«Epístolas a los»

Colosenses y Efesios

Capítulo 19. EPÍSTOLAS A LOS COLOSENSES Y A LOS EFESIOS

Unimos el estudio de estas dos epístolas debido a que la segunda se inspira en Colosenses y, en algunos aspectos, la complementa y corrige. El autor de la primera carta es un teólogo de gran erudición que impulsa significativamente la teología paulina y cristiana en general, reflexionando sobre el significado y la importancia de la figura de Cristo, la función de la Iglesia y el papel de la tradición apostólica como fundamento de la fe. Su pensamiento fue estimulado por la presencia de herejes en una comunidad que él conocía bien. Es un individuo ecuánime que no vacila en aceptar lo que considera beneficioso de las ideas de sus opositores.

EPÍSTOLA A LOS COLOSENSES

1. La situación de la comunidad cristiana de Colosas

Para comprender adecuadamente esta carta, es esencial tener una breve visión de la situación en la comunidad cristiana a la que se presume que va dirigida. La ciudad de Colosas, ubicada en la región de Frigia en el suroeste de Asia Menor, era relativamente pequeña e insignificante en la época de Pablo. Sus habitantes eran principalmente paganos de habla griega, con una minoría judía.

Los cristianos de Colosas mantenían vínculos con otras dos ciudades cercanas, Hierápolis y Laodicea, que también tenían sus propias comunidades de conversos. Entre ellos, se intercambiaban cartas que recibían de los líderes de la fe (Colosenses 4:16). La comunidad no había sido fundada por Pablo ("No me habéis visto en persona": Colosenses 2:1), sino por individuos de su círculo. Posiblemente, uno de estos individuos actuaba en nombre del Apóstol (Colosenses 1:7), como Epafras, descrito como un "fiel ministro" a través del cual los colosenses habían conocido "la gracia de Dios en la verdad" (Colosenses 1:6).

La comunidad de conversos parecía mantenerse firme en la fe y no tenía problemas particulares ("Siempre damos gracias a Dios... por vuestra fe... y el amor que mostráis a todos los santos": Colosenses 1:4). Sin embargo, surgió repentinamente un problema: su paz interna se vio amenazada por la predicación de ciertos individuos cuyas ideas representaban un cambio con respecto al "evangelio" proclamado por Epafras.

Pablo?, o el autor de la carta, redactó este escrito para abordar las nuevas y peligrosas ideas que afectaban temas fundamentales de la fe, como el profundo significado de la figura de Jesús, la existencia de seres intermedios entre Dios y los hombres que podían influir en el destino de estos últimos y su relación con Jesús, la verdadera naturaleza de la Iglesia y la forma óptima de vivir el cristianismo. Colosenses se comprenderá mejor si el lector primero obtiene una idea clara de la doctrina de los opositores del autor, ya que todo el escrito está dirigido a refutarla. Por lo tanto, presentaremos primero esta posición, según se puede inferir de la propia epístola.

2. Posición teológica de los adversarios

* La doctrina de los adversarios en Colosas se basa en una "filosofía" (Colosenses 2:8), un conocimiento o "sabiduría" elevada transmitida probablemente por un maestro religioso humano. Esta filosofía especula sobre los "elementos del mundo" (Colosenses 2:8), que se refiere a seres espirituales (Colosenses 2:18) que gobiernan o controlan el universo, una concepción antigua judía.

* Estos "elementos" son descritos como "Principados y Potestades" (Colosenses 2:10), lo que sugiere que son seres angélicos que no solo gobiernan el cosmos, sino que también influyen en el destino humano y su salvación. Son considerados como poderes intermedios entre Dios y la humanidad, formando parte del "Pleroma" o "Plenitud" de la divinidad (Colosenses 2:9).

* Según esta filosofía, Cristo ocupa una posición inferior o dependiente de estas Potestades/Principados (deducido indirectamente de Colosenses 1:16 y 2:9-10). Se cree que el ser humano accede a la divinidad solo o complementariamente a través de la mediación de estas Potestades.

* Por lo tanto, para obtener su favor y salvación, es necesario adorar a estas Potestades (Colosenses 2:18). Esto se logra mediante la humildad ante estos poderes o "elementos" (Colosenses 2:18, 23) y al obedecer sus prescripciones, que incluyen normas de la ley judía reinterpretadas por el grupo, como la observancia de festividades y días especiales como la luna nueva y los sábados (Colosenses 2:16).

