Mosaico de Fe

Y Diversidad

Capítulo 1. El Nuevo Testamento: “Un Mosaico de Fe y Diversidad”

El Nuevo Testamento es una colección diversa de escritos que conforman la piedra angular de la Biblia cristiana. Esta amalgama de textos, más que un simple libro, es un compendio de libros, cada uno con su propia identidad. No se trata de una obra uniforme, sino de una serie de escritos que en ocasiones presentan perspectivas divergentes. El propósito principal del Nuevo Testamento es transmitir y difundir una fe específica. Para aquellos que no comparten esta fe, el Nuevo Testamento puede parecer una mezcla de registros históricos, leyendas y mitos de naturaleza religiosa.

La tradición cristiana considera sagradas las 27 obras que componen el Nuevo Testamento, ya que representan la culminación de la última revelación divina, la "palabra de Dios", que fue documentada entre la segunda mitad del siglo I y los primeros años del siglo II d.C. Dado que el Nuevo Testamento tiene como objetivo principal persuadir al lector de la verdad contenida en sus páginas y de cómo esta creencia conduce a la salvación, es esencial entender que este conjunto de escritos fue seleccionado de manera deliberada y excluyente.

En el capítulo siguiente, exploraremos en detalle cómo se determinó qué obras cristianas, entre muchas otras, merecían ser consideradas "sagradas" y, por lo tanto, formar parte del Nuevo Testamento. Descubriremos por qué algunos escritos fueron incluidos mientras que otros quedaron excluidos. Es importante notar que la mayoría de los escritos del Nuevo Testamento, sin la etiqueta de "palabra de Dios", se presentan como relatos históricos verificables, explicaciones teológicas o correspondencia entre líderes cristianos y sus seguidores

1. El tejido del Nuevo Testamento, “Anonimato y Diversidad

El Nuevo Testamento, en su mayor parte, es una producción anónima. Aunque cada una de las 27 obras lleva el nombre de un autor, esta atribución es engañosa en la mayoría de los casos. O bien nada sabemos de tal autor, o bien la atribución es errónea , por lo tanto, las atribuciones son incorrectas. Solo siete cartas del Nuevo Testamento se consideran auténticas de Pablo de Tarso: 1 Tesalonicenses, 1 y 2 Corintios, Efesios, Filipenses, Gálatas y Romanos.

Sin embargo, aunque estas son ampliamente aceptadas como escritas por él, existen indicios que generan dudas sobre la autoría de algunas de estas. (En los capítulos 18, 19 y siguientes se abordará este tema con más detalle). La Iglesia antigua no mostró un afán crítico o histórico particular para verificar con precisión si los nombres de los autores atribuidos al resto de las obras en su canon de Escrituras eran, de hecho, los verdaderos autores.

El Nuevo Testamento no es un libro compacto escrito por un único autor, sino una colección de obras muy diversas en estilo, lenguaje, género literario y propósito. Esto crea una tensión inherente entre la unidad y la diversidad. Un observador externo podría describirlo, de manera irreverente, como un "cajón de sastre". Este dicho tiene el siguiente sentido, ( El término "catchall," que podría traducirse como "atrapatodo" o "recoge todo," hace referencia a una caja, cajón o repositorio donde las cosas se colocan sin ningún orden específico. Se cree que esta expresión proviene de los tiempos en que los sastres confeccionaban trajes a medida y guardaban los retales sobrantes, junto con otros objetos como botones, carretes, agujas y hilos, en cajones de este tipo para su uso posterior). Sin embargo, el Nuevo Testamento refleja la diversidad del cristianismo primitivo dentro de un cierto marco de unidad. Además, esta diversidad se relaciona, como exploraremos más adelante, con la diversidad presente en el judaísmo del cual se originó el cristianismo.

Esta diversidad también se manifiesta en el género y el estilo de los libros que conforman el Nuevo Testamento. En su interior, encontramos un libro de historia (Hechos de los Apóstoles), "biografías" a la manera de la época (los Evangelios), cartas apasionadas y combativas (como la Epístola a los Gálatas), otras más teóricas (como la dirigida a los Romanos), algunas con menos doctrina teológica y más exhortación (como la Epístola de Santiago), y otras puramente polémicas (como la de Judas). También se incluyen partes con visiones y revelaciones del más allá (Apocalipsis de Juan) y escritos que circulaban entre diversos grupos de cristianos, abordando tanto cuestiones teológicas como problemas prácticos (Epístolas pastorales).

