«El Evangelio»

Según Marcos

Capítulo 13. EL EVANGELIO DE MARCOS

El escrito de Marcos, posiblemente redactado tras la devastadora catástrofe del año 70, enfrentaba una serie de desafíos derivados de aquellos tiempos turbulentos: Jerusalén y el Templo habían sido prácticamente arrasados; los romanos no discriminaban claramente entre cristianos y judíos, considerándolos simplemente como facciones dentro de un mismo credo religioso. Ser identificado como "judío" acarreaba peligros, especialmente tras los disturbios provocados por la "Gran Revuelta", lo que había perturbado el equilibrio imperial. Además, la esperada llegada de Jesús como "señor y mesías" aún no se había materializado.

En el contexto del cristianismo primitivo, la composición de un evangelio representaba un paso innovador, pues transformaba las fragmentarias tradiciones sobre Jesús en una suerte de biografía coherente. Sin embargo, este hecho plantea interrogantes significativas: ¿Marcos se apega fielmente a sus fuentes? ¿O, por el contrario, introduce en su relato sus propias interpretaciones o las del círculo al que pertenece?

1. El evangelio más antiguo que se conoce

Entre todos los evangelios existentes, tanto los apócrifos como los canónicos, el de Marcos (Mc) es el más antiguo. Aunque no se cuenta con manuscritos que proporcionen la fecha exacta de su composición ni se conoce con certeza quién fue su autor (sin embargo, por tradición lo identificamos como "Marcos"), diversos elementos internos del Evangelio mismo y su comparación con otros textos cristianos permiten situarlo con bastante precisión dentro del siglo I d.C., al igual que los otros evangelios canónicos. Es importante destacar que todos los Evangelios son posteriores a las obras de Pablo, quien no hace referencia alguna a ellos en sus escritos. Estos evangelios fueron redactados en griego y se basaron en materiales que también estaban en griego, aunque provenían de tradiciones orales en arameo.

Para la composición de estos evangelios se requirió tiempo. Se estima que al menos transcurrieron entre 30 y 40 años después de la muerte de Jesús para que se llevase a cabo este proceso. Además, la "teoría de las dos fuentes", que sostiene que Marcos es la fuente común de Mateo y Lucas, sugiere que el Evangelio de Marcos fue escrito antes que estos últimos. El Evangelio de Juan, por su parte, evidencia su posterioridad al de Marcos, ya que hace uso del material sinóptico presente en Marcos, Mateo y Lucas.

El límite temporal para datar el Evangelio de Juan lo establece el P52, un fragmento manuscrito que contiene parte del Evangelio de Juan y que se data alrededor de los años 125-130 d.C. Esto sugiere que el Evangelio de Juan fue compuesto al menos unos 25 años antes de esta fecha, alrededor del año 100 d.C. Por lo tanto, el Evangelio de Marcos es anterior a esta fecha, lo que le dio tiempo para difundirse y ganar reconocimiento entre las iglesias, además de ser utilizado como fuente por Mateo y Lucas, e indirectamente por Juan.

Un hecho histórico crucial para fechar el Evangelio de Marcos es la caída de Jerusalén ante los romanos en el año 70 d.C. Esta catástrofe tuvo un impacto significativo en los judíos y los judeocristianos, y las alusiones a este evento, o su ausencia, pueden indicar el momento en que se escribió un texto religioso judío o judeocristiano. Algunos estudiosos consideran que el capítulo 13 de Marcos, conocido como el "pequeño apocalipsis" o "discurso escatológico de Jesús", hace referencia directa a la destrucción de Jerusalén y el Templo, lo que situaría la composición del Evangelio de Marcos después del año 70.

Otros argumentan que estas profecías son más generales y no muestran un conocimiento específico de la guerra judía del 66-70 d.C., lo que sugeriría una fecha un poco anterior a ese período. Sin embargo, la opinión predominante sostiene que el Evangelio de Marcos fue escrito después del año 70 d.C., especialmente considerando pasajes como la rotura del velo del Templo y la parábola de los viñadores homicidas, que parecen aludir a la destrucción de Jerusalén y su santuario.

