Después de Pablo…

Literatura del cristianismo

Capítulo 12. EVANGELIOS. LA FUENTE Q

El resto del Nuevo Testamento, compuesto por veinte escritos, se ha configurado principalmente por tres fuerzas que impulsaron su creación y desarrollo. Estas fuerzas se han manifestado en la reacción, tanto positiva como negativa, ante las enseñanzas de Pablo; la necesidad de fundamentar y justificar el progresivo distanciamiento del judaísmo; y la resolución de las dificultades que surgieron al confrontar el retraso del fin del mundo, un evento que inicialmente se había creído inminente. Además de estos impulsores primarios, también se consideran otros factores, como la reacción ante la destrucción del templo de Jerusalén y el cese de los sacrificios rituales.

En este capítulo, nos centraremos en la literatura evangélica, explorando la evolución de la producción escrita después del fallecimiento de Pablo. Nos preguntamos: ¿Cuál fue el propósito detrás de la creación de los Evangelios? ¿Qué significado exacto tenía y cómo se utilizaba el término "evangelio"? ¿Fue la forma literaria del "evangelio" una invención de los primeros cristianos, o tenía raíces previas? ¿Cómo se dio el paso desde la transmisión oral de las palabras y acciones de Jesús hacia su registro escrito? ¿Hubo algún tipo de copia entre los evangelistas, o cada uno ofreció una perspectiva única? Además, nos interesa indagar si es posible reconstruir alguno de los Evangelios perdidos, explorando las pistas y fragmentos que han llegado hasta nosotros.

Es muy probable que Pablo haya fallecido durante la persecución de Nerón contra los cristianos en Roma en el año 64. Los relatos apócrifos de Pablo, como los "Martyrium Pauli", sugieren esta posibilidad. Sin embargo, la muerte del Apóstol no hizo más que aumentar su influencia. Aunque sus cartas inicialmente se difundieron principalmente entre las comunidades que él mismo había fundado, sus enseñanzas sobre la justificación y salvación por la fe sola, así como la abolición del valor salvífico de la ley mosaica, se extendieron por todos los grupos cristianos. Esto generó tanto fervientes seguidores como enemigos acérrimos.

Desde el año 64, el Imperio Romano atravesó tiempos turbulentos. Tanto el pueblo de Roma como el de las provincias estaban hartos de las extravagancias y crueldades de Nerón. En el año 68, el emperador se vio obligado a suicidarse, dando inicio a una sucesión vertiginosa de tres nuevos emperadores en pocos meses. En este tiempo, en el exterior del Imperio, particularmente en Israel desde los años 60, se intensificó el sentimiento nacionalista. Los judíos cada vez estaban más convencidos de que era el momento, designado por la divinidad, de liberarse del dominio romano y establecer una teocracia en su tierra.

Este ambiente extremista se vio avivado por la incompetencia y corrupción de los últimos gobernadores romanos en la región. Finalmente, en el año 66, estalló la primera "Gran Revuelta judía" contra Roma. Aunque al principio pareció tener éxito, gradualmente la maquinaria romana imparable tomó el control. Una tras otra, las ciudades de Israel se rindieron ante los invasores, y en el año 70, Jerusalén cayó de manera estrepitosa, con su famoso Templo incendiado y el país devastado.

Como sabemos, la comunidad cristiana de Jerusalén probablemente se salvó de la aniquilación total al huir al exilio, posiblemente a Pella en Transjordania. Sin embargo, a partir de entonces, dejó de tener la influencia de "madre" de las comunidades cristianas que había disfrutado hasta ese momento. El cristianismo de corte paulino se convirtió en dominante. Al mismo tiempo, el judaísmo se enfrentaba al desafío de sobrevivir después de la tremenda catástrofe de perder su país y su Templo. Esto marcó el comienzo de una trayectoria irreversible en la que conceptos como el de ser un pueblo separado, las reuniones sociales y religiosas en las sinagogas, la oración, el estudio y la observancia de la Ley, definirían al pueblo judío en contraste con un entorno hostil.

En estos momentos, los cristianos, aunque oficialmente aún protegidos por las leyes que amparaban al judaísmo en el Imperio, se enfrentaron a la decisión de seguir el nuevo rumbo marcado por los "sabios de Israel" bajo el liderazgo de Yohanán ben Zakkay, o seguir su propio camino. Aquellos que optaron por lo segundo, básicamente tuvieron que elegir entre dos corrientes principales:

a) Un judaísmo-cristianismo al estilo de Santiago, el hermano del Señor, o de manera más suavizada como la de Pedro.

b) O una línea más alineada con el pensamiento de Pablo. En general, prevaleció esta última opción, aunque no sin controversia.

En términos generales, la influencia del pensamiento de Pablo fue bastante significativa en el Nuevo Testamento después de su tiempo como Apóstol, aunque no estuvo exenta de controversia. Esta influencia se puede ver de diferentes maneras:

1. Influencia Directa: Algunos libros del Nuevo Testamento reflejan directamente las enseñanzas de Pablo. Por ejemplo, esto es evidente en el Evangelio de Marcos y de Lucas/Hechos, así como en las Epístolas que fueron escritas por aquellos que siguieron las ideas y enseñanzas de Pablo, también conocidas como las epístolas de la "escuela" de Pablo o deuteropaulinas.