Dada la diversidad de enfoques presentes en el Nuevo Testamento consta de una colección de obras con enfoques diversos, no sorprende que el lector pueda detectar tensiones, divergencias teológicas e incluso contradicciones entre ellas. Cada obra, y en ocasiones bloques de obras, presenta su propia perspectiva ideológica. Por ejemplo, existe una marcada diferencia entre la concepción de la fe en las Epístolas a los gálatas y a los romanos en comparación con la Epístola de Santiago. Asimismo, se observan notables diferencias, casi insuperables, entre las representaciones de Jesús en los tres primeros evangelios y en el Evangelio de Juan. Del mismo modo, el pensamiento sobre la Iglesia, el matrimonio y el retorno de Jesús como el Mesías y el Juez final (la “parusía”) varía significativamente, tanto en las cartas auténticas de Pablo como en las atribuidas a él por sus discípulos, como en el caso de las Epístolas pastorales.

2. El Nuevo Testamento: La Evolución de la Ortodoxia y Origen

El Nuevo Testamento no representa completamente la ortodoxia de la Gran Iglesia en sus primeros años. La ortodoxia se desarrollará gradualmente, en gran medida, a medida que el Nuevo Testamento se constituye como canon y se interpreta de manera unitaria. El modelo organizativo sólido que se establece en gran parte de la Iglesia a partir de mediados del siglo II, con un "obispo" al frente de un consejo de ancianos o "presbíteros", apoyados por "diáconos", contribuirá significativamente a la estructuración de la ortodoxia. Sin embargo, llevará siglos para consolidarse completamente. Las obras del Nuevo Testamento comparten al menos cuatro características distintivas:

1. Origen Judío

Todos sus autores eran judíos del siglo I de nuestra era. Aunque puede haber discusión en el caso de Lucas, autor del tercer evangelio y Hechos de los Apóstoles, es probable que al menos fuera un "prosélito", es decir, un convertido al judaísmo con un profundo conocimiento de esta religión. Otra discusión destacada involucra las epístolas 2 Tesalonicenses, Colosenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito y Filemón, escritas por discípulos de Saulo de Tarso y atribuidas a él. Lo que desconocemos por completo es si estos eran judíos helenistas o griegos paganos convertidos al cristianismo. En términos generales, el Nuevo Testamento es, por lo tanto, un producto de origen judío y se integra plenamente en la historia de la literatura judía, a pesar de sus innovaciones en ciertos aspectos. Comprender el judaísmo del siglo I resulta esencial para un lector potencial del Nuevo Testamento.

2. Contexto: “Mediterráneo Oriental”

Está enraizado en el entorno sociológico e histórico del Mediterráneo oriental del siglo I, una época caracterizada por una efervescencia religiosa que dio lugar a muchas ideas innovadoras. Por lo tanto, es crucial situarse en este contexto histórico y cultural para comprender plenamente el Nuevo Testamento.

3. “Uso del Griego”

Todos los autores escribieron en griego, aunque algunos tenían el arameo como lengua materna, lo que se refleja en su estilo de escritura y sus ideas. No obstante, todos ellos estuvieron influidos de alguna manera por la mentalidad griega inherente a la lengua y su uso. Así, el Nuevo Testamento se inscribe tanto en la historia de la literatura judía como en la griega, y esta amalgama tiene un profundo impacto en su teología.

4. “Enfoque en Jesús de Nazaret”

Todos los autores se centran en explicar el mundo y la relación entre el ser humano y Dios a través de la fe en una misma figura: Jesús de Nazaret. Lo presentan como el verdadero Mesías y el Hijo de Dios, aunque cada autor puede tener su propia interpretación sobre lo que esto significa en concreto, lo que da lugar a variaciones en la teología dentro del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento interpreta los eventos de una manera sobrenatural, presentando una serie de hechos y luego interpretándolos como la intervención definitiva de Dios para salvar a la humanidad. Cada autor se enfoca en lo que estos eventos revelan sobre el plan divino y la historia de la salvación. En otras palabras, ninguna página del Nuevo Testamento ofrece simplemente hechos históricos que puedan ser investigados por sí mismos, ya que lo que realmente importa para cada autor es el significado de estos hechos en el plan de Dios y la narrativa de la salvación.