2. Marcos como recopilador de material sobre Jesús

Marcos inició su tarea literaria en un contexto donde ya existían bloques de tradiciones sobre Jesús que habían sido recopilados y posiblemente traducidos al griego. Aunque hay debate sobre si Marcos conocía la fuente Q, está claro que tenía acceso a diversas colecciones de tradiciones sobre el Maestro. Entre estas colecciones se destacan:

* Un ciclo de milagros que presentaba a Jesús como un ser lleno de poder y en contacto especial con Dios. Estos relatos probablemente eran utilizados por los misioneros cristianos para contrastar la figura de Jesús, indudablemente un "hombre divino", con otros personajes divinos de las religiones paganas. Ejemplos de estos milagros se encuentran en Marcos 5 y 7.

* Un ciclo de "diálogos polémicos" o controversias contra los escribas y fariseos, abordando temas como el poder de perdonar pecados, la discusión sobre el ayuno, las espigas arrancadas en sábado y la compañía de Jesús con pecadores. Estas disputas se encuentran narradas en Marcos 2.

* Una colección de parábolas, que se encuentra en Marcos 4, utilizadas por Jesús para enseñar lecciones espirituales.

* Un discurso apocalíptico de Jesús, registrado en Marcos 13, que habla sobre eventos futuros y el fin de los tiempos.

* Una breve narración sobre la Última Cena y la eucaristía, que se encuentra en Marcos 10:42-45, y que posiblemente tenga sus raíces en parte de la tradición de Pablo, como se puede ver en 1 Corintios 11:23-26.

* Una historia de la pasión de Jesús, ya bien organizada, que abarca desde Marcos 14:13 hasta 16:8. Es probable que el origen de este relato sea la comunidad de Jerusalén, que estuvo más cercana a estos eventos que cualquier otra.

Sin embargo, todos estos elementos no estaban integrados entre sí. Además, existían muchas otras tradiciones sueltas sobre Jesús, algunas posiblemente orales y otras escritas en parte, lo que dificultaba la tarea de Marcos. No se contaba con datos precisos sobre la cronología o la geografía de estas historias, lo que añadía una capa adicional de complejidad a la labor de composición de Marcos.

3. Marcos como autor

Marcos, al estructurar su narrativa, optó por un enfoque "biográfico", aunque dejando de lado los detalles sobre la infancia de Jesús, probablemente desconocidos para él. Este enfoque inusual en la época prescinde de la narrativa tradicional de nacimiento, iniciando con la predicación de Juan Bautista y culminando con la crucifixión y resurrección de Jesús. Al comenzar con una profecía, Marcos sugiere indirectamente al lector que Jesús es el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. ¿Qué otros motivos podría haber tenido para componer su relato? Es posible que varios factores estuvieran en juego:

La curiosidad sobre la vida de Jesús: Ante la demora del apocalipsis predicho por Pablo (1 Tesalonicenses 4), era natural que los cristianos ansiaran conocer más sobre la vida de Jesús que lo que Pablo había mencionado. Marcos, al hacerlo, probablemente creía que su Evangelio equiparaba históricamente con la vida de Jesús.

Corregir a Pablo: Marcos puede haber sentido la necesidad de abordar la aparente desconexión entre la fe predicada por Pablo y la vida terrenal de Jesús, una omisión notable en las cartas de Pablo. Al destacar la vida de Jesús y su relación con su enseñanza, Marcos corrige esta brecha, avanzando más allá de Pablo al destacar que Jesús ya anunciaba su muerte y resurrección.

Coincidencias y divergencias con Pablo: Si bien Marcos coincide con Pablo en algunos aspectos, como la comprensión de la misión de Jesús solo después de la resurrección y el sacrificio de Jesús como un rescate por muchos, también se distingue en otros aspectos. Por ejemplo, mientras Marcos se opone a la ley mosaica, no adopta una posición radical como Pablo, considerando que la ley seguía siendo válida para los judíos convertidos pero no para los gentiles.

Polémica contra diferentes grupos: Marcos polemiza contra los fariseos, los parientes de Jesús, los discípulos inmediatos de Jesús y los seguidores de Juan Bautista. Al destacar las disputas de Jesús con los fariseos y al ubicar a Juan Bautista como precursor de Jesús, Marcos busca afirmar la superioridad de la enseñanza y la misión de Jesús.

