos a Jesús, tenían mayor autoridad que Pablo.

Sin embargo, al examinar más de cerca los destinatarios de estas siete epístolas "universales", se observa que 2 y 3 Juan están dirigidas a comunidades muy específicas, al igual que 1 Pedro. Por lo tanto, propiamente hablando, solo las cuatro restantes podrían considerarse "católicas". Muchos estudiosos sugieren que el grupo de epístolas "católicas" debería ampliarse para incluir las Pastorales, ya que, a pesar de pertenecer al corpus paulino, comparten una atmósfera teológica más similar a las cartas de Judas y 1 y 2 Pedro. Por esta razón, a veces se las estudia en conjunto bajo la categoría de "catolicismo naciente" o "protocatolicismo", haciendo referencia a textos que muestran características que más tarde distinguirán a la Iglesia católica de las confesiones protestantes. Abordaremos esta importante cuestión al finalizar el estudio del conjunto de las cartas católicas, incluyendo 2 Pedro.

2. La Epístola primera de Pedro es más bien un tratado que una carta

Aunque tiene la estructura de una carta, en realidad se trata de un tratado o una homilía. Por ejemplo, en 2,1-3, la expresión "como niños recién nacidos..." se comprende mejor como una alusión en una homilía bautismal dirigida a los recién bautizados. De manera similar, en 1,4 se menciona: "Reengendrados a una esperanza viva", lo que sugiere una audiencia cristiana de origen pagano. La obra claramente se dirige a lectores que anteriormente practicaban el paganismo, como se indica en 1,14: "No os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia...". Las regiones enumeradas al inicio podrían referirse tanto a provincias del Imperio como a regiones geográficas de Asia Menor, es decir, la actual Turquía. Estas áreas, en general, fueron el foco de la evangelización paulina.

3. Intereses teológicos

* Hemos sido redimidos por el sacrificio de Cristo. Los versículos 1,2, 1,18 y 2,22-25, de acuerdo con la teología paulina, hacen referencia al rescate humano mediante el sacrificio de Cristo, el Cordero sin mancha (Juan 1,29). La idea teológica subyacente es que la verdadera Pascua es la muerte de Cristo; ya no es necesario celebrar otras Pascuas (Hebreos 9,12; también se expresa claramente en 1 Pedro 3,18). 1 Pedro alude a los cánticos del Siervo sufriente de Yahvé en Isaías 53,4-11, interpretándolo como Jesús y no como el pueblo de Israel, como lo entendían e interpretaban los judíos. Este pasaje es crucial, ya que marca la primera equiparación completa de Jesús con el Siervo misterioso de Yahvé en la teología cristiana (antes se había insinuado de manera difusa en Hechos 3,13 y de manera más clara en Romanos 4,25). A partir de este punto, la pasión de Jesús se entenderá como el cumplimiento de la profecía de Isaías.

* Después de la salvación por Cristo (1,2-2,25), la vida del cristiano se convierte en un peregrinaje; se transita por esta tierra hacia el más allá. Al llamarse "extranjeros" o "peregrinos" (1,1), se sugiere que los cristianos tienen su verdadera patria en el cielo. En la "diáspora", es decir, en el mundo, como los judíos fuera de Israel, se afirma que los cristianos ahora son el verdadero Israel (también se confirma en 2,9-10, donde se describe el paso de los convertidos cristianos de "no pueblo" a "pueblo de Dios").

* La entrada a la salvación en Cristo fue el bautismo. En 2,4-9 se declara que el bautismo convierte al cristiano en una parte vital ("piedra viva") del edificio de la Iglesia, cuya piedra angular es Cristo. El bautizado se convierte en parte de un pueblo sacerdotal (v. 5, con una clara referencia a Éxodo 19,5-6). El bautismo representa un movimiento "de las tinieblas a la luz" (v. 9). Los que antes no formaban parte del pueblo de Dios (los paganos) ahora son un pueblo elegido (alusión a Oseas 1,6-9 y 2,3, siguiendo el esquema de "profecía - promesa / cumplimiento"). El bautismo es prefigurado por el episodio del arca de Noé (Génesis 7,7), en el que ocho personas fueron salvadas del diluvio. Ahora, el agua del bautismo es el medio de salvación (3,20-22). Aquellos familiarizados con la teología de Hebreos reconocerán que con la idea de "la Iglesia como edificio y el nuevo Israel como pueblo sacerdotal", el autor de 1 Pedro ofrece una solución al problema de la desaparición del templo de Jerusalén, que ya no es necesario.

* Este peregrinaje puede estar marcado por persecuciones. El versículo 1,6 indica que la alegría derivada del bautismo (es decir, la incorporación al pueblo de Dios, mencionada en 1,1, que "vive en la diáspora") viene acompañada de las molestias de sufrir "durante un poco de tiempo". Se presenta la idea de la necesidad del sufrimiento (cf. también 1,11), enfatizada en el Evangelio de Marcos, así como la noción de que Dios corrige a quienes ama (Hebreos 12,5) para conducirlos hacia la gloria. Sin embargo, estos sufrimientos son insignificantes en comparación con la duración de la herencia futura. Por lo tanto, se aconseja mantener una actitud positiva ("Rebosáis de alegría": igual en 4,13), aunque se enfrenten aflicciones o persecuciones.