* Además, se prescribe una estricta ascesis que implica la mortificación del cuerpo en general (Colosenses 2:11, 23), la abstención de alimentos y bebidas (Colosenses 2:21), y la participación en una iniciación similar a la de las religiones de misterios paganas. Esta iniciación probablemente incluía una visión de los Poderes y el Pleroma divino (Colosenses 2:18), lo que permitía al iniciado comenzar a experimentar en esta vida las consecuencias de una resurrección que eventualmente conduciría a la salvación en el Pleroma divino.

A la luz de lo expuesto, la caracterización de la llamada "herejía colosense" podría describirse como un grupo esotérico cristiano con afinidades hacia los iniciados en las religiones paganas de misterios. Sus doctrinas sugieren una combinación de gnosis y tradiciones judías. No es sorprendente que este sincretismo de ideas religiosas pudiera surgir en Asia Menor, específicamente en Frigia, donde coexistían cultos paganos antiguos y venerados, religiones indígenas y el judaísmo. En este contexto, la tendencia a seleccionar lo mejor de diversas fuentes y formar una identidad religiosa propia era prominente.

En resumen, los "gnósticos" de Colosenses creían que el mundo actual estaba bajo el control de potencias relacionadas con Dios, los "elementos del mundo". Por lo tanto, creían que debían ganarse la amistad de estas potencias para poder participar en las consecuencias de la unión con la plenitud de la divinidad y experimentar los beneficios de la resurrección en el presente.

3. Refutación de la doctrina de los adversarios y exposición de la doctrina cristiana

Aunque las ideas de los "herejes" no se critiquen con claridad en Colosenses hasta 2,6, desde el saludo mismo la Epístola está dirigida en contra de ellos. La idea central y simple que guía todo el desarrollo de la carta es muy paulina: todo lo que ofrecen los adversarios lo brinda la fe en Cristo en un grado mejor y más perfecto. La doctrina tradicional cristiana es superior a cualquier otro tipo de "gnosis", filosofía o revelaciones; la salvación ofrecida por el cristianismo es superior a la que predican los adoradores de poderes cósmicos; de hecho, es la única.

Ponerse al servicio de las Potestades o "elementos" es retroceder a la esclavitud (2,8 = Gál 4,3.9), a los tiempos en que los lectores eran aún paganos (1,27): es volver al pasado, al "antiguo eón", cuando aún no había tenido lugar el sacrificio de la cruz y la redención. Cristo es superior a los "Elementos del mundo" / "Potencias" y "Dominaciones". Por lo tanto, los lectores deben abstenerse de prestar atención a doctrinas vanas y profundizar en el contenido de la fe transmitida por la enseñanza de Pablo, es decir, por la tradición de un verdadero apóstol.

En 1,15-20 encontramos el núcleo dogmático de la carta, donde se exponen con claridad en forma de himno las ideas de la superioridad de Cristo que fundamentan por qué no se debe adorar a las Potestades ni granjearse su amistad. Cristo es "imagen" (en el sentido de "hipóstasis" de la divinidad, es decir, una entidad divina) del Dios invisible / primogénito de la creación / por él han sido creadas todas las cosas / él es anterior a todo / él es la cabeza de un cuerpo, la Iglesia / es primogénito de entre los muertos por ser el primero en resucitar / él es la plenitud de la divinidad, que habita en su interior / por él se ha efectuado la redención.

El autor enfatiza (v. 16) que el objeto de culto por parte de los adversarios, las potencias cósmicas angélicas, "Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades", fueron creadas a través de Cristo y para él. Como en el Evangelio de Juan, Cristo es preexistente para el autor de Colosenses. Los Poderes le están sujetos ya que él "existe con anterioridad a todo" (1,15-17). En 2,9 se vuelve a repetir que Cristo es el "Pleroma" o plenitud de la divinidad, y en 2,10 que él es en realidad la cabeza o jefe de todo Principado, y que es posible para el ser humano participar de esta plenitud (2,10).

La doctrina auténtica paulina sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo aparece un tanto modificada en el himno: para Pablo había un solo cuerpo y cada uno de los cristianos era un miembro de él (1 Cor 12,12 y Rom 12,4). En Col 1,18 Cristo es la cabeza de un cuerpo, que es la Iglesia. Naturalmente, la cabeza y el cuerpo están unidas inmediatamente, no a través de Principados y Potestades.

