«Epístola a los»

Hebreos

Capítulo 20. EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Este escrito es verdaderamente enigmático. Ha sido descrito como un documento que "comienza como un tratado, continúa como un sermón y termina como una carta". Considerado como una de las obras más impresionantes del Nuevo Testamento, se ha destacado que "es un texto de tal categoría que se hizo por sí mismo un hueco en el canon del Nuevo Testamento". Aunque no es de origen paulino, esta "carta" presenta una notable riqueza de ideas teológicas.

A pesar de su no atribución a Pablo, la Iglesia primitiva la incluyó en la lista de cartas del Apóstol, lo que la ha vinculado con los escritos que componen el legado de los discípulos de Pablo. Además, el autor mismo, mediante algunas de sus ideas y el cierre a modo de carta (refiriéndose a Timoteo como "hermano" en 13,22), intenta de alguna manera inscribirse en la tradición de Pablo.

1. Claves de lectura de Hebreos. ¿Qué sistema emplea el autor para dar cuerpo a su teología?

* La forma utilizada en Hebreos es aparentemente la de una carta, pero en realidad no lo es; más bien se trata de una homilía o discurso destinado inicialmente a ser leído en voz alta ante una audiencia de creyentes. Se evidencia su naturaleza de sermón por algunas expresiones del autor, como "Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero del cual estamos hablando" (2,5); "Tenemos mucho que decir..." (5,11), entre otras. Además, el autor mismo define su obra como una "exhortación hablada", o literalmente un "discurso de exhortación" (13,22).

Esta homilía probablemente fue posteriormente escrita, posiblemente por el propio autor, y enviada a una o varias iglesias. Esto se sugiere en el pasaje: "Os ruego, hermanos, que aceptéis estas palabras de exhortación, pues os he escrito brevemente" (13,22). Al final de la homilía, el autor, o posiblemente un redactor posterior (aunque menos probable), añade un apéndice que simula ser el final de una carta. En este apéndice se encuentran los típicos últimos consejos, noticias personales, alabanzas finales a Dios y saludos.

* Los razonamientos del autor se fundamentan en dos fuentes principales:

a) La exposición de elementos tradicionales de la doctrina cristiana, como se muestra, por ejemplo, en los enumerados en 6,1.2, donde se mencionan los rudimentos de la fe como el arrepentimiento/conversión, el bautismo, la resurrección, el juicio, la muerte expiatoria de Cristo, entre otros.

b) La selección de pasajes de la sagrada Escritura acompañados de una exégesis y comentario propios. Hebreos busca transmitir al lector un conocimiento más profundo de Cristo y del pueblo cristiano mediante una comprensión más precisa de las Escrituras.

Según el autor, los cristianos pueden ser clasificados como "menores de edad" o como adultos de "conocimiento perfecto" (5,13-14). Los primeros se conforman con los rudimentos de la fe (6,1), mientras que los perfectos avanzan en el conocimiento, alimentándose no solo de leche, sino también de manjares sólidos (5,12). Estos manjares sólidos representan la comprensión real y profunda de Cristo y de la naturaleza del pueblo de Dios.

* Su estilo argumentativo sigue una pauta común en el judaísmo helenístico del siglo I, presuponiendo que los lectores están familiarizados con la Biblia y comprenden cómo interpretarla:

a) El autor interpreta la Escritura no de manera literal o según su contexto histórico, sino de forma alegórica o figurada, siguiendo la tradición de otros judíos de su época, como Filón de Alejandría, aunque no podemos confirmar una influencia directa de este en el autor de Hebreos. Así, sin necesidad de justificación explícita, aplica a Jesús textos bíblicos que originalmente se refieren a otros personajes o situaciones. Por ejemplo, la afirmación de que "los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el sumo sacerdote al santuario para la expiación del pecado son quemados fuera del campamento" (Hebreos 13,11) se interpreta simbólicamente como que Jesús, en su calidad de sumo sacerdote y sacrificio expiatorio, habrá de morir fuera de Jerusalén (Hebreos 13,11-13).

b) La interpretación de la Escritura se basa en dos esquemas fundamentales: el de "promesa" / "cumplimiento" y el de "figura" / "realidad", que son conocidos en la tradición exegética cristiana. La "promesa" se refiere al período pasado de Israel desde Adán y Abrahán, mientras que el "cumplimiento" es su realización en Cristo y la nueva alianza.