3. “ Vida de Jesús y su Interpretación en el Nuevo Testamento”

El núcleo de la vida de Jesús, y por ende, del Nuevo Testamento, está compuesto por los siguientes acontecimientos: un maestro galileo del siglo I, que fue previamente discípulo de Juan Bautista y más tarde formó su propio grupo de seguidores, atrajo a multitudes con su mensaje de que el reino de Dios se acercaba rápidamente. Pasó un tiempo significativo predicando esta venida del reino de Dios en Galilea. Muchas personas lo siguieron no solo por su enseñanza, sino también debido a su habilidad como sanador y exorcista, cualidades compartidas con otros rabinos de su época. Posteriormente, se dirigió a Jerusalén para continuar su predicación, donde las autoridades lo arrestaron por causar disturbios en el Templo y por profetizar que Dios reemplazaría el Templo con algo nuevo. Finalmente, las autoridades lo ejecutaron al considerarlo una amenaza tanto para las estructuras judías como para las autoridades romanas.

La interpretación de estos eventos en el Nuevo Testamento se puede resumir de la siguiente manera en líneas generales: ese maestro galileo es en realidad el Hijo de Dios, el tan esperado Mesías. Según el Cuarto Evangelio, es la Palabra, el Logos de Dios que existe desde la eternidad y es Dios mismo. Su enseñanza es la transmisión de la voluntad divina a la humanidad para su salvación. El Diablo se opone a este plan de salvación, pero Jesús lo derrota completamente, demostrando con sus milagros y sanaciones que Satanás no tiene poder cuando el reino de Dios prevalece en la tierra.

Sin embargo, el plan divino implica el sacrificio del anunciador y mediador de ese Reino. Las autoridades terrenales, tanto judías como romanas, instigadas por el Diablo, lo arrestan y crucifican. Pero esta aparente victoria es en realidad su derrota. Lo que ha sucedido es el sacrificio de la víctima perfecta: alguien que es simultáneamente divino y humano. Con su muerte, Jesús expía ante Dios (siendo Dios) los pecados de toda la humanidad (siendo humano). Gracias a este sacrificio único, la humanidad se reconcilia con Dios. La víctima no permanece en la muerte, sino que resucita, demostrando así que no es solo un ser humano, sino alguien que pertenece al ámbito de lo divino. La resurrección de Jesús permite a la humanidad participar en ella y apropiarse de los beneficios de la salvación a través de la fe, reconociendo que estos eventos aparentemente comunes (como la crucifixión, un acto repetido muchas veces en Palestina) tienen un significado más profundo.

4. “La Interpretación de los Hechos en el Nuevo Testamento”

Desde la perspectiva de un observador externo, existe una marcada diferencia entre los acontecimientos en sí y su interpretación en el Nuevo Testamento. Para los críticos racionalistas, la interpretación de estos hechos proporcionada por las obras del Nuevo Testamento se considera puramente mítica y carente de fundamentos sólidos. Argumentan que la ciencia histórica debe limitarse a constatar hechos irrefutables y que todo lo demás cae en el ámbito de la especulación, la leyenda y el mito.

Sin embargo, para quienes tienen fe, esta interpretación no es vista como mítica. Considerarla de esa manera resulta ofensivo y simplista, ya que niega sistemáticamente la existencia de lo sobrenatural y la intervención divina en la vida humana. La interpretación de los hechos relacionados con Jesús como parte de una historia de salvación es una posibilidad legítima desde la perspectiva de la historia misma. Estas dos posturas son antagónicas, pero para defender una u otra, es esencial comprender la base de la discusión: el Nuevo Testamento.

Es importante destacar que el Nuevo Testamento no es simplemente un libro de historia, aunque algunas partes, como los Hechos de los Apóstoles, los evangelios y ciertas secciones de las cartas, pretenden relatar eventos que realmente ocurrieron en la fundación del cristianismo. Sin embargo, el Nuevo Testamento es principalmente un testimonio de fe, una declaración de creencias y una invitación a adherirse a ellas. Esto implica que los eventos narrados en estos textos pueden estar influenciados por la fe de los autores, lo que podría resultar en cierta distorsión. Otras personas, con diferentes creencias religiosas, podrían haber interpretado los mismos hechos de manera diferente. La subjetividad de los autores, que estaban promoviendo sus creencias, debe ser tenida en cuenta al leer e interpretar sus relatos.

En cuanto a las historias y narraciones del Nuevo Testamento, algunas de ellas pueden considerarse legendarias, como los relatos de los milagros de Jesús que desafían las leyes naturales, como caminar sobre las aguas (Mc 6,45-52, la multiplicación de los panes (Mc 6,34- 44) o la resurrección de Lázaro (Jn 11). Según muchos intérpretes, el Nuevo Testamento también contiene elementos mitológicos, ya que gran parte de los eventos sobrenaturales solo pueden expresarse a través de afirmaciones míticas. La sociología moderna define el mito como una narración que trata sobre un momento crucial en la historia del mundo, en el que intervienen agentes sobrenaturales para estabilizar una situación inestable. Los mitos poseen un poder legitimador que fundamenta o cuestiona una forma de vida social y están arraigados en una mentalidad o estructura mental que se refleja en narraciones que reorganizan el mundo de manera intuitiva y según categorías específicas (Theissen, pp. 16, n. 5 y 41).