Divulgación religiosa: Además, Marcos tenía la intención de propagar la fe cristiana, especialmente entre los gentiles, en línea con el plan delineado por Pablo dentro de la "teología de la restauración". Esta motivación también explica su enfoque polémico contra posibles opositores de su presentación de Jesús.

4. Estructura del Evangelio de Marcos

El estudio de los evangelios revela que, a pesar de su aparente simplicidad, son obras complejas que requieren una cuidadosa reflexión para desentrañar sus significados más profundos. Cada evangelio es el fruto de una labor exhaustiva por parte de su autor, quien dedicó mucho tiempo y esfuerzo a su composición. Estos textos están llenos de claves internas que nos guían hacia las ideas principales que los gobiernan, pero estas claves no siempre son evidentes a simple vista.

El evangelio de Marcos, en particular, está concebido como un drama escatológico, es decir, está impregnado de la creencia en la inminente llegada del fin del mundo, una convicción arraigada en su autor. Este drama se desarrolla en tres actos principales, con Jesús como protagonista y otros personajes como Juan Bautista y los discípulos desempeñando roles secundarios. Estos actos se despliegan de la siguiente manera:

I. Juan Bautista predica la necesidad de arrepentimiento en preparación para el Juicio divino y es posteriormente ejecutado (Marcos 1:7 y 1:14).

II. Jesús proclama el Reino de Dios y eventualmente es entregado para ser crucificado (Marcos 1:14 y 8:31/9:31/10:32).

III. Los discípulos, luego de recibir el encargo de predicar el Evangelio, experimentan persecución pero no son martirizados, ya que deben continuar la obra de Jesús (Marcos 1:1; 13:9-13).

IV. La conclusión del drama es la resurrección de Jesús y la promesa de su retorno como el Hijo del Hombre, marcando el establecimiento del reino de Dios (Marcos 16:1-8 + 13:1-37).

Marcos, en su calidad de autor apocalíptico, entrelaza pasajes que abordan el pasado, el presente y el futuro. Jesús es identificado como el misterioso "Hijo del Hombre", cuyas características son parcialmente conocidas por los lectores. Cuando se refiere al "Hijo del Hombre", Marcos puede estar hablando tanto de eventos presentes como futuros, reflejando la perspectiva apocalíptica que tiende a mezclar diferentes planos temporales.

El evangelio parece dividirse claramente en dos partes, siendo el punto central la primera predicción de la muerte y resurrección de Jesús (Marcos 8:31-34), precedida por la confesión de Pedro acerca de la identidad mesiánica de Jesús (Marcos 8:27-30). La primera parte del evangelio narra los momentos de mayor éxito en el ministerio de Jesús, cuando atrae multitudes y realiza numerosos milagros en Galilea.

Sin embargo, a partir de Marcos 8:34, el tono cambia y se vuelve más sombrío, señalando el inicio del viaje hacia Jerusalén y anticipando los momentos difíciles que están por venir. A pesar del rechazo que experimenta, incluso por parte de sus propios discípulos, Jesús continúa proclamando la necesidad de sufrir como mesías, lo que culmina en su muerte. Sin embargo, el evangelio enfatiza que este final trágico es solo aparente, ya que es seguido inmediatamente por la resurrección.

5. Intereses teológicos del Evangelio de Marcos

El Evangelio de Mc pretende conscientemente enriquecer la visión paulina con una teología más completa, es decir, insistiendo en puntos poco abordados por el Apóstol.

5.1 Jesús es más que un profeta, es el mesías prometido. Pero este mesías no es el «normal» que esperan los judíos, sino de otra clase. Marcos es el gran paladín de una nueva mesianidad de Jesús alejada de las concepciones tradicionales judías, la de un mesías triunfador sobre todos los enemigos de Israel (Salmos de Salomón 17; Targum Neófiti 1), o bien la de un sumo sacerdote sabio que enseña a todos la Ley, o ambas cosas a la vez.

