«El Evangelio»

Según Mateo

Capítulo 14. EL EVANGELIO DE MATEO

Mateo presenta bastantes variaciones respecto a Marcos, resultado de un plan de reorganización del material que tenía delante. Su evangelio se asemeja a una nueva edición, ampliada y corregida, del Evangelio de Marcos. La comunidad en la que nace este Evangelio es también diferente a la del primer evangelista; sus preocupaciones y teología son distintas, y la imagen misma de Jesús adquiere otros matices y dimensiones.

Para Mateo, el Mesías, tanto de Israel como del mundo, es probado por sus milagros y las profecías de las Escrituras. Él es el nuevo intérprete absoluto de la Ley y habla tanto a la comunidad como al mundo contemporáneo.

Si se acepta la "Teoría de las dos fuentes", tal como se explicó en el capítulo 11, se considera que el Evangelio de Mateo es posterior al de Marcos. Según la opinión de la mayoría de los estudiosos, las fuentes prácticamente seguras de Mateo son el Evangelio de Marcos y la fuente Q. Además de este material, el nuevo evangelista agrega una rica tradición oral propia al principio y al final del esquema del primer evangelio: el nacimiento y los primeros momentos de Jesús, así como algunas historias posteriores a la resurrección. Esta tradición proviene principalmente de las comunidades cristianas de Judea y Galilea.

El creciente interés por la búsqueda del Jesús histórico ha llevado a que se otorgue más importancia al Evangelio de Marcos que al de Mateo, ya que se cree comúnmente que el primero está más cerca de lo sucedido realmente en la vida de Jesús. Sin embargo, en la Iglesia antigua, el Evangelio de Mateo gozaba de una prioridad absoluta sobre Marcos (y los demás evangelios) por varias razones, entre ellas el hecho de que Mateo es el único que presenta a Jesús fundando una Iglesia como institución distinta de la sinagoga judía y dando las primeras y breves instrucciones para su buen funcionamiento, especialmente en el capítulo 18.

Como autor, Mateo se encuentra ante un Evangelio completo, el de Marcos, pero se siente insatisfecho con lo que tiene ante sus ojos. Realiza más de un centenar de correcciones importantes y complementa el evangelio con materiales suplementarios. Esta forma de actuar de un autor evangélico con respecto a otro no concuerda con ninguna doctrina de la inspiración verbal de la sagrada Escritura. Al leer entre líneas, se percibe que el Evangelio de Mateo se presenta en su conjunto como una "vida de Jesús" que sirve como manual para el maestro cristiano, aquel "buen escriba que saca de su tesoro cosas antiguas y nuevas", tal como se define en el propio Evangelio en 13,52.

Esto permite al maestro cristiano encontrar material para su predicación comunitaria, para la liturgia o para la enseñanza en la catequesis. El "evangelio" como mensaje de Marcos se convierte más en un "libro" en Mateo, y los discípulos de Jesús forman "una Iglesia". Aunque esta Iglesia sigue creyendo en la venida de Jesús, la ve cada vez más lejana en el tiempo (25,5: el "novio", el Mesías, tarda) que los lectores del Evangelio precedente, el de Marcos.

1. Claves generales de lectura

Un análisis del contenido de Mateo no solo es interesante por sí mismo, sino también por los cambios, adiciones u omisiones que realiza con respecto a su base, Marcos. El lector comprenderá mejor el contenido del Evangelio de Mateo si utiliza una Sinopsis que presente los Evangelios en columnas paralelas, lo que le ayudará enormemente a percibir las alteraciones introducidas por Mateo. Estas modificaciones son un indicio claro de su pensamiento propio. Una buena Sinopsis en español es la de José Alonso y A. Vargas Machuca (Bibliografía).

Mateo lleva a cabo su tarea de "edición" del material no de manera aleatoria, sino siguiendo un plan concreto y con intereses teológicos específicos. En líneas generales, son tres las ideas principales que guían su labor:

1. Jesús es el cumplimiento de las promesas divinas hechas a Israel. Mateo utiliza repetidamente el esquema "promesa" (Antiguo Testamento) / "cumplimiento" (Jesús) para enfatizar este punto.

2. Jesús es el nuevo Moisés que proclama una nueva ley. Aunque esta ley es la antigua, es interpretada por Jesús. Los cristianos deben regirse por esta nueva ley.