La sección que resalta la función del Apóstol como servidor y custodio de la fe transmitida, el Evangelio o la Palabra, se encuentra en 1,4-2,4. Pablo es el ministro de ese Evangelio. El Apóstol contribuye a la salvación con sus sufrimientos, que complementan el sacrificio de la cruz (1,24; reiterado en 2,1: la "dura lucha" es el sufrimiento de la prisión). Esta afirmación es teológicamente audaz: el valor redentor de la cruz se enriquece con un complemento, los sufrimientos del Apóstol. La Iglesia posterior, sin embargo, entenderá la frase como asociación a los sufrimientos de Cristo por imitación de él, pero sin agregar nada al valor redentor de la cruz.

Otras afirmaciones importantes de Colosenses en contra de las tesis de los adversarios son las siguientes:

* Es innecesario participar en una iniciación al estilo de las religiones de misterios para obtener la protección de las Potestades y Dominaciones (2,18). El verdadero misterio es Cristo, y es proclamado por Pablo (1,28). Basta con tenerlo a él y comprenderlo bien por la fe. Gracias a ella se alcanza la "sabiduría" y la "perfección" (1,28; recordemos que los adversarios se consideraban sabios por ser seguidores de una "filosofía" especial).

* La circuncisión —los adversarios defienden ideas judías— ha sido reemplazada por el bautismo (2,11: "una circuncisión no quirúrgica"), que es redención de los pecados. El efecto del bautismo es igual al que se intenta lograr en la "iniciación misteriosa" de la que se jactan los adversarios (2,18): el don de la inmortalidad. De hecho, el cristiano tiene una ventaja sobre el "iniciado": participa ya de la resurrección (2,12).

Aquí se observa un interesante cambio de enfoque en Colosenses respecto a la doctrina paulina. En Romanos 6 se afirmaba que los cristianos han muerto con Cristo en el bautismo y que por ello recibirán —en el futuro— el don de la resurrección. El autor de Colosenses, en cambio, sostiene que el cristiano ha muerto con Cristo en el bautismo y que por ello ha resucitado ya. A esta afirmación se le denomina "escatología realizada", ya que ocurre en este mundo, una doctrina que, como sabemos, aparece claramente en el Evangelio de Juan (5,24).

En este pasaje se observa cómo el autor de Colosenses intenta asimilar en lo posible la parte positiva de la doctrina de los adversarios. La salvación comienza ahora (una idea fundamentalmente gnóstica), pero es solo eso, un comienzo. La realidad plena será solo en el futuro (1,5 + 3,3), cuando Dios actúe como juez final y definitivo, y, entre otras cosas, ponga a esas Potestades y Dominaciones en su lugar, subordinadas a Cristo. Colosenses interpreta la resurrección como un triunfo sobre poderes hostiles (las Potestades), ya que cancela la deuda que tenía el ser humano sometido a esas entidades, encarnada en el poder de la muerte.

* En 3,5 comienza la parte exhortativa de la carta, la cual surge como consecuencia de la doctrina teológica previamente expuesta. Es importante destacar que los cristianos, gracias a la libertad que les otorga la redención de Cristo, no están obligados a seguir una estricta ascesis, como proponían sus oponentes. El autor critica esta enseñanza ascética, tachándola de "carnal" en contraposición a lo "espiritual" o "perfecto". Este término "carnal" constituye un ataque directo contra los adversarios, quienes se consideraban a sí mismos "espirituales" y no "carnales". Las exigencias ascéticas son consideradas como una piedad auto fabricada, no divina, y no sirven para controlar los impulsos del cuerpo.

Esto no implica que no se deba llevar una vida llena de buenas acciones. La teología correcta implica la práctica de buenas obras. Por ello, en 3,5-8 + 12-15 se presenta un catálogo de vicios a evitar y virtudes a practicar, haciendo especial énfasis en el amor y otras virtudes sociales que fomentan la vida comunitaria (3,12). La comunidad se une especialmente en torno a la celebración litúrgica (3,16-17).

Es relevante destacar que en el Nuevo Testamento existen en total cinco listas similares a esta, todas ellas dentro de las cartas deuteropaulinas, adaptadas de elencos semejantes difundidos entre el pueblo por los filósofos paganos, especialmente los estoicos. Sin embargo, el autor de Colosenses cristianiza estas listas añadiendo una fundamentación cristiana: "como conviene en el Señor" (3,18), o "temiendo al Señor", etc...