Jesús, por el contrario, es un mesías doliente, equiparable al siervo sufriente de Isaías 53, es decir, un «varón de dolores» que expía por los pecados del pueblo (Hch 8,38), aunque Marcos no cite expresamente al profeta. Jesús es un mesías que se acomoda a un extraño plan divino que exige de su «ungido» (christós = «cristo» en griego) la humillación, el no reconocimiento de su pueblo, la incomprensión, el fracaso incluso hasta la muerte.

La escena de la institución de la eucaristía (14,12-35) está teñida por el ambiente de la pasión y el sufrimiento. Según el evangelista, la institución misma a la vez que presenta el nacimiento de la alianza verdadera refuerza la imagen de un mesías que ha de sufrir, que conoce de antemano el valor expiatorio del sacrificio de su muerte y lo justifica apelando a las Escrituras («Como está escrito de él»: 14,21). Todo ello ha sido revelado por las profecías de antaño; lo único que hay que hacer es leerlas bien.

En su historia de la Pasión Marcos narra los padecimientos de Jesús con alusiones constantes al Antiguo Testamento. Defiende así la misma tesis del cumpli­miento en ella de la voluntad divina revelada oscuramente de antemano por las profecías. Pero este mesianismo tiene un final feliz: la resurrección, la gloria de estar sentado a la diestra del Padre, y posteriormente la vuelta a la tierra como juez de vivos y muertos.

Este nuevo mesianismo es un paso teológico tan cristiano que los judíos no estarán jamás dispuestos a admitirlo. ¡Ningún judío habría reconocido en esta pintura al mesías de Israel! Esta concepción mesiánica es novedosa en el judaísmo si se exceptúan los himnos de Qumrán mencionados anteriormente (cf. 4QHe/4Q471b; 4QHa/4Q491) que presentan la misma combinación de fracaso y exaltación de un personaje con tintes mesiánicos.

La resurrección de ese mesías no aparece en los himnos qumránicos, aunque con cierto esfuerzo e imaginación podría deducirse de otros textos apocalípticos relacionados con estos textos. Con esta nueva concepción del mesianismo se pone la base para desarrollos ulteriores de la teología ya específicamente cristiana.

Así, a lo largo de su evangelio Marcos va emitiendo señales de que Jesús era el Cristo paulino, salvador universal (13,10) y pacífico, alejado de los problemas políticos del Israel de su tiempo. En el programa de su mesianismo no figura expresamente ni el ataque militar a los invasores de Israel, ni su derrota, sumisión y expulsión de la «tierra de Dios». Estas acciones son responsabilidad de Dios solo y por sus medios.

Este Jesús es ya bastante distinto al que hemos reconstruido en el capítulo 9 a partir de la predicación del reino de Dios. Al presentar a Jesús de ese modo, el primer evangelista difumina las implicaciones político-sociales indirectas del mensaje de Jesús sobre el reino de Dios en el que no cabían más que los fieles judíos: quedaban fuera romanos, griegos, herodianos e incluso los judíos no creyentes.

Tal como el evangelista la presenta, la historia del tributo al César (12,14-17) produce en el lector de su obra la impresión de que Jesús fue favorable al pago (Puente Ojea). Por consiguiente, un Jesús pro­rromano de algún modo, cuando en realidad no fue así. Afirmamos que Jesús veladamente (y fue luego acusado de ello: Lc 23,2) decía que lo que era de Dios, la tierra de Israel, debía seguir siendo de Dios, no de los invasores.

Nunca destaca Marcos el que Jesús muriera a manos de los romanos como un enemigo potencial del Imperio, pretendiente mesiánico y por tanto hostil a Roma, sino como víctima de los manejos de sus propios paisanos, los escribas y los saduceos. El evangelista pinta a Pilato intentando salvar a Jesús y cediendo sólo a las presiones de los propios judíos, lo que es bien poco verosímil (15,4-5).

Cuando Marcos se vio enfrentado a la tarea de aclarar a sus lectores la ejecución de Jesús sustituye ya la interpretación judeocristiana de una muerte del Maestro como mártir a manos de los romanos por la de un asesinato del Hijo de Dios largamente madurado por los dirigentes judíos, apoyados por el pueblo.