3. Jesús funda una Iglesia, que tiene la misión de congregar discípulos y predicar el Evangelio. En este libro se recoge todo lo que puede interesar a la Iglesia, incluyendo enseñanzas doctrinales de Jesús, normas éticas, etc. Todo el Evangelio está orientado a ser la narración fundacional de la Iglesia.

2. Estructura

En líneas generales, Mateo sigue el esquema de Marcos, lo cual se hace especialmente claro a partir de 14,1. La utilización del material de la fuente Q (una colección de sentencias de Jesús de tono muy judío, lo que interesaba mucho a Mateo), obligaba a Mateo a modificar la estructura de su base principal, Marcos. Además, hay otros cambios condicionados por varios impulsos.

El primero es el deseo de ofrecer una "biografía" más completa de Jesús. Mateo progresa sobre la intención de Marcos de corregir el desinterés de Pablo por la vida terrena de Jesús. Para Mateo, los hechos y dichos del Maestro antes de su muerte y resurrección son fundacionales, tienen trascendencia en sí mismos y fundamentan una Iglesia. Esta intención de completar se nota sobre todo en el añadido de historias sobre la infancia de Jesús y tras la resurrección.

Las normas helenísticas de un relato biográfico prescribían que se narraran también los hechos maravillosos de la infancia del héroe: había que incorporar referencias a la importancia futura del recién nacido (2,2), su nacimiento milagroso, los peligros y acechanzas en el entorno de su nacimiento y primeros meses de vida y la milagrosa salvación del infante (2,1ss; 2,13ss). La dignidad divina de Jesús se pone de manifiesto ya en los primeros momentos, pues su nacimiento es extraordinario, virginal, en contraposición al de sus hermanos (Mateo 1,25).

Para esos primeros días de Jesús, Mateo utiliza como material de base narraciones populares que corrían ya entre los cristianos, y las emplea para transmitir un mensaje teológico muy preciso: Jesús es Hijo de Dios ya desde su nacimiento; todos los signos que rodean sus momentos iniciales en este mundo presagian una grandeza sin igual. El soberano que el mundo espera no es el Emperador (Virgilio, Égloga IV), sino Jesús que viene del Oriente (se creía que el salvador vendría desde allí) y al que adoran altas esferas religiosas de los paganos (los magos).

Por el lado de la conclusión del Evangelio, los relatos de las apariciones del Resucitado parecían ser exigidos por el pobre final de Marcos (que termina en 16,8; el resto, vv. 9-20, es un añadido secundario de otra mano que responde justamente a la misma necesidad que sintió Mateo), donde sólo se leía: «Id a decir a sus discípulos y a Pedro que Jesús os precederá a Galilea. Allí lo veréis, como os ha dicho». Al ampliar el marco de la "vida" de Jesús diseñado por su antecesor, Mateo continúa la tendencia de ir en contra de la visión paulina, mostrando un interés aún mayor por el Jesús terreno. Para Mateo, toda la vida de éste tiene un significado y será interesante en sí misma, especialmente por su doctrina. Jesús fue ante todo un maestro.

* El segundo impulso es el deseo de agrupar un material desordenado. Mateo ofrece series ordenadas de milagros, grandes discursos que reúnen y ordenan la doctrina de Jesús, y colecciones de parábolas. Los capítulos 3-13 de Mateo muestran desviaciones en la estructura de la obra de su antecesor porque a Mateo no le interesa sobre todo la cronología, sino el orden.

* El deseo de abreviar y recomponer el material de Marcos que le parece menos interesante, poco serio o demasiado pintoresco en detalles, sobre todo en los relatos de curaciones (compárese, por ejemplo, Mt 8,28-34 con Mc 5,1-17; Mt 9,18-26 con Mc 5,21-43). El espacio ganado con las abreviaciones lo rellena preferentemente aumentando los dichos de Jesús que manifiestan su doctrina.

a) Algunos pasajes de Marcos están eliminados sin razón alguna en apariencia, como varias curaciones (de un poseso, Mc 1,23ss; de un sordomudo, Mc 7,32ss, de un ciego, Mc 8,22ss).

b) Otras desviaciones respecto a su antecesor suelen tener alguna explicación: por ejemplo, el material de los discursos de Jesús está ordenado en cinco grandes sermones, no más, porque cinco son los libros de la ley de Moisés, el Pentateuco. Los milagros contados por Marcos son reunidos por Mateo en un ciclo de grandes hazañas de Jesús (Mt 8-9), porque así destaca más la grandeza del personaje.