Es interesante observar que la lista de Colosenses resalta principalmente la sumisión de tres grupos considerados "inferiores": mujeres, hijos y esclavos o siervos. Esta tendencia también se observa en otras partes del corpus paulino, como en Filipenses y Romanos. Es importante señalar que el autor no tiene un interés teológico en modificar un estatus social que prevalece y que puede ser injusto, como la esclavitud o la posición subordinada de la mujer en comparación con el hombre, algo que también acepta el resto del Nuevo Testamento.

Tanto para el autor como para el resto del cristianismo primitivo, estos asuntos sociales son vistos como transitorios y en última instancia intrascendentes, ya que se espera que el fin del mundo esté cerca y que todo sea corregido en ese momento. Sin embargo, resulta notable que la lista resalte la importancia del amor que los maridos deben mostrar hacia sus esposas, así como el respeto y el trato adecuado que los dueños deben tener hacia sus esclavos. Este énfasis en el amor y el respeto es menos común en el contexto pagano circundante, lo que sugiere una cierta sensibilidad ética dentro del cristianismo primitivo.

4. ¿Quién escribió realmente la Epístola?

La tradición eclesiástica, desde los primeros momentos, afirma unánimemente que fue Pablo quien escribió la carta, como lo afirma el propio documento al principio y al final. Sin embargo, a partir del siglo XIX, comenzaron a surgir voces en contra de esta afirmación, que hasta entonces había sido unánime. Las razones para cuestionar la autoría paulina del documento son las siguientes:

1. Diferencias de vocabulario notables: Se observan diferencias muy marcadas en el vocabulario que no se explican simplemente por una situación diversa.

2. Estilo literario: El estilo literario de Colosenses es muy diferente al de las cartas auténticas de Pablo.

3. Divergencias teológicas: Se encuentran algunas concepciones teológicas diferentes entre Colosenses y las cartas auténticas de Pablo. Entre ellas, destaca un énfasis nuevo en la creación del universo a través de Cristo (1,16) y un concepto novedoso de "Iglesia". Mientras que en las cartas auténticas de Pablo, el término "Iglesia" tiene un significado local, refiriéndose al grupo o comunidad de cada lugar, en Colosenses adquiere casi un significado cósmico y grandioso, como el cuerpo de Cristo, con él como cabeza (1,18, 24). Además, se presenta a la cabeza de la Iglesia como la "cabeza de los Principados" (2,10), lo que implica que la Iglesia domina sobre estos poderes, una idea que no se encuentra en las cartas auténticas de Pablo.

4. Imagen de Pablo en Colosenses: La epístola da la impresión de imaginar no a un Apóstol en vida, sino a un personaje del pasado, ya fallecido, retratado con solemnidad y un respeto extremo. Este Pablo se autodesigna de manera poco usual como ministro del Evangelio y de la Iglesia según el plan divino (1,23-25). Aunque este Pablo no fundó la comunidad de Colosas, se siente responsable de ella. Su autoridad se utiliza para legitimar la doctrina y la persona de aquellos que la enseñaron. Esta representación no tiene paralelos en las cartas auténticas del Apóstol, donde la autoridad de Pablo parece ser más la de una personalidad reconocida como columna de toda la Iglesia, una situación que no se corresponde con la vida del Pablo auténtico, cuya obra estaba sujeta a debate.

5. Fecha y lugar de composición

Para aquellos que defienden que Colosenses es una carta pseudónima, estas interrogantes resultan difíciles de abordar. Sin embargo, se puede afirmar que el autor, por sus ideas, es un seguidor de Pablo, y que la evolución de la teología paulina presentada en su epístola puede considerarse relativamente cercana a la vida del Apóstol.

Colosenses aún confronta a aquellos que sostenían de alguna manera la vigencia de la ley judía, como se menciona en las prescripciones de 2,14-16, aunque reinterpretadas. Además, la escatología realizada que defienden los adversarios, y en parte el autor, se asemeja a la de los oponentes de Pablo en 1 Corintios.

Por lo tanto, es probable que Colosenses fuera redactada no muchos años después de la vida del Apóstol. Se puede afirmar con seguridad que la Epístola a los colosenses se compuso antes que Efesios, ya que esta última se inspira en, complementa y corrige a Colosenses.