* En 4,13-19, el autor ofrece consuelo y orientación para sobrellevar una persecución que parece ser común en las regiones a las que se dirige la carta: se considera una prueba (4,12) ordinaria de Dios y una participación en los sufrimientos de Cristo (4,13). La situación de sufrimiento y persecución es una oportunidad para renovar el sentido escatológico. Aunque no hay una sección especial dedicada a la escatología en este tratado, se menciona en múltiples ocasiones (2,12; 4,5-7; 4,13,17; 5,8). Los tiempos en los que el autor y sus lectores viven (1,5: "En el último momento"; el tema del "fin está cerca" también se menciona especialmente en 1 Juan 2,18) son tiempos finales. Las persecuciones son el inicio del juicio (¿final?) que comienza "por la casa de Dios" = la Iglesia. "Los que no creen en el evangelio de Dios" sufrirán castigos terribles (4,17).

Hay una necesidad de normas éticas para mantener la comunidad cristiana. 2,11-12 indica que es necesario un comportamiento ejemplar por parte de los recién bautizados (el buen comportamiento surge espontáneamente de la nueva situación) para evitar la calumnia del mundo exterior: "Os afrentan como malhechores" (2,12). La ética en 1 Pedro se caracteriza ante todo por dos aspectos: sumisión y humildad. La sumisión es requerida ante las autoridades civiles (2,13-17), ya que el autor considera que todo poder procede de Dios, como se expresa en Romanos 13,1. La sumisión también se requiere de las mujeres (3,1-7: hacia sus esposos; estos, a su vez, deben ser comprensivos con sus esposas y rendirles el honor debido), los jóvenes (5,5-10) y los esclavos (2,18-20; aunque la carta no contiene una sección correspondiente sobre los amos). Al igual que en otros lugares del Nuevo Testamento, el autor no cuestiona la institución de la esclavitud. La cohesión de la comunidad requiere humildad (3,8-12).

4. ¿Cómo podemos imaginarnos la composición de 1 Pedro?

La primera parte (hasta 4,11) de este tratado se caracteriza por menciones claras al bautismo y también por considerar las persecuciones como algo muy posible pero aún no presente. La segunda parte (desde 4,12), por el contrario, supone una situación actual de persecución. Da toda la impresión de que el autor tuvo a su disposición para la primera parte una especie de homilía bautismal compuesta por él mismo. Luego, al modo de Hebreos, puso por escrito esta homilía, la reelaboró y la amplió con listas de deberes referidos a cristianos que llevaban mucho tiempo siendo tales: toda la sección desde 2,11 a 3,12.

Con ello, la base homilética perdió el carácter de composición para un acto litúrgico concreto y ganó en tono general: pasó de una exhortación típica del momento del bautismo a una exhortación general donde se recuerda el bautismo recibido hace tiempo. El autor le dio además la forma de carta mediante unos saludos al principio y al final, y por la típica bendición de 1,3ss. Así, su trabajo podía llegar a más comunidades.

Por último, el mismo autor, en un momento en el que las circunstancias de su comunidad propia habían cambiado —hay una persecución real o afectiva / psicológica (cf. más abajo) que afecta también a miembros de otras comunidades— exhorta a la paciencia y recuerda el premio que está cerca de conseguirse (segunda parte: 4,11-5,11).

5. ¿Quién escribió 1 Pedro?

La "carta" se presenta a sí misma como compuesta por Pedro, el príncipe de los apóstoles, y desde la ciudad en la que, según la tradición, ejerció su última actividad apostólica, Roma (= Babilonia: 5,13, designación típica judía de la capital del Imperio después de la Gran Guerra). Sin embargo, ¿es verosímil esta atribución? Hay algunas razones que nos hacen dudar:

* En primer lugar, la "carta" da la impresión de conocer de algún modo la teología paulina, por lo que supone un tiempo ya avanzado en el desarrollo de la cristiandad.

* En segundo lugar, la "carta" presupone una persecución general, o al menos en toda la zona de Asia Menor. Según nuestros conocimientos, ésta no se produjo hasta el siglo III. En tiempos de Nerón, momento en el que, según la tradición, murió Pedro y desde donde escribe su carta (5,13), no hubo más que una persecución local en Roma. Basándose sobre todo en 4,1-6 se ha sugerido que gran parte de la persecución de los cristianos de la que se habla, sobre todo a partir de 4,12, es más psicológica o afectiva que real: al abandonar su antigua vida se sienten alienados, extraños en su entorno. Dejan de participar en los antiguos cultos y sobre todo en el del Emperador. Los paganos empezarían a hablar mal de ellos, difamarían su nueva conducta (3,16), los insultarían (4,4) y los dejarían de lado a causa de su fe en Cristo (4,14).