Un ejemplo concreto se encuentra en el capítulo 11, donde el autor enumera grandes personajes de Israel en el pasado. Todos ellos tuvieron fe en una redención futura, pero esta redención solo se cumplió con la muerte sacrificial de Jesús, que abrió el camino al cielo. El autor señala que todos estos personajes murieron sin "alcanzar lo prometido, sino viéndolo y saludándolo desde lejos" (Hebreos 11,13). Jesús vino después y fue el cumplimiento de esas promesas. Otro ejemplo de este esquema es el caso de Melquisedec: este personaje es presentado como la figura del verdadero sumo sacerdote, que es Cristo, la realidad detrás de la figura.

c) La argumentación del autor de Hebreos se basa en una perspectiva que refleja el platonismo popularizado. En esta perspectiva, se distingue entre lo que es verdadero o "real" y su "sombra", una distinción entre el mundo celestial, donde residen las ideas verdaderas, y el mundo terrenal, que es solo una sombra de lo celeste. Por ejemplo, el tabernáculo en el desierto donde los israelitas adoraban a Dios se considera simplemente la "sombra" de un tabernáculo celestial, el verdadero, donde Jesús oficia como el sumo sacerdote verdadero (Hebreos 8,5). Este culto celestial es considerado como la realidad, mientras que el culto israelita es solo una sombra de este. Del mismo modo, la primera alianza, representada por la ley de Moisés, se considera una sombra de la verdadera y real alianza representada por Jesús (Hebreos 8,6; 12,24), y la ley de Moisés se ve como una sombra de los bienes futuros, que son la realidad (Hebreos 10,1).

El título "A los hebreos" no es original y probablemente fue añadido tempranamente por un escriba o copista, quien creyó que esta "carta" estaba dirigida a judeocristianos, dado que la obra discute temas relacionados con la validez del culto israelita-judío.

Sin embargo, la identificación de los posibles lectores no es tan simple. Un análisis del texto sugiere que los lectores no se limitan exclusivamente a antiguos judíos. Es poco probable que sean judeocristianos de la comunidad de Jerusalén, ya que en Hebreos se menciona que los destinatarios han sido generosos al ayudar a otros en su pobreza (Hebreos 6,10).

Sin embargo, la comunidad de Jerusalén era conocida por su propia pobreza y necesidad de ayuda externa, como se evidencia en la colecta organizada por Pablo (2 Corintios 8 y 9). Por lo tanto, es más plausible que los destinatarios sean cristianos en general, sin distinción de judíos y ex paganos, que llevan años en la Iglesia.

La referencia a que deberían ser maestros después de tanto tiempo como cristianos (Hebreos 5,12) sugiere una comunidad mixta, en la que probablemente abundan más los antiguos paganos. Esto se refuerza con la exhortación en Hebreos 3,12, que parece ser más adecuada para ex paganos que para antiguos judíos.

Los lectores de la carta enfrentan una difícil situación y pueden estar en riesgo de abandonar su fe. Esta situación puede ser el resultado de persecuciones externas (Hebreos 10,32-34) o de una crisis interna de fe que conduce a la apatía religiosa. El autor se refiere a esta condición de ánimo al llamarlos "tardos de entendimiento" (Hebreos 5,11) e "indolentes" (Hebreos 6,12). Es posible que se sientan desilusionados con lo que el cristianismo les ofrece y anhelen la grandiosidad del culto de su antigua fe judía.

Los miembros judíos de la comunidad pueden estar preocupados y entristecidos por la destrucción del templo de Jerusalén y el cese de los sacrificios a Dios que se llevaban a cabo durante siglos. Ante estas y otras inquietudes similares, el autor alienta a los lectores a no desfallecer en su fe cristiana, que han profesado durante años (Hebreos 5,12), y que contiene la solución a todas sus angustias.

El lector potencial de la carta podría haber experimentado una evolución desde ser un antiguo pagano hasta convertirse en un admirador del judaísmo, luego en un prosélito o convertido al judaísmo, y finalmente, haberse sentido atraído y convertido al cristianismo. Está preocupado por algunas cuestiones de su fe, como la ausencia de los sacrificios en el Templo después de su destrucción.