En suma: Marcos elimina cualquier sugerencia de que la doctrina de Jesús pudiera tener derivaciones en el estatus social y político del Israel de su tiempo. Pero ello significaba arrancar a Jesús del legado mesiánico tradicional y presentar­lo como un mesías que se apartaba radicalmente del pensamiento judío de la época.

Ello supone, como había hecho Pablo, una adaptación al público religioso, heterogéneo, del Imperio al iniciarse la predicación masiva a los gentiles. Esta adap­tación implicaba un doble proceso: «desjudaizar» a Jesús y «universalizarlo». El primero completará la tarea de presentar a Jesús como el mesías, sí, pero diferente a las concepciones normales imperantes en el judaísmo.

El segundo lo mostrará no ya como un salvador sólo del pueblo elegido, sino como redentor de todo el género humano. La tremenda potencialidad de estos dos impulsos, o procesos, se hará más palpable en escritores cristianos posteriores.

El secreto mesiánico

El tema del mesianismo de Jesús en el Evangelio de Marcos se ve ilustrado por una cuestión literaria e histórica importante conocida como el "secreto mesiánico". Se plantea de la siguiente manera: el evangelista repite varias veces que Jesús era el verdadero mesías; Pedro lo confiesa en el capítulo 8 y Jesús lo acepta. Según Marcos, esta afirmación se valida indudablemente por los milagros de Jesús. Sin embargo, el evangelista se preguntó: ¿cómo es posible que un ser divino, tan poderoso en milagros y con una misión tan importante, fuera tan malinterpretado por todos, incluidos sus propios discípulos, y condenado a una muerte ignominiosa?

El teólogo W. Wrede, de principios del siglo XX, sugirió una respuesta a esta dificultad: imaginó que Jesús ordenó que no se dijera a nadie que él era el mesías durante toda su vida. Esta "función de mesías" debía permanecer en secreto hasta su muerte y resurrección, según esta postura. Por lo tanto, muchos malentendidos y desprecios por parte de quienes lo condujeron a su trágico final podrían explicarse por este secreto mesiánico.

Aunque hoy en día no todos están de acuerdo con la tesis completa de Wrede, muchos estudiosos aceptan que el "secreto mesiánico" es, en parte, un artificio literario del evangelista. Sin embargo, la conciencia mesiánica de Jesús al menos al final de su vida es ampliamente aceptada. Cualquier tradición sobre Jesús es, de hecho, mesiánica.

El evangelista Marcos se esfuerza por presentar a Jesús y ofrecer a sus lectores una razón convincente para el dilema de "tanta dignidad y tan poco reconocimiento". Aunque las contradicciones en el texto de Marcos indican que el supuesto "secreto mesiánico" no puede haber sido real, este artificio literario quizás sirva para expresar una idea fundamental del cristianismo: la verdadera identidad y trascendencia salvadora de Jesús, el Cristo, solo puede ser comprendida después de su resurrección, con la iluminación del Espíritu.

5.2 El Evangelio de Marcos introduce el título peculiar de "Hijo del hombre" aplicado a Jesús con un significado mesiánico, particularmente evidente en el versículo 14:62, donde se asocia esta designación con la necesidad del sufrimiento y la muerte de dicho "Hijo del hombre" (8:31, 9:31, 10:32). Aunque es poco probable que todas las expresiones sobre el "Hijo del hombre" sean palabras textuales de Jesús, constituyen una tradición arraigada en Marcos, posiblemente desarrollada por los primeros seguidores de Jesús en la comunidad palestinense y atribuida luego a él.

El primer evangelista fusiona esta reflexión teológica sobre el título, dotándolo de un significado mesiánico, con la idea del sufrimiento salvador. Este enfoque sienta las bases para la fusión posterior, como se ve en Hechos 8:38 (y también en 1 Pedro 2:22-25), de la concepción del "siervo sufriente" de Isaías (53:7-8) con la figura mesiánica del "Hijo del hombre". Este paso teológico es crucial y establece una base indispensable para la teología cristiana posterior.