En otras ocasiones, Mateo omite o cambia textos de Marcos que no dejan en buena luz a personajes que a él le merecen respeto, por ejemplo, la familia de Jesús (Mc 3,21, en donde aparece que los familiares piensan que Jesús está loco, ha sido omitido por Mateo). El evangelista aminora la crítica de su antecesor respecto a los discípulos. Éstos son menos torpes para creer (cf. Mt 14,3) y pasan de no tener fe a tenerla, aunque aún escasa (compárese Mt 8,26 con Mc 4,40).

En Mateo los discípulos comprenden mejor, reconocen con más facilidad a Jesús como Hijo de Dios, y pasan así a ser los representantes de la comunidad fundada por Jesús. El tratamiento de la persona de Jesús es especial: omite o cambia de Marcos todo aquello que pueda menoscabar la gloria o dignidad del personaje: compárese Mt 9,22 con Mc 5,30-31 (Jesús podría pasar por ignorante); Mt 13,58 con Mc 6,5 (podría parecer que Jesús era incapaz de hacer un milagro); Mt 19,16-177 con Mc 10,17-18 (Jesús también puede ser llamado bueno como Dios).

Respecto a la estructura propiamente tal del Evangelio hay que decir que no hay dos comentaristas que dividan la obra de Mateo de la misma manera. Una división muy antigua pero que parece acertada para entender el Evangelio podría ser la siguiente:

1. Introducción: Genealogía y nacimiento de Jesús.

2. Cuerpo del Evangelio dividido en cinco grandes secciones: cinco libros de la nueva ley de Jesús. Cada una de estas secciones o bloques contiene: a) una parte narrativa, mezclada a veces con contenidos doctrinales sueltos; b) un sermón que representa una sección de la nueva ley interpretada y proclamada por Jesús como el nuevo Moisés. En esta primera parte, Galilea cumple la función de tierra prometida en la que se cumplen los oráculos de los profetas (4,12-16).

3. Una conclusión solemne dividida en las partes siguientes: a) historia de la pasión y muerte del mesías; b) resurrección del mesías y apariciones; c) mandato de evangelización universal. En esta segunda parte, Jerusalén desempeña el papel de lugar en el que se cumple el destino final de Jesús en la cruz..., y su resurrección junto con la misión universal.

3. Intereses teológicos del Evangelio de Mateo

Los rasgos peculiares de Mateo en comparación con el de Marcos son los siguientes:

* En la doctrina sobre la Iglesia, se destaca en Mateo el interés en todo lo que afecte a ella. Este hecho indica que el autor del Evangelio se ve ya a una distancia temporal considerable desde la muerte de Jesús. Es único entre los cuatro evangelios el pasaje en el que Jesús funda la Iglesia: Mateo 16,16. En el capítulo 9 hemos discutido ya este texto en el que Mateo expande la base de Marcos para añadir las palabras fundacionales de la Iglesia, y hemos sostenido como muy probable que éstas no procedan del Jesús histórico, sino que reflejen el momento de Mateo ya que debieron ser pronunciadas por un profeta cristiano.

Para Mateo, la Iglesia es un grupo de seguidores de Jesús distinto al de los Doce; está bien constituido, con su jefe al frente, y posee una cierta organización (aunque todavía se perciben en ella profetas y maestros itinerantes, cf. Mateo 10) con su correspondiente disciplina (Mateo 18). La Iglesia debe expandir la doctrina de Jesús (Mateo 28,20), el Evangelio, hasta el final de los tiempos, que se imaginan más bien lejanos (Mateo 24,14 y 28,16-20). El sustento de esta entidad, la Iglesia, es la presencia real de Jesús en medio de ella (Mateo 28,20).

* La cuestión del retraso de la parusía es resuelta por Mateo de la siguiente manera: vendrá sin duda alguna, pero se retrasará un poco. No es tan inminente como creía el Evangelio de Marcos (capítulo 13). Es voluntad de Dios que el tiempo intermedio sean los años en los que la Iglesia predique el Evangelio por todo el mundo: hasta ese momento no vendrá el final: «Se proclamará esta buena nueva del Reino en el mundo entero para dar testimonio a todas naciones. Y entonces vendrá el fin» (Mateo 24,14).

* El problema teológico que supuso la destrucción del Templo (sede de la presencia de Dios según las creencias judías) fue resuelto por Mateo según pautas muy parecidas a las que utilizó el judaísmo normal para sobreponerse a la catástrofe. Sabemos ya que ante la forzada ausencia del Santuario el judaísmo se concentró en la observancia de la Ley, en la piedad interior, en la oración y en el culto centrado en la Sinagoga. El judeocristianismo de Mateo suplió la ausencia del Templo (ausencia que su comunidad no sintió tanto como el grupo de cristianos de Jerusalén) concentrándose también en la Nueva Ley interpretada y proclamada por Jesús y en el nuevo culto centrado en sus «sinagogas» propias en torno a la eucaristía.