Como ejemplo, el Apocalipsis presenta un mito en el que se describe a una mujer vestida de sol que da a luz a un mesías, un hijo varón destinado a gobernar el mundo. Aparece una gran serpiente roja con siete cabezas y diez cuernos que persigue a la mujer y su hijo. Aunque no es literal, se interpreta como una representación de la nación de Israel, Jesús y Satanás. Este mito se utiliza para expresar nociones religiosas más profundas. Para creyentes de otras religiones, como el judaísmo y el islam (que se basan en el Antiguo Testamento), otros mitos presentes en el Nuevo Testamento pueden incluir el pecado original, la encarnación de un mesías divino y la concepción de un redentor que desciende de la esfera celestial, realiza la redención en la tierra y asciende nuevamente al cielo.

5. El Nuevo Testamento: “La Interpretación de sus Elementos Míticos”

El núcleo fundamental de la contribución del cristianismo en relación con el judaísmo, y que constituye el corazón del mensaje del Nuevo Testamento, incluye conceptos que son considerados míticos por aquellos de otras religiones. Estos conceptos comprenden:

1. La idea de que el Redentor es el Hijo de Dios en un sentido real y ontológico, no simplemente de manera figurada

2. La muerte y resurrección del Redentor, junto con su ascensión a los cielos.

Este aspecto central del cristianismo es interpretado como mítico por aquellos que no comparten esta fe. Sin embargo, para los creyentes cristianos, estos eventos que son etiquetados como mitos por otros representan realidades históricas, aunque se comprenden plenamente solo a través de la fe y la revelación. Incluso entre los propios cristianos, incluyendo aquellos de confesiones no católicas, existe un debate continuo sobre cómo entender la presencia de mitos en el Nuevo Testamento. Dos autores influyentes desde el siglo XIX hasta la actualidad han defendido la idea de que el Nuevo Testamento contiene elementos míticos:

1. D. F. Strauss, autor de la célebre obra "Vida de Jesús" publicada entre 1835 y 1836, argumentó que el mito es la expresión narrativa de una idea religiosa. Según él, los mitos son una vestimenta ficticia creada por la imaginación humana para describir ideas religiosas verdaderas, interesantes o vitales. Strauss sostenía que los años siguientes a la muerte de Jesús fueron propicios para la creación de mitos sobre él, ya que su vida, enseñanzas y acciones debieron causar una fuerte impresión en sus discípulos. Desde esta perspectiva, se propuso comprender el mensaje detrás de estos mitos al entender sus mecanismos y propósitos.

2. R. Bultmann, un teólogo que vivió hasta 1977, defendía la idea de que el Nuevo Testamento transmitía un mensaje válido, pero expresado en un lenguaje mítico que resultaba incomprensible e inválido para la mentalidad moderna. Para resolver esto, Bultmann propuso un programa de "desmitologización del Nuevo Testamento" que permitiría comprender su esencia y adaptarlo a la época actual. Según Bultmann, lo sobrenatural no es cognoscible ni expresable con el lenguaje de la historia, y todos los eventos sobrenaturales en el Nuevo Testamento, como la encarnación, deben ser clasificados como mitos. No son hechos históricos reales, sino modos de expresión utilizados por antiguos para comunicar verdades espirituales.

Un ejemplo que ilustra esta perspectiva es el análisis de Bultmann sobre el Jesús presentado en el Cuarto Evangelio como un ser celestial enviado por la divinidad para liberar a las almas humanas de este mundo. Bultmann consideraba esto como un mito que no tenía relación con la figura histórica de Jesús, sino con el dogma cristiano. Los lectores pueden formarse sus propias opiniones sobre estas aproximaciones a los textos del Nuevo Testamento. Es importante comprender que, desde diversas perspectivas, el Nuevo Testamento no se limita a ser una obra histórica, y muchos de sus intérpretes, incluso entre los cristianos, argumentan que debe entenderse como una mezcla de historia, leyenda y mito.