La teología del "Hijo del hombre" fue tan impactante para los judíos que es probable que hayan respondido con el Libro de las Parábolas de Henoc, del siglo I d.C. Este libro, que ahora forma parte del Libro I de Henoc, presenta a Henoc como una figura similar al mesías cristiano, un ser semiceleste que está a la diestra de Dios y lo asiste en las tareas mesiánicas. El autor de las Parábolas llama explícitamente a Henoc "Hijo del hombre", "Justo" y "Elegido", es decir, "mesías".

5.3 En el Evangelio de Marcos, Jesús es presentado como el "Hijo de Dios", una cristología que avanza sobre la tradición judeocristiana, siguiendo la línea de Pablo. Desde las primeras palabras del evangelio, se nos presenta a Jesús como "Jesús, hijo de Dios". Sin embargo, el significado exacto de este título en 1:1 es objeto de debate, ya que el Evangelio no es explícito al respecto. No está claro si se refiere a un hijo real de Dios o a un "hijo de Dios" en el sentido judío antiguo, es decir, un hombre normal amado especialmente por la divinidad, como un profeta o un rey. Probablemente, la interpretación más adecuada sea la primera, aunque Marcos no es claro al respecto y no especifica desde cuándo Jesús es considerado Hijo de Dios.

Es probable que Marcos piense que Jesús fue adoptado como Hijo de Dios en el momento del bautismo, como se indica en 1:11: "Tú eres mi hijo querido, en ti tengo mi complacencia". Antes de eso, Jesús sería simplemente un hombre. A medida que avanza el Evangelio, queda claro que Jesús pertenece a la esfera divina desde el momento del bautismo, con confirmaciones de potencias diabólicas y testimonios como el del centurión pagano en la crucifixión.

Marcos muestra que la dignidad celestial de Jesús es conferida por Dios mismo, y que Jesús es el "santo de Dios" (1:24) en quien Dios obra. El bautismo, la transfiguración y la resurrección confirman la filiación divina de Jesús, indicando al lector que es real, independientemente de cómo se explique. Jesús, siendo divino, lucha contra Satanás y lo derrota en toda la línea.

Para preparar a la gente para creer en Jesús como "Hijo de Dios", Marcos lo presenta utilizando la noción de "hombre divino", popular en el mundo griego. Jesús es retratado como un hombre prodigioso que realiza milagros y portentos, un maestro, consejero y sanador cuyos poderes sobrenaturales se deben a una participación especial de la potencia divina. Aunque Marcos muestra a Jesús como un taumaturgo, propone algunas correcciones a esta imagen, presentando los milagros de Jesús más como causa del odio irracional de sus compatriotas, especialmente la clase dirigente, que como prueba de su mesianidad. El fracaso final de Jesús también hace que sus prodigios no puedan ser fácilmente comparados con los estándares helenísticos, convirtiendo a Jesús en un hombre divino paradójico a los ojos de los griegos.

5.4 En el Evangelio de Marcos, los seguidores de Jesús forman la comunidad de la alianza verdadera, reconstruida y auténtica. A partir del relato de la institución de la eucaristía, se puede inferir que los discípulos de Jesús, a quienes el autor del evangelio se refiere 46 veces con el término "discípulos", constituyen esta comunidad fortalecida por la sangre del mesías en comunión con Dios.

El Jesús presentado por Marcos no habla de una "nueva" alianza, sino simplemente de "la alianza". Dada la proximidad del fin del mundo, no hay tiempo para una nueva alianza. Los discípulos que creen en Jesús lo siguen y le pertenecen. Los lectores, si creen en el evangelio y toman partido por él, se convertirán en los discípulos de Jesús una vez que hayan fallecido los primeros seguidores que lo acompañaron físicamente en vida (9:41-42).

5.5 Jesús es más universalista de lo que se esperaría de un judío observante. Este rabino es, por un lado, un judío estricto, pero también rompe, según el evangelista, con algunas costumbres fundamentales del judaísmo piadoso, como el ayuno o el rechazo del trato con pecadores. Se enfrenta a las autoridades judías y se abre, en cierto modo, a los paganos (cf. n.º 5.7), contraponiéndose de alguna manera a la Ley (2,23; 3,1ss; 10,11, y sobre todo 7,1ss).