* En tercer lugar, no se ve en 1 Pe ninguna de las características que podríamos esperar del pensamiento teológico de Pedro. No muestra el autor un conocimiento directo de la vida, doctrina y pasión de Jesús. Tenemos, además, la impresión de que en los momentos en los que se escribió este tratado el gran problema de la admisión de los gentiles en el cristianismo o la cuestión de la Ley como camino de salvación no se planteaba ya. Son temas superados que no suscitan polémica. Esta situación se corresponde muy poco con lo que deberíamos esperar de los tiempos de Pedro.

* En cuarto lugar, la "carta" cita las Escrituras por la traducción de los LXX, y está compuesta en un griego elegante. Sobre todo lo primero no es propio de un humilde pescador de Galilea, quien citaría un texto hebreo. Se afirma que estas últimas circunstancias podrían explicarse del modo siguiente: Pedro utilizó un secretario que conocía bien el griego. El escrito mismo dice que fue compuesto "por medio de Silvano" (5,12). Es decir, este secretario debería entenderse en sentido muy amplio, como alguien que proporcionó al escrito no sólo su forma exterior sino algunas ideas que "suenan" a Pablo, de quien antes había sido colaborador. Pero incluso en este caso no podríamos llegar a saber qué corresponde exactamente a Pedro en este escrito y qué al secretario, pues éste habría aportado ideas propias.

* Quinto: los "presbíteros" (ancianos) de 5,1 son ya un cargo fijo en la Iglesia que reciben una paga (v. 2). Esta situación se corresponde mal con los primeros tiempos del cristianismo.

Por todas estas razones es sensato dudar al menos de la autoría de Pedro. Más bien el escrito tiene todas las probabilidades de ser conscientemente pseudónimo.

Estas últimas cartas del Nuevo Testamento están puestas bajo los nombres de personajes de los primerísimos tiempos: dos miembros de la familia de Jesús (Santiago y Judas), dos de los más importantes de los Doce (Pedro y Juan). Todos ellos fueron testigos de la vida de Jesús sobre la tierra. El fingido autor de 1 Pe pretende que las ideas que expone sean recibidas como procedentes de una autoridad de los primeros tiempos del grupo cristiano.

El que junto a Pedro aparezcan dos antiguos colaboradores de Pablo (Silas/Silvano y Marcos: 5,12-13) y que percibamos en la carta ciertos toques de teología paulina puede apuntar al mismo deseo de mostrar la unidad de la Iglesia que habíamos observado en los Hechos. En esta obra vimos cómo su autor se esforzaba por presentar un panorama de concordia entre los apóstoles. Pedro es el que inicia la misión a los paganos, no Pablo (cap. 10), y en los Hechos no aparece ninguna disputa entre Pedro y Pablo tal como se encuentra en Gálatas. El autor de 1 Pe está animado del mismo espíritu de concordia y unidad.

6. ¿Dónde y cuándo se escribió?

La carta contiene saludos "desde Babilonia", es decir, Roma. No hay razones sólidas para dudar de esta afirmación. Además, sabemos por la Primera Epístola de Clemente (compuesta en Roma hacia el 96) que esta Iglesia, dotada de una autoridad indudable, se atrevía ya a dar orientaciones y consejos a la de Corinto. Por tanto, no es inverosímil que 1 Pe presuponga una situación semejante: la Iglesia de Roma, a cuya cabeza está Pedro, exhorta a las iglesias de Asia Menor a ser firmes en el sufrimiento, en especial en época de persecución, y les recuerda que el final está cerca y que el premio es generoso.

Si esto fuera así, tendríamos en esta carta manifestado por vez primera el empeño de la comunidad romana de considerar a Pedro "su" apóstol, pretensión que se abriría camino más adelante en la tradición que presenta a Pedro como primer obispo de Roma. Así se explica también por qué el autor utilizó el procedimiento de la pseudoepigrafía (Koester, 822).

Respecto al cuándo cabe decir: esta carta aparece citada por otros escritos del siglo II como 2 Pe 3,1 y Policarpo de Esmirna en su Carta a los filipenses (1,3; 8,1; 10,2). Por tanto hay que colocarla antes de la composición de estas obras: por lo menos antes de principios del siglo II. 1 Pedro muestra una Iglesia con presbíteros que reciben una paga (5,2), pero en la que también hay carismas (4,10), es decir, un fuerte movimiento espiritual. Esto se corresponde bien con el último tercio del siglo I como en cartas anteriores. Como no sabemos nada de persecuciones generales de la Iglesia a finales del siglo I (la de Domiciano es muy discutida y la de Trajano/Plinio hacia 110 en Bitinia fue local) no podemos precisar el momento de la composición de 1 Pedro, pero una fecha en torno al final del siglo I parece plausible.