EPÍSTOLA A LOS EFESIOS

Al estudiar Colosenses, surgen interrogantes sobre su autenticidad paulina, pero estas incertidumbres se desvanecen en Efesios. Incluso una lectura superficial revela que esta "carta" difiere notablemente de otras escritas por Pablo. El saludo inicial es impersonal y genérico, y la despedida carece de los saludos típicos y el afecto cálido presentes en sus otras epístolas. Aunque su estructura formal puede ser similar a la de otras cartas, se distingue por la ausencia casi total de referencias a situaciones específicas, problemas o "herejías" en la presunta comunidad a la que se dirige. Tanto en su contenido como en su encabezamiento, parece más un tratado teológico que un escrito de comunicación personal, o quizás una especie de "circular" teológica destinada a toda la cristiandad. El autor muestra un nivel teológico tan elevado como el de Colosenses, y su obra, después de Romanos y Gálatas, es considerada como el escrito "paulino" que ha sido más apreciado e influyente a lo largo de la historia.

Los manuscritos más significativos y antiguos de Efesios (del siglo III/IV) presentan un saludo que omite mencionar a los destinatarios como "efesios", simplemente rezando escuetamente: "A los santos y fieles en Cristo Jesús".

Sin embargo, otros manuscritos, a partir del siglo IV, incluyen: "A los santos y fieles que están en Éfeso en Cristo Jesús". La interrogante radica en cuál de las dos lecturas es la original.

La mayoría de los estudiosos concluyen que el contenido mismo de la carta hace improbable que estuviera dirigida a los efesios. Pablo pasó tres años en esa ciudad (cf. cronología de Pablo, cap. 10, y Hch 20,31), por lo que los cristianos allí lo conocían muy bien.

Por consiguiente, parece poco plausible que el autor escribiera en 1,15: "He oído de vuestra fe en Cristo Jesús", implicando que no los conocía personalmente. Por tanto, se trata de un tratado teológico con formato de carta, destinado a ser enviado y leído teóricamente en cualquier comunidad cristiana.

La frase "que están en Éfeso" parece ser un añadido posterior.

1. Intereses teológicos de la Epístola

* Doctrina sobre la Iglesia («eclesiología»). El tema general de la primera parte de la sección doctrinal (2,1-22) es resaltar el significado e importancia de la Iglesia, que es una, santa, gloriosa y de trascendencia cósmica.

La incorporación a la Iglesia, es decir, la salvación, se consigue por la fe: antes de recibirla, tanto los judíos como los paganos («vosotros / nosotros»: 2,2-3) vivían en este mundo controlados por el «Príncipe del imperio del aire» (2,1.2), es decir, por Satanás, encarnado en los dioses falsos.

Como en Col, «Iglesia» no significa ya la comunidad o pequeño grupo de cristianos (Pablo), sino la Iglesia universal, que recibe la revelación de Dios y que es mediadora de esa sabiduría respecto a los poderes cósmicos (3,10).

La Iglesia, cuerpo cósmico de Cristo, es la que manifiesta a Principados y Potestades que no tienen ya poder alguno sobre los cristianos. Quien impera en el universo no es ya ese grupo de espíritus, sino Dios mediante Cristo Jesús, que cumplió el proyecto divino de la redención.

No hay lugar, pues, para ningún desánimo (3,10-13). La Iglesia es un nuevo edificio, un nuevo santuario (2,21: «templo santo»). Los fundamentos sobre los que se edifica son los apóstoles y profetas cristianos (2,20), es decir, los grandes personajes del principio que transmitieron la enseñanza de Jesús y establecieron la tradición.

La piedra angular de este nuevo templo es Cristo. Los fieles cristianos, «conciudadanos de los santos y familiares de Dios» (v. 19), forman parte de ese edificio. Veremos de inmediato cómo estas ideas resuelven el problema de la destrucción del templo de Jerusalén y el cese de los sacrificios.

* Doctrina sobre Cristo y la salvación («cristología» y «soteriología»). Cristo, como en Colosenses, está sentado en la diestra de Dios en los cielos y tiene dominio sobre todo Principado y Potestad (1,21). Cristo tiene dimensiones cósmicas y abarca todo (4,10). Como "plenitud", reúne en sí a todos los hombres (2,15; 4,13), los salva, los transforma en una nueva humanidad y los guía al cielo (2,6; 4,7-11).