Sin embargo, en ningún momento aparece en el Evangelio una formulación contra la validez salvadora de la ley de Moisés (cf. cap. 11). El Jesús de Marcos sigue creyendo que en esta ley de Moisés, bien y profundamente entendida, está la salvación. Aunque Pablo había ido mucho más lejos.

5.6 El fin del mundo está próximo. Aunque no se conoce exactamente cuándo ocurrirá, se afirma que será "en esta generación" (Mc 9,1). Esta declaración puede haber sido modificada por la Iglesia primitiva, pero refleja bien el pensamiento subyacente de Jesús (ver Mc 13,30). En el Evangelio de Marcos, el reino de Dios, que es el núcleo de la predicación de Jesús (1,15), implica el fin del mundo presente, como se describe en las catástrofes cósmicas de Mc 13. Aunque el reino de Dios es una realidad futura, aún no realizada, el tiempo de espera se considera muy breve (Mc 13,29: "Caed en la cuenta de que él [el Hijo del hombre] está cerca, a las puertas. Os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda").

Para Marcos, el fin del mundo y la venida del "Hijo del hombre", esta vez vendrá en toda su plenitud mesiánica y como juez, se entrelazan o, mejor dicho, son prácticamente simultáneos. Como se mencionó anteriormente, el Evangelio de Marcos se presenta como un drama apocalíptico. Cuando la escena final alcance su punto culminante, llegará el Hijo del hombre. Esto representa la conclusión feliz del drama y el advenimiento del fin.

5.7 Ciertos aspectos de la vida de Jesús son utilizados por Marcos para arrojar luz sobre la situación presente de su comunidad. Por ejemplo:

La destrucción del templo de Jerusalén después del año 70 lleva a Marcos a ver en Jesús más que un simple profeta de la restauración; lo considera alguien que predijo la destrucción del Santuario y se opuso de alguna manera al judaísmo (11,15-19). Los conflictos relacionados con el sábado (2,23-28) y la pureza (2,16; 7,14-23) respaldan el distanciamiento de su comunidad con respecto al judaísmo, con el que ya hay conflictos (cf. 10,30; 13,9).

El bautismo de Jesús (1,9-12) y la institución de la eucaristía (14,12-25) marcan el comienzo de los ritos actuales de su comunidad cristiana. Estos actos sustituyen al culto en el Templo.

La vida de Jesús prefigura en algunos episodios el inicio de la expansión cristiana y la inclusión de los paganos en el evangelio: en 3,7ss se señala cómo desde los territorios paganos cercanos a Galilea acuden personas a Jesús; él recorre esos territorios y tiene cierto éxito (5,1ss); se encuentra con una mujer sirofenicia y sana a su hija (7,24-30); Jesús declara que el Templo debería ser un lugar de oración también para los paganos (11,17), y una de las declaraciones más contundentes sobre Jesús como Hijo de Dios proviene de un pagano (15,39).

6. Autor

Según una tradición que se remonta a mediados del siglo II, proveniente de Papías de Hierápolis (en una obra ahora perdida, "Explicación de las palabras del Señor", de la cual Eusebio, en su "Historia eclesiástica" III 39,14-16, cita algunos fragmentos), se atribuye la autoría de este evangelio a Juan Marcos, discípulo e intérprete de Pedro. Se dice que recopiló la predicación y memorias del gran Apóstol con cierto desorden pero con fidelidad. Juan Marcos también se menciona como primo (?) de Bernabé, según Colosenses 4,10, y aparece nombrado en Hechos como compañero de Pablo: 12,12.25; 13,5; 15,37, aunque en algún momento parece haber tenido desavenencias con él.

Sin embargo, la mayoría de los estudiosos critican radicalmente esta información de Papías por varias razones:

1. El Evangelio de Marcos no muestra una relación especial con Pedro; de hecho, la figura de Pedro sale peor parada en este evangelio que en los de Mateo y Lucas.

2. Las tendencias teológicas del Evangelio de Marcos son más paulinas que petrinas.

3. La composición del evangelio no se limita solo a "recuerdos de Pedro" organizados en orden, sino que implica una recopilación de tradiciones previas de diversas fuentes.