El autor, a través de su homilía, busca persuadir al lector de que cualquier nostalgia por el judaísmo antiguo no está justificada y de que la ausencia de sacrificios no es un problema para quienes entienden la figura y misión de Jesús. Jesús es superior a todo lo antiguo en Israel y ha instituido una alianza nueva y eficaz en lugar de la vieja y obsoleta. Los antiguos sacrificios han sido reemplazados por el sacrificio único y perpetuo de Cristo. Ahora, veremos cómo el autor desarrolla estas ideas en la práctica.

2. Estructura y contenido

La estructura de la obra ha sido motivo de debate entre los estudiosos, sin llegar a una solución que satisfaga a la mayoría. Sin embargo, una forma sencilla y efectiva de entenderla es considerar que sigue un esquema oratorio básico que se repite varias veces: una combinación ordenada de exposición teológica y exhortación moral. Esta estructura de dos partes se repite cuatro veces (a / a’; b / b’; c / c’; d / d’) porque el autor busca principalmente que sus ideas queden grabadas en la mente de sus oyentes/lectores: su objetivo principal es convencerlos.

Esta preocupación pedagógica explica cierta redundancia en la repetición de ideas. La teología del autor, o más específicamente su cristología, está al servicio de la exhortación moral. Para el autor, no es adecuado animar a un fin sin un fundamento teórico sólido. Por lo tanto, antes de cada llamado a la acción, expone el porqué de manera detallada.

a) El primer desarrollo teológico se centra en la superioridad de Jesús, el hijo de Dios y salvador de los hombres, sobre los ángeles y Moisés (1,1-3,6).

a’) La exhortación moral que acompaña este desarrollo teológico enfatiza la importancia de no endurecer el corazón, vivir como el pueblo peregrino de Dios y aspirar al descanso celestial (3,7-4,11).

b) En el segundo desarrollo teológico se destaca a Jesús como el único y verdadero sumo sacerdote, instituido en favor de los hombres (4,12-5,10).

b’) La exhortación moral correspondiente insta a vivir de acuerdo con la madurez cristiana, dejando atrás los rudimentos de la fe y abrazando una doctrina elevada sobre Jesús (5,11-6,20).

c) El tercer desarrollo teológico amplía el tema principal al demostrar que Jesús, como sumo sacerdote, es superior al sacerdocio de la antigua alianza, y su culto reemplaza al antiguo (7,1-10,18).

c’) La exhortación moral asociada destaca la necesidad de acercarse con plena fe a este misterio para apropiarse de sus beneficios (10,19-39).

d) En el cuarto desarrollo teológico, se presenta a Jesús como el pionero y el ejemplo más perfecto de fe y obediencia, junto con modelos de fe en la historia sagrada de Israel (11,1-39).

d’) La exhortación moral final alienta a seguir el ejemplo de Cristo, a soportar las adversidades y a no rechazar la invitación divina a perseverar en la fe (12,1-28).

Apéndice: Los últimos consejos incluyen la exhortación a la obediencia a los líderes de la Iglesia, seguida de una doxología o bendición divina, y saludos finales (13,1-25).

La teología de Hebreos aborda temas cruciales que trazan un paralelo entre el antiguo Israel y la comunidad cristiana actual, es decir, la Iglesia. Según este texto, la Iglesia no se limita a los judíos, sino que incluye también a aquellos que alguna vez fueron paganos y se convirtieron (Hebreos 3:12). Como su antecesor, el Israel antiguo, la Iglesia se encuentra en un estado de peregrinaje (Hebreos 3:7ss), transitando por el desierto de la vida hacia su destino final: el descanso prometido en la ciudad celestial (Hebreos 4:9).

Este viaje no carece de dificultades, y la fatiga puede ser una compañera constante. Sin embargo, la exhortación es a perseverar, manteniendo la vista fija en la gloriosa promesa reservada para los fieles. Esto implica cultivar una fe firme y duradera, que se manifiesta en la comunión con la comunidad de peregrinos de Dios, tal como se describe en el capítulo 11 de Hebreos. Además, se nos insta a mantener viva la esperanza en el cumplimiento de las promesas divinas, resistiendo con paciencia y constancia los desafíos del camino (Hebreos 4:1).

El texto también advierte sobre la imposibilidad de retroceder una vez que se ha emprendido el viaje celestial, es decir, una vez que hemos sido bautizados en la fe. Aquellos que desobedezcan esta advertencia, pecando deliberadamente, no encontrarán perdón (Hebreos 6:4-8).