El creyente, salvado, ya no está expuesto a los peligros del mundo y sus poderes gracias a las abundantes riquezas de la gracia de Cristo (2,7). La salvación es un don gratuito de Dios y no se logra automáticamente cumpliendo las obras de la Ley. El autor reafirma la enseñanza paulina de la "justificación por la fe" (2,1-10; cf. Gálatas 3,6ss; Romanos 1,16-17; Filipenses 3,9).

En 2,11-21 insiste en que también los gentiles reciben la salvación mediante la obra de Cristo: tanto judíos como gentiles han sido reconciliados en Cristo. Él derribó el muro que los separaba, es decir, la enemistad entre dos "pueblos" diferentes (v. 14). El autor alude probablemente al muro que en el templo de Jerusalén separaba los atrios de los paganos y de los judíos. El sacrificio de Cristo (v. 13) ha hecho que los antiguos paganos también sean herederos de la Promesa (a Abraham y a los patriarcas: v. 12).

El resultado de esta reconciliación es múltiple: la ley de Moisés queda invalidada (v. 15), puesto que el hombre se salva por la fe; se forma un "hombre nuevo" (2,15; 4,24): el cuerpo (místico) de Cristo compuesto por creyentes que provienen tanto del judaísmo como del paganismo. El antiguo templo de Jerusalén, símbolo del judaísmo, destruido por las tropas romanas en el año 70, es reemplazado por la Iglesia.

El autor resuelve así el problema que suponía para judíos (y cristianos) la destrucción de la sede de la presencia de Dios por parte de los paganos y el cese de los sacrificios. En 3,2-13, el autor destaca que este plan divino de salvación es un misterio (3,3). Ahora se sabe con certeza que "los gentiles son coherederos de la Promesa y miembros del mismo Cuerpo de Cristo" (3,6). En generaciones pasadas, los judíos creían ser los únicos que se salvarían. Después de la venida de Cristo al mundo y su muerte en la cruz, el Espíritu de Cristo reveló que el plan divino de salvación también incluía a los gentiles.

El autor contrapone más o menos explícitamente los "misterios" paganos al único y verdadero "misterio" en Cristo, la salvación universal. Los apóstoles y profetas cristianos, especialmente Pablo (3,8-9), han recibido la aclaración de este misterio por revelación divina (el autor piensa especialmente en la revelación a Pablo en el camino a Damasco que lo hizo apóstol de los gentiles, 3,3). Este misterio se comunica a todos mediante la predicación del Evangelio.

* Ética. Efesios presenta una extensa sección exhortativa o parenética (4,1-6,20). En los versículos 4,1-24, toda la exhortación moral se fundamenta en la doctrina de la Iglesia, que a su vez se basa en las ideas previamente expresadas sobre Cristo. A diferencia de Pablo, cuyas normas morales se derivaban de la doctrina fundamental de la justificación por la fe, aquí el fundamento ético se encuentra en el concepto de la Iglesia como el cuerpo de Cristo. Como miembros de este cuerpo, los creyentes ya han experimentado la resurrección y están sentados en el cielo (2,5-7; una escatología presente similar a la de Colosenses). Por lo tanto, la acción moral debe estar enraizada en estas verdades.

En 5,8-21, también como en Colosenses, se presenta un catálogo de virtudes cuyo lema es "vivir como hijos de la luz". Es interesante notar la contraposición entre la luz y las tinieblas, que es característica de la doctrina de los manuscritos del Mar Muerto y luego se encuentra en el Evangelio de Juan (por ejemplo, 12,46). El autor exhorta a promover una ética familiar basada en la sumisión y el amor. Efesios 5,21-6,9 corresponde a Colosenses 3,18-4,1 y expone los deberes de esposos, hijos, esclavos y amos.

El énfasis del autor de Efesios en el amor en el matrimonio es aún mayor que el de Colosenses, comparándolo con el amor de Cristo por su Iglesia. Este énfasis en el respeto por el matrimonio contrasta con la perspectiva paulina auténtica (1 Corintios 7), donde el matrimonio a menudo se considera como un mal menor y un medio para controlar la concupiscencia.

2. ¿Escribió Pablo la Epístola?