4. El autor comete errores geográficos increíbles al describir Galilea, lo que sugiere que no sería lógico que un seguidor de Pedro desconociera la geografía de la región, como se observa en 5,1; 7,31 y 10,1, siendo este último especialmente notable.

5. Por lo tanto, la tradición que atribuye la autoría a Juan Marcos, discípulo de Pedro, carece de fiabilidad. Parece más bien un intento de situar el evangelio bajo la autoridad de Pedro, que en esa época ya era una figura venerable en la Iglesia junto con Pablo. En realidad, el Evangelio de Marcos es una obra anónima. El autor no revela nada acerca de sí mismo en su escrito y se desconoce su identidad, excepto por la sospecha, o casi certeza, de que era un cristiano de segunda generación. La famosa escena del joven envuelto en una sábana en 14,51 no aporta información relevante sobre la autoría del evangelio.

7. Lengua original del Evangelio de Marcos

La lengua original de este Evangelio fue, sin lugar a dudas, el griego, y las diversas fuentes que se recogen en él probablemente ya estaban escritas en ese idioma. El lenguaje no muestra indicios de ser una "traducción del griego", es decir, griego con influencia de una versión desde el arameo. A día de hoy, persiste la idea entre algunas personas de que los Evangelios fueron compuestos originalmente en arameo y que lo que poseemos es una traducción más o menos fiel de un texto primitivo. Resulta sorprendente para muchos que la tradición biográfica de Jesús se haya compuesto en su totalidad en griego. Sin embargo, esto es indudablemente así. No conservamos ningún evangelio escrito en la lengua de Jesús, el arameo. Por esta razón, los Evangelios forman parte no solo de la historia de la literatura judía, sino también de la griega.

Las características del lenguaje de Marcos, sencillo y directo, lleno de detalles pintorescos, sugieren que su obra debía ser bastante comprensible para un lector griego no cristiano. El autor se esfuerza por traducir al griego los términos arameos que utiliza en la narración, y es posible que los emplee para dirigir la mente de su lector hacia momentos de especial conexión entre el antiguo y el nuevo Israel (los cristianos).

8. Lugar de composición. Lectores potenciales

Se desconoce el lugar de composición de este Evangelio y la audiencia específica a la que iba destinado, pero algunas hipótesis pueden formularse a partir de los datos mismos del Evangelio. Desde tiempos antiguos, se ha sugerido que fue en Roma donde se compuso, con lectores también romanos en mente. Se ha planteado que el evangelio podría ser una apología o defensa de los cristianos ante las autoridades romanas después de la guerra contra los judíos (66-70 d.C.), con el propósito de que estas pudieran distinguir claramente entre las dos religiones, la cristiana y la judía. En el Imperio, después del gran levantamiento contra Roma, ser judío era peligroso. Aunque esta tesis es sugestiva, es importante reconocer que no se puede probar con total certeza.

El Evangelio de Marcos está escrito con realismo, utilizando historias y dichos de Jesús, en contraste con símbolos y elaboraciones complejas presentes en otros escritos religiosos judíos de la época. El autor adopta un tono muy sencillo para que su mensaje sea entendido por su público y busca que el lector se vea directamente implicado en lo que relata. El autor considera al lector como un potencial discípulo y seguidor de Jesús, alentándolo a estar preparado para cargar su cruz, como lo hizo el Maestro (8,34), y a participar personalmente en los eventos terribles pero gloriosos de los últimos días del mundo, que, aunque se retrasan, sin duda llegarán pronto (Mc 13). Además, enfatiza que la vida no termina en la cruz, sino en la resurrección.

Los lectores potenciales de Marcos no son judíos, ya que el autor se encarga de traducir los términos hebreos o arameos presentes en el texto y de explicar las costumbres hebreas. Por lo tanto, el Evangelio de Marcos se presenta como una obra divulgativa religiosa dirigida a lectores paganos. Estos lectores pueden ser cristianos que están comenzando su camino de fe desde el paganismo ("temerosos de Dios") o directamente paganos que sienten cierta atracción por conocer más sobre Jesús.