6. “Observaciones sobre la Impresión Actual del Nuevo Testamento”

Los lectores contemporáneos del Nuevo Testamento encuentran una disposición que se ha mantenido desde tiempos antiguos. Esta ordenación se remonta a los siglos IV y V y ha sido utilizada desde la invención de la imprenta para imprimir el Nuevo Testamento. Sin embargo, este orden puede resultar un tanto peculiar y, en ciertos aspectos, confuso para los lectores, no contribuyendo a su comprensión del texto. Aquí se presentan algunas consideraciones que los lectores deberían tener en cuenta:

1. Orden Cronológico de Composición: Aunque en la actualidad los Evangelios, junto con los Hechos de los Apóstoles, son los primeros libros impresos en el Nuevo Testamento, esto puede dar la impresión equivocada de que estos escritos se compusieron primero, cronológicamente hablando. Sin embargo, la primera composición del Nuevo Testamento fue la Primera Carta a los Tesalonicenses, escrita alrededor del 51 d.C. Los Evangelios, en comparación, fueron compuestos más tarde, con el Evangelio de Marcos alrededor del 70/71 d.C. y el Evangelio de Juan hacia el 90/100 d.C. Leer las obras del Nuevo Testamento en orden cronológico de composición ayudaría a comprender cómo estas doctrinas evolucionaron con el tiempo.

2. Orden de los Evangelios: Aunque el Nuevo Testamento actual coloca al Evangelio de Mateo en primer lugar, en el pasado se creía que fue el primero en componerse. Hoy en día, tenemos cierta certeza de que el Evangelio de Marcos fue el primero en redactarse y, por lo tanto, debería ocupar el primer lugar.

3. División de Lucas y Hechos: La actual disposición separa el Evangelio de Lucas de los Hechos de los Apóstoles, que originalmente eran una sola obra. Esta división se produjo porque estas obras no cabían en un rollo de papiro estándar. Sin embargo, esta división puede confundir al lector, ya que ambas partes son complementarias y deben entenderse juntas.

4. Grupo de Juan: Las obras del Nuevo Testamento atribuidas al "Grupo o Escuela de Juan", que incluyen el Evangelio de Juan y las tres epístolas johánicas, se encuentran físicamente separadas en el orden actual. Aunque pueden no haber sido escritas por el mismo autor, comparten una afinidad teológica, lo que sugiere que deberían estar dispuestas de manera más cercana.

5. Corpus Paulino: Las cartas de Pablo en el Nuevo Testamento no están dispuestas en orden cronológico de composición, lo que dificulta la comprensión de cómo evolucionaron sus pensamientos.

Esto podría mejorarse presentando las cartas paulinas en orden temporal. Lo que podría a mejorar la comprensión del lector. Sorprendentemente, la primera epístola con la que se encuentra el lector es Romanos, que es, en realidad, cronológicamente la última carta escrita por Pablo. En el caso de Pablo, al igual que en otros grupos de escritos del Nuevo Testamento, es crucial leer las cartas paulinas según su secuencia temporal de composición, ya que esto permite rastrear la evolución de su pensamiento. La disposición actual de las cartas paulinas se basa curiosamente en un criterio de clasificación que, en sí mismo, tiene poca relevancia: el tamaño de las cartas. Están organizadas de mayor a menor en tres bloques: Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas; Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses; 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón. Sin embargo, esta disposición peculiar puede generar efectos perjudiciales para entender este “corpus”, como se detallará a continuación.

6. Cartas de Pablo y Discípulos: El formato actual mezcla las cartas auténticas de Pablo con aquellas que fueron escritas por sus discípulos («pseudónimas») posiblemente discípulos de segunda y tercera generación, lo que puede causar cierta confusión. Sería beneficioso separar estas cartas para una comprensión más clara. Así, por ejemplo, en el orden actual del Nuevo Testamento, se encuentra que la epístola de Efesios está ubicada entre las epístolas a los Gálatas y Filipenses. Sin embargo, esta disposición puede resultar confusa, ya que las epístolas a los Gálatas y Filipenses siguen una línea teológica similar, mientras que Efesios presenta una mentalidad teológica particular.

7. Epístolas Pastorales y Epístolas Universales: Algunos argumentan que sería útil reorganizar las Epístolas Pastorales y colocarlas junto con las llamadas "Epístolas Universales" para facilitar su comprensión.

8. Epístolas Universales: Las "Epístolas Universales", en realidad, no son completamente universales, ya que algunas de ellas están dirigidas a destinatarios específicos. Esto debería reflejarse en su agrupación.

En resumen, la disposición y el orden actual de impresión del Nuevo Testamento pueden no ser ideales para la comprensión del lector. En secciones posteriores, se abordarán estas observaciones y se proporcionará información sobre cómo podría organizarse de manera más acorde con la historia.