La tradición eclesiástica ha sostenido desde siempre que fue el apóstol Pablo quien escribió esta carta. Sin embargo, esta afirmación es poco probable, ya que un análisis interno de la carta sugiere más bien la autoría de un discípulo suyo. Además de las diferencias evidentes en vocabulario y estilo con las cartas auténticas de Pablo, destaca la estrecha relación de Colosenses con Efesios. Un examen del contenido de ambas cartas revela una conexión profunda entre ellas. Por ejemplo, en la "Introducción al Nuevo Testamento" de R. E. Brown se enumera una impresionante lista de 22 puntos de contacto entre ambas cartas, que reproduzco a continuación:

Tema

1) Redención, perdón

2) Cristo incluye a todos

3) Intercesión por los lectores

4) Riquezas de una herencia
gloriosa (esperanza de gloria)

5) Dominio de Cristo

6) Cristo os da la vida

7) Acercó a los extraños

8) Abolió los mandamientos

9) Pablo prisionero

10) Misterio divino dado a conocer a Pablo

11) Pablo, ministro del evangelio
universal

12) Pablo da a conocer a todos los
misterios

13) Llevad una vida digna de vuestra
vocación

14) Soportaos unos a otros con
humildad, dulzura y paciencia

15) Cristo une a los miembros de la
Iglesia

16) Desvestíos de la vieja naturaleza
y revestíos de la nueva

17) No haya inmoralidad en
vosotros

18) Caminad sabiamente y
aprovechad el tiempo

19) Entonad salmos, himnos y
cánticos es­pirituales, dando
gracias a Dios

20) Deberes domésticos de maridos,
esposas, hijos, padres, esclavos y
dueños

21) El prisionero Pablo exhorta a la
perseverancia en la oración

22) Tíquico enviado para informar a
la Iglesia y dar ánimos

Efesios

1,7

1,10

1,15-17

1,18

 

1,21-22

2,5

2,12-13

2,15

3,1

3,2-3

 

3,7

 

3,8-9

 

4,1

 

 

4,2

 

4,15-16

 

4,22-32

 

5,3-6

 

5,15

 

5,19-20

 

 

5,21-6,9

 

 

 

6,18-20

 

6,21-22

 

 

 

Colosenses

1,14.20

1,20

1,3-4.9

1,27

 

1,16-18

2,13

1,21-22

2,14

1,24

1,25-26

 

1,23.25

 

1,27

 

1,10

 

 

3,12-13

 

2,19

 

3,5-10.12

 

3,5-9

 

4,5

 

3,16-17

 

 

3,18-4,1

 

 

 

4,2-3

 

4,7-8

Claramente, tantas similitudes no pueden ser simples coincidencias, sobre todo cuando se repiten incluso las mismas palabras. Un análisis literario detallado sugiere que la influencia va en una dirección: el autor de Efesios parece inspirarse en Colosenses, y no al contrario. Sin embargo, al copiar de Colosenses, el autor de Efesios a veces modifica el sentido original, proponiendo concepciones que rozan lo incompatible, o que al menos son distintas a las del autor de Colosenses.

Comparemos, por ejemplo, Colosenses 2,19 con Efesios 4,15 y siguientes. En el primer pasaje, Cristo es representado como la máxima potencia cósmica, cuyo cuerpo abarca todo el cosmos y sus potencias internas.

Sin embargo, en Efesios 4,15, se presenta a Cristo y la Iglesia como formando un cuerpo, con la especificación de que Cristo es la cabeza. De manera similar, podemos analizar Colosenses 2,7 y Efesios 2,20: la idea de estar "enraizados en Cristo" en Colosenses es reemplazada por la noción de estar "fundamentados en los apóstoles y profetas" en Efesios.

Cristo es considerado la "piedra angular" en Efesios. (Es interesante notar en este último texto cómo se refiere a los "santos apóstoles" como figuras del pasado. ¿Cómo podría haber utilizado esta expresión el Pablo auténtico?)

En Colosenses 1,26, se revela el misterio de la salvación "a los santos", es decir, a todos los cristianos; mientras que en Efesios 3,5, este misterio se revela "a los santos apóstoles". Además, en Colosenses 2,2, el "misterio" es identificado con Cristo, mientras que en Efesios 3,4, el "misterio" se refiere a la salvación conjunta de paganos y judíos.

Finalmente, las dos listas de deberes domésticos (Colosenses 3,18-24 / Efesios 5,21-6,9) presentan notables diferencias.