El fundamento teológico de la carta a los Hebreos se sustenta en la obra redentora realizada por Cristo, un acontecimiento revelado recientemente pero que tiene profundas raíces en las promesas hechas a Abrahán (Hebreos 2:5ss; 1:2; 7:6). Dios, en su sabiduría, utilizó la figura simbólica de Melquisedec para prefigurar lo que se cumpliría en Cristo (Hebreos 7:1ss). Cristo es presentado como el sumo sacerdote, superior a los ángeles y a toda criatura, quien, a la vez, se convierte en la víctima de un sacrificio especial y único (Hebreos 5:1; 5:5).

La función mediadora de Cristo entre Dios y la humanidad se lleva a cabo a través de su encarnación, y una vez encarnado, cumple efectivamente su función sacerdotal (Hebreos 5:1; 5:5). Su sacrificio no se realiza en un templo terrenal, sino en el tabernáculo celestial (Hebreos 9:1ss), donde se ofrece a sí mismo como víctima única, logrando así reconciliar a la humanidad con Dios de manera permanente (Hebreos 9:15ss; 10:12).

Este sacrificio de Cristo supera y sustituye a los antiguos sacrificios de animales, ofreciendo una solución definitiva al problema del pecado y la separación entre Dios y la humanidad. Por lo tanto, ya no son necesarios más sacrificios (Hebreos 10:12). La venida de Cristo no solo transforma el sacerdocio y el sacrificio, sino también la Ley, estableciendo una nueva alianza que deja obsoleta la antigua (Hebreos 7:15ss; 8:6ss; 9:1-10).

La llegada de Cristo arroja luz sobre el verdadero significado de las Escrituras, revelando, por ejemplo, la promesa de una nueva alianza anunciada por Jeremías (Hebreos 8:8ss; Jeremías 31:31-33). Así, se comprende que esta nueva alianza estaba prefigurada en las Escrituras mismas, confirmando la fidelidad y la continuidad del plan redentor de Dios a lo largo de la historia.

En resumen, la carta a los Hebreos presenta un panorama teológico donde todo se renueva a partir de la obra redentora de Cristo: hay un nuevo sacerdocio, un nuevo sacrificio, un nuevo pueblo, una nueva alianza y una nueva ley. Todo esto se fundamenta en los eventos que tuvieron lugar en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Esta renovación es válida y significativa, ya que apunta hacia el descanso celestial que aguarda al pueblo de Dios (Hebreos 3:7ss).

La perspectiva teológica cristiana que se desprende de la carta a los Hebreos se basa en una interpretación de las Escrituras que revela una evolución necesaria. Según el autor de Hebreos, esta evolución es evidente cuando se estudia cuidadosamente la Biblia. En línea con las enseñanzas de Pablo y del autor del Cuarto Evangelio, se sostiene que la superación del judaísmo surge desde dentro del propio judaísmo.

3. ¿Quién es su autor?

Una afirmación que cuenta con un consenso casi unánime entre los especialistas es que la carta a los Hebreos no fue escrita por Pablo. Esto se debe a que el vocabulario, el estilo y el ideario teológico presentes en la carta no son característicos de las obras de Pablo. Aunque el autor de Hebreos incorpora algunas ideas paulinas, como la noción de "justificación por la fe" mencionada en Hebreos 10:19-39, los conceptos teológicos fundamentales difieren significativamente de los de Pablo. Tres aspectos importantes de la teología de Hebreos ilustran esta divergencia:

En primer lugar, el tema central de Jesús como sumo sacerdote, tan recurrente en Hebreos, no aparece en las escrituras paulinas.

En segundo lugar, mientras que Pablo atribuía su evangelio a una revelación divina, excluyendo cualquier influencia humana (Gálatas 1:11-12; 1:16), el autor de Hebreos presenta su fe como resultado de una cadena de tradición que se remonta a Jesús, pasa por los primeros testigos y llega hasta los líderes contemporáneos de la iglesia (Hebreos 2:3-4; 13:7). Esta concepción de la fe y su transmisión no se encuentra en las enseñanzas de Pablo.