* La ley de Moisés, reinterpretada por Jesús, sigue siendo válida como exigencia para la salvación aun después de la venida del Mesías Jesús. Aquí la toma de posición antipaulina parece evidente. Mateo se opone a la tesis de que basta la fe sola para que el hombre sea «justificado» (ser declarado libre de pecado por Dios), es decir, para que consiga la salvación. Las frases atribuidas a Jesús en defensa de la validez salvadora de la Ley para quienes le siguen son contundentes, como se muestra en Mateo 5,17-18: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o un ápice de la Ley sin que todo se haya cumplido». En Mateo 7,24 insiste el Jesús de Mateo en la necesidad de las obras: «Aquel que escucha mis palabras y las pone por obra...» (igual en Mateo 28,20).

Por otro lado, el Evangelio de Mateo alberga sentencias aparentemente contradictorias respecto a la eficacia de la ley de Moisés. Por un lado, hallamos un pasaje, Mateo 23,2, en el que se llega a recomendar la enseñanza de los fariseos. Por otro, la quinta antítesis del bloque 5,21-48 (vv. 38-42) presenta a Jesús interpretando un pasaje del Libro del Éxodo de modo que supone una abrogación de las directrices sagradas: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente [Ex 21,24]. Pero yo os digo: no resistáis al mal». Los comentaristas no se recatan en afirmar que el texto de Mateo dibuja a un Jesús que se opone al pasaje del Éxodo, y se toman notables esfuerzos por encontrar una vía de conciliación.

Probablemente hay en Mateo un reflejo de la oposición de dos materiales contradictorios: por un lado, las palabras respecto a la Ley que provenían del Jesús histórico dentro de un marco puramente judío, y que el evangelista respeta; por otro, la interpretación del evangelista, ya judeocristiana, que refleja la teología de su comunidad un tanto diferente a la de Jesús. Otros estudiosos apuntan a que la solución a semejante antinomia radica en lo siguiente: por una parte, el evangelista hace que Jesús se pronuncie claramente (Mateo 5,17-18) contra ciertos elementos de su comunidad que defendían la tesis paulina de que la observancia de la Ley no era necesaria para la salvación. Y el evangelista mismo, por otra, con su labor redaccional se opone a ciertos miembros de su grupo demasiado legalistas, recalcando la necesidad de la ley de Moisés, sí, pero interpretada por una instancia superior que es el Maestro, divinizado (Mateo 5,21-48); éste tiene potestad incluso para alterarla.

Mateo señala continuamente que Jesús está indicando que se debe entender la Ley de otro modo (antítesis de 5,21-48). Frente a los judíos que rodeaban o vivían junto a Mateo y que se agrupaban aún más en torno a la Ley eterna, el evangelista afirma que Jesús la ha precisado, completado y redefinido. La nueva ley es la de Moisés, sí, pero tal como la entiende y revela Jesús. Son tres los puntos principales de tal enseñanza:

1. La Ley se resume en el precepto del amor: Mateo 5,43.48; 7,12; 22,34-40.

2. No vale la mera observancia externa de la Ley: Mateo 9,13; 12,7.

3. La tradición oral no debe prevalecer contra el espíritu de la Ley (las «antítesis»: Mateo 5,21-48).

Una vez desaparecido el Maestro, los discípulos verdaderos deben continuar la misión de reinterpretar la nueva ley de Jesús. Hay muchos cristianos que no siguen las pautas verdaderas: éstos son los «falsos profetas» de Mateo 24,11-12. Los discípulos auténticos son los «escribas y maestros» de la comunidad que interpretan a su vez esa nueva ley sacando del tesoro antiguo (el Antiguo Testamento) y del nuevo (la tradición de Jesús) las riquezas necesarias para entenderla o acomodarla a los momentos precisos (Mateo 13,52). Así pues, la intención fundamental de Mateo es que la doctrina de Jesús se transforme en la norma de su grupo de seguidores, bien constituido ya en Iglesia. La utilización de esta palabra, en griego ekklesía, no es casual puesto que se emplea en la versión de los LXX para indicar la congregación o pueblo de Dios reunido en la travesía del desierto. La Iglesia tiene la misma función.