La relación entre Colosenses y Efesios es doble: por un lado, existe una dependencia literaria, donde Efesios se basa en Colosenses; por otro lado, hay una diferencia real en el punto de vista teológico entre ambas cartas. En conclusión, parece poco probable que el Pablo auténtico se haya inspirado literalmente en "su" carta a los Colosenses e introdujera cambios significativos de sentido al mismo tiempo. Este fenómeno es más plausible y comprensible si consideramos que el autor de Efesios es un discípulo de Pablo y que los autores de Colosenses y Efesios son diferentes.

Otro argumento importante es la relación especial de Efesios con el resto de las cartas auténticamente paulinas. Algunos de los contactos más evidentes son los siguientes (tomados del "Interpreter’s Dictionary of the Bible", 1962, II 110-111):

Ef 1,4-5 // Rom 8,28

Ef 1,13 // 2 Cor 1,22

Ef 4,28 // 1 Cor 4,12

Ef 5,23 // 1 Cor 11,3

Ef 1,10 // Gál 4,4

Ef 3,8 // 1 Cor 15,9-10

Ef 4,30 // 2 Cor 1,22

Ef 5,5 // 1 Cor 6,9-10

Ef 1,11 // Rom 8,28

Ef 4,11 // 1 Cor 12,28

Ef 5,2 // Gál 2,20

La lista de contactos entre Efesios y otras cartas paulinas es igualmente notable. Desde una perspectiva de crítica literaria, estos contactos no parecen ser aleatorios, sino que se explican mejor si se considera que el autor de Efesios tenía acceso a una copia de Romanos, 1 y 2 Corintios, y Gálatas. En este caso, tampoco resulta fácil imaginar que un Pablo auténtico se dispusiera a componer Efesios copiando y modificando textos de otras cartas suyas. Dado que ya conocemos el fenómeno de la pseudonimia, resulta mucho más verosímil pensar en un discípulo de Pablo como autor de Efesios. Este individuo compuso la carta teniendo ante sus ojos no solo Colosenses, sino también copias de otras cartas paulinas.

3. ¿Quién fue el autor de la Epístola?

Es imposible responder con total precisión a esta pregunta. Sin embargo, basándonos en la epístola misma, podemos afirmar que el escritor es probablemente un judío convertido al cristianismo paulino, como se deduce del uso de "nosotros" y "vosotros" en 1,12-13 (Efesios 1:12-13).

Es probable que sea un judeocristiano bien versado en la retórica y el lenguaje del helenismo, con conocimientos de la teología judía, específicamente del pensamiento de los esenios, como se evidencia en los paralelos teológicos con Qumrán, como la contraposición entre hijos de la luz e hijos de las tinieblas (Efesios 5:8).

Además, es posible que el autor esté familiarizado con ciertas concepciones similares a la "gnosis", que maneja con libertad y distancia, como la escatología realizada, la idea del hombre nuevo fusionándose con el hombre celestial ideal, y la metáfora de la Iglesia como el cuerpo cósmico de Cristo, donde Cristo es la cabeza y el esposo celestial del cuerpo (Efesios 1:22-23).

Por último, el autor presenta el bautismo como un despertar, un paso de la muerte y las tinieblas hacia la luz (Efesios 5:14).

4. ¿Cuál fue la intención del autor?

Diversos comentaristas plantean la hipótesis de que el autor está tomando una postura teológica en relación con la incredulidad y el rechazo de los judíos hacia el mensaje cristiano. Las iglesias surgidas del ministerio de Pablo aún no estaban completamente seguras sobre cómo los paganos, como mayoría en esas comunidades, podían ser herederos de la promesa de salvación hecha a Abraham. En otras palabras, se cuestionaban cómo una iglesia predominantemente gentil podía integrarse en la historia de la salvación que comenzó con la elección de Israel. La respuesta del autor es insistir en que la unión de gentiles y judíos en un mismo proceso de salvación es un misterio de la voluntad de Dios, oculto durante siglos pero revelado por la venida de Cristo y difundido por la predicación de sus apóstoles.

La Iglesia reconoce su herencia judía pero la supera, asumiendo el papel del templo de Jerusalén destruido por los romanos. Además, los paganos también son salvados, al igual que los judíos, a través de Cristo Jesús.

Otra idea del autor podría ser afirmar que la salvación ofrecida por Jesús es superior a la prometida por las religiones mistéricas. Utilizando el mismo lenguaje (el término "misterio": Efesios 1:9; 3:3, 4, 9; 5:32; 6:19), el autor contrasta las religiones paganas y cristianas, argumentando que esta última es superior y definitiva.