Finalmente, mientras que el debate sobre la validez de la ley de Moisés como medio de salvación fue una preocupación constante en la vida de Pablo, el autor de Hebreos parece dar por sentado que este problema ha sido completamente superado. No cuestiona si la ley es o no un camino de salvación, sino que la entiende como una etapa inferior de la revelación, ya superada por la nueva alianza en Cristo (Hebreos 10:1).

Una vez que se ha descartado la autoría paulina, lo más prudente es reconocer que no sabemos quién fue el autor de la carta a los Hebreos. Aunque se menciona a Timoteo en Hebreos 13:23, lo que ha llevado a algunos a atribuirla a un discípulo cercano de Pablo, esta carta no se considera pseudónima, sino que ha llegado hasta nosotros de manera anónima. Desde el siglo XIX, los investigadores han propuesto varios candidatos como posibles autores de Hebreos, como el evangelista Lucas, Bernabé, Clemente de Roma, Apolo, entre otros. Sin embargo, asignar la autoría a uno de estos personajes sigue siendo especulativo.

A pesar de la incertidumbre sobre su autoría, la falta de un nombre específico no impide en absoluto comprender adecuadamente el mensaje de la carta. Como ocurre con frecuencia, el contenido y la enseñanza de la carta a los Hebreos pueden ser apreciados y comprendidos sin necesidad de conocer la identidad precisa de su autor.

4. ¿Cuándo y dónde se escribió?

El desarrollo teológico presentado en la carta a los Hebreos, junto con la referencia del autor a la fe cristiana como producto de una cadena de tradición, nos ofrece una pista cronológica importante: esta carta probablemente fue escrita en la segunda o tercera generación cristiana, aproximadamente unos veinte o treinta años después de la muerte de Pablo. Además, se cree comúnmente que la Primera Epístola de Clemente, compuesta en el año 96, ya tenía conocimiento de la carta a los Hebreos, lo que sugiere que la carta fue escrita antes de esa fecha.

Existe cierta discusión sobre si la carta a los Hebreos fue redactada antes o después de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C. Esto se debe a que el autor hace referencia al culto en el templo, a veces utilizando el presente de indicativo, como si los sacrificios aún se estuvieran llevando a cabo en el momento de escribir la carta. Sin embargo, muchos investigadores argumentan que este uso del presente no necesariamente indica que el templo aún existiera cuando se escribió la carta. Por ejemplo, Flavio Josefo y otros textos judíos también se refieren al templo en presente de indicativo incluso después de su destrucción, lo que sugiere una resistencia a aceptar la pérdida irreversible del santuario.

Además, algunos pasajes de la carta a los Hebreos, como Hebreos 9:8-10, podrían contener alusiones a la destrucción del templo. En resumen, es razonable pensar que la carta a los Hebreos fue compuesta en la segunda o tercera generación de cristianos, probablemente entre los años 80 y 90 d.C., antes de la Primera Epístola de Clemente.

La única pista que proporciona la carta a los Hebreos sobre su lugar de composición es la frase "Os saludan los de Italia" en Hebreos 13:24. Una interpretación inicial de estas palabras podría sugerir que el autor está escribiendo a una comunidad en Italia, mientras se encuentra rodeado de algunos italianos que envían saludos a sus compatriotas. Sin embargo, la frase también puede entenderse de otra manera: "Escribo desde Italia y los de este país saludan a la comunidad a la que dirijo mi escrito". La cuestión no puede resolverse con claridad utilizando simplemente medios gramaticales.

Algunos estudiosos intentan ofrecer una respuesta basada en las deducciones sobre el tipo de lectores que se supone tiene Hebreos. Argumentan que los potenciales destinatarios de la carta no eran exclusivamente judeocristianos, sino que también había ex paganos entre ellos, e incluso podrían ser la mayoría. Por lo tanto, una candidata plausible como destinataria sería la comunidad judeocristiana de Roma, que era muy significativa, tenía buenas relaciones con Israel y estaba formada por una mezcla diversa de personas, incluidos muchos ex paganos, antiguos prosélitos o conversos del judaísmo al cristianismo. Esta suposición parece adecuada. En este caso, la frase "Os saludan los de Italia" se entendería en el primer sentido mencionado anteriormente.

Además, como argumento adicional, se señala que es en Roma donde por primera vez se tiene conocimiento y se cita a la carta a los Hebreos, como se evidencia en la Primera Epístola de Clemente y en los escritos de Justino Mártir hacia el año 150.