Si se compara esta posición mateana respecto a la Ley con la ya conocida de Pablo, no hay más remedio que confesar que en el seno del cristianismo del siglo I se albergaban posiciones teológicas difícilmente conciliables. En honor a Mateo quizás haya que decir que él se oponía más a una interpretación «libertina» de la teoría de la «justificación por la fe» que a la esencia misma del pensamiento paulino.

* En la cristología hay que señalar en primer lugar cómo Mateo presenta insistentemente a Jesús como el cumplimiento absoluto de las Escrituras antiguas siguiendo el esquema conocido de «promesa / cumplimiento». Jesús es la culminación de todo lo preanunciado por los profetas. El artificio literario para recalcar esta idea es repetir continuamente a los lectores la frase: «Y esto ocurrió para que se cumpliese la Escritura...», frase que introduce lo que la investigación denomina «citas de cumplimiento». Son en total 10: Mateo 1,22; 2,15; 2,17; 2,23; 4,14; 8,17; 12,17; 13,35; 21,5; 27,9. Al principio Mateo repite la fórmula con más frecuencia. Luego, cuando el lector está ya acostumbrado, más de tarde en tarde.

En Mateo se percibe un avance sobre Marcos respecto a la claridad con la que se presenta la filiación divina de Jesús. La posición del evangelista es la de exaltar todo lo posible la dignidad suprahumana de éste. Es Hijo de Dios no ya desde el bautismo, en un acto de adopción (Marcos), sino por su misma concepción milagrosa (Mateo 1-2: relatos de la concepción e infancia de Jesús). Su estatus se confirma en el bautismo donde la voz celeste proclama a todos, no sólo a Jesús (contrastar Mateo 3,17 con Marcos 1,11), la dignidad divina de éste. Pero Mateo es, como Marcos, cuidadoso con el sentimiento monoteísta del judaísmo: esa dignidad procede toda de Dios. En Mateo 28,28 el Jesús de Mateo afirma: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra», y en Mateo 11,27: «Todo me ha sido entregado por mi Padre...».

La filiación divina está unida con la cualidad de Jesús como mesías. Mateo reduce un poco la teoría de Marcos sobre el «secreto mesiánico»: los discípulos reconocen que aquel es Hijo de Dios, Mateo 14,33, y la confesión de fe de Pedro es de gran intensidad: Mateo 16,14ss. Jesús es, pues, el mesías verdadero, pero su mesianismo —como señalaba también su antecesor, Marcos— contiene como elemento indispensable el sufrimiento y el fracaso. El mesías de Mateo es ya claramente el Siervo doliente de Isaías, personificado (Mateo 8,17). Aunque la cita del profeta Isaías en el evangelio de Mateo aún no está unida a una mención expresa del «Hijo del hombre», ya falta poco para ello.

Diferenciándose de la posible crítica de Marcos (véase el pasaje Marcos 12,35-37 donde se pone en duda que el mesías tenga que ser necesariamente hijo de David) y de acuerdo con su concepción sobre la ley de Moisés, insiste Mateo en que Jesús es auténtico «Hijo de David», y lo resalta por medio de una genealogía en el solemne principio de su evangelio. Pero Mateo se aparta a la vez conscientemente de la concepción tradicional de mesías estrechamente relacionada con ese título tan judío y continúa el proceso de «desjudaización». En el relato de las tentaciones (Mateo 4,1-11) el Jesús de Mateo renuncia no a un falso mesianismo, sino a la concepción mesiánica tradicional judía que implicaba la aspiración a un poderío político de Israel sobre todas las naciones del mundo. Es Mateo quien ve que este tipo de mesianismo tradicional no puede conectarse fácilmente con su concepción de la Iglesia, un Israel nuevo que da nuevos frutos (Mateo 21,43) y de estructura universal, pues está constituida también por paganos convertidos a quienes se predicó el evangelio (Mateo 28,19).

El segundo evangelista elabora con mayor precisión que Marcos los rasgos pacifistas de Jesús («Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». Mateo 11,29) y hace hincapié especial en el hecho de que el Jesús histórico no impulsó de modo directo una militancia política activa contra los romanos. Jesús es contrario a cualquier «ruido de sables» o intentona militar contra el Imperio romano (Mateo 26,52: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñan la espada, a espada perecerán») rechazando la ayuda guerrera de doce legiones de ángeles que combatirían por él contra los romanos y sus colaboradores judíos de las clases superiores. Mateo introduce en el relato de la Pasión a la esposa de Pilato, que manifiesta la inocencia de Jesús respecto al cargo de sedición contra Roma (Mateo 27,19); la catástrofe de la caída y saqueo de Jerusalén (70 d.C.) es un castigo divino contra un pueblo deicida, Mateo 21,43, y a la vez un encargo de misión: «Se os quitará el reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

* La ética de Mateo se resume en dos formulaciones netamente judías: la «regla de oro» (Mateo 7,12 = Deuteronomio 6,5: «Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos, porque ésta es la Ley y los Profetas») y el doble mandato del amor (Mateo 22,27-40 = Levítico 19,18). Su impulso fundamental, la «imitación de Dios» (Mateo 5,48), es también muy judío.

4. Autor y lengua original

Según la tradición del escritor cristiano del siglo ii Papías de Hierápolis, Mateo, uno de los Doce, fue el primer evangelista y compuso su historia de Jesús en hebreo (arameo), que cada uno tradujo como pudo. Sin embargo, la crítica cuestiona esta opinión por dos razones principales. En primer lugar, el Evangelio de Mateo que tenemos hoy no es una traducción del arameo, sino una obra originalmente compuesta en griego, basada en los escritos de Marcos y la fuente Q, ambos en griego. Por lo tanto, o bien se ha perdido el "Mateo arameo", o bien el Mateo que poseemos es otro evangelio.

Además, se argumenta que no es plausible que uno de los Doce haya sido el autor de este evangelio, ya que tendría información de primera mano y no se basaría tan extensamente en fuentes previas, y mucho menos en griego. El autor de Mateo es considerado un escritor cristiano de segunda generación, ya que hace uso de textos escritos, lo que excluye la posibilidad de que sea uno de los Doce, como el publicano Mateo/Leví, cuya vocación se narra en Mateo 9,9.

Algunos estudiosos sugieren que el autor desconocido podría pertenecer a una "escuela de escribas cristianos" debido a su manejo de las Escrituras y a una posible alusión al propio autor en la mención del "buen escriba" que saca de su tesoro cosas viejas y nuevas. Sin embargo, esta suposición no puede ser probada, aunque resulta atractiva. Por tanto, la verdadera identidad del autor del Evangelio de Mateo sigue siendo desconocida, y la tradición eclesiástica lo atribuye a un discípulo de Jesús en un intento de otorgar autoridad a un evangelio importante para el desarrollo de la Iglesia.

El autor de Mateo era un judío helenizado, pero de tradición palestina, familiarizado con muchas de las enseñanzas de Jesús transmitidas por la comunidad cristiana palestina. Vivió y compuso su evangelio dentro de una comunidad judeocristiana mixta, con integrantes procedentes del paganismo. Esta comunidad estaba en fuerte tensión con el nuevo judaísmo "oficial" que se desarrolló después de la caída de Jerusalén. Aunque la comunidad de Mateo se consideraba parte de ese judaísmo, tenía sus propias interpretaciones de la Ley, basadas en las enseñanzas de Jesús. Esta situación llevó al grupo a ser más cumplidor y perfecto que la masa común de los israelitas, según lo expresado en Mateo 5,20.

El Evangelio de Mateo presenta una vigorosa cristología y una polémica contra los nuevos líderes del judaísmo oficial, como los escribas y fariseos. El autor muestra un gran interés por la tarea misionera de su fe, buscando confirmar la fe de los que ya creían en Cristo Jesús y proclamar la necesidad de una misión a todo el mundo, especialmente a los judíos, a quienes intenta convencer de que Jesús es el Mesías y de que deben aceptar la Ley mejorada por él, ahora que ya no hay Templo.

5. Lugar y fecha de composición

No es posible determinar con certeza el lugar de composición del Evangelio de Mateo. Se ha argumentado que en Mateo 17,24ss se afirma que un estáter es una moneda que vale dos didracmas, y que solo en Antioquía y Damasco tenía ese valor. Por lo tanto, se ha sugerido que el Evangelio podría haber sido compuesto en una de esas dos ciudades. Esta hipótesis es plausible y concuerda con el ambiente judeohelenístico del Evangelio, pero no se puede afirmar con absoluta seguridad.

En cuanto a la fecha de composición, se estima que fue después del Evangelio de Marcos y posterior a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., evento que se presupone en Mateo 22,7 y 23,38. Además, debe haber sido anterior al Evangelio de Juan, ya que este último parece conocer el material sinóptico. Por lo tanto, se sitúa en torno al año 80 o 90 d.C. del siglo I.