2. Reacción a sus Enseñanzas: Otros libros del Nuevo Testamento muestran una respuesta o reacción a las enseñanzas de Pablo. Por ejemplo, el Evangelio de Mateo y la Epístola de Santiago pueden ser vistos en este sentido, ya que responden o se relacionan de alguna manera con las ideas que Pablo había difundido.

3. Reacción a la Reacción: Incluso hay libros que parecen ser una respuesta a la reacción que surgió a partir de las enseñanzas de Pablo. Un ejemplo de esto sería el Evangelio de Juan, que en ciertos aspectos parece estar respondiendo a las interpretaciones o ideas que surgieron como reacción a las enseñanzas de Pablo.

En resumen, el Nuevo Testamento refleja una variedad de formas en las que las ideas de Pablo influyeron en el pensamiento y las escrituras de aquellos que vinieron después de él, ya sea directamente, en respuesta a él, o incluso en respuesta a la reacción que sus ideas generaron.

Además, observaremos cómo el cristianismo postpaulino tuvo que enfrentar dos desafíos planteados por el fracaso del judaísmo en el año 70, junto con el continuo paso del tiempo: cómo fundamentar o adaptarse al progresivo distanciamiento del judaísmo, y cómo resolver las cuestiones generadas por el aplazamiento de la "parusía" o segunda venida de Cristo.

La primera reacción a las enseñanzas de Pablo se manifiesta en los Evangelios sinópticos, que deliberadamente se alejan del enfoque paulino, el cual se centraba principalmente en la muerte y resurrección de Jesús como hechos fundamentales del cristianismo. Por otro lado, el Evangelio de Juan y sus Epístolas, conocidas como johánicas, pueden considerarse como una respuesta a los Evangelios sinópticos, reinterpretando críticamente el material contenido en ellos y respaldando la doctrina paulina sobre la encarnación y la primacía de la ley del amor.

Los seguidores de Pablo produjeron cartas, aunque no siempre las firmaron con su nombre, que continuaron desarrollando las enseñanzas del maestro en varios puntos. Cartas como las de Colosenses, Efesios y 2 Tesalonicenses corrigen o complementan las enseñanzas de Pablo en asuntos doctrinales, tales como la necesidad de reconsiderar el concepto del fin del mundo, cómo conceptualizar la Iglesia, que ya estaba bien establecida en la tierra, y la constitución del nuevo pueblo de Dios, compuesto tanto por judíos como por gentiles. Además, se aborda la idea de superar las religiones de misterio de la época (gnosticismo).

Por otro lado, la Epístola a los Hebreos sigue una línea teológica de especulación sobre el problema de la abolición de los sacrificios rituales, dado que ya no hay Templo en Jerusalén, y sobre cómo estos rituales fueron reemplazados por el sacerdocio y sacrificio de Jesús. Aunque su autor se permite una mayor libertad teológica que si estuviera estrictamente ligado al paulinismo. Por último, las llamadas Pastorales se ocupan de un tema que había interesado poco al Maestro: la organización práctica de las comunidades cristianas y el control del poder dentro de la Iglesia. Esto involucra cuestiones sobre cómo establecer auténticos cargos eclesiásticos y cómo mantener la doctrina correcta en las comunidades.

En el Evangelio de Mateo y la Epístola de Santiago, se puede percibir una clara y radical oposición a la doctrina de Pablo sobre la justificación por la fe y la abolición de la ley de Moisés. El Evangelio de Mateo enfatiza la doctrina de Jesús como fundamento de la Iglesia, manteniendo la validez de la Ley como un medio de salvación, aunque interpretada por Jesús. Por otro lado, la Epístola de Santiago se centra en los principios generales de la ética cristiana, que no deben alejarse del contexto judío.

La vena apocalíptica presente en el pensamiento de Jesús y de Pablo recibe un respaldo, aunque con correcciones, en el capítulo 13 del Evangelio de Marcos y en el Apocalipsis.

Las normas éticas para la comunidad cristiana, que anticipa una prolongada estancia en este mundo, son una preocupación común en los escritos de esta época. En Colosenses, Efesios, las Pastorales, 1 Pedro y la Epístola de Santiago, encontramos listas de deberes y virtudes para practicar, así como vicios que deben evitarse.

El problema del surgimiento de herejías en la comunidad cristiana es abordado por la Epístola de Judas, 2 Pedro y las Pastorales. Es curioso notar que una continuación del paulinismo se muestra en una Epístola titulada 1 Pedro, aunque en apariencia siga la línea de Pedro, esto no es necesariamente así.

Finalmente, el Nuevo Testamento posterior a Pablo se enfrenta a problemas significativos que surgieron a medida que el cristianismo se distanciaba lentamente, pero de manera decidida, de la sinagoga. Era necesario delimitar y controlar claramente cuál era la doctrina correcta del cristianismo. Las Epístolas Pastorales se ocupan de este tema, aunque posiblemente más en teoría que en la práctica concreta.

¿Qué se debía hacer con los escritos que ya estaban en circulación y que contenían palabras y enseñanzas del Señor, junto con las obras de Pablo y otros apóstoles? La respuesta la encontramos en 1 Timoteo, donde se afirma que las antiguas Escrituras aún tienen valor. Por otro lado, 2 Pedro se ocupa de estas obras cristianas, proporcionando indicios de que se estaba llevando a cabo un proceso de sacralización ante sus ojos: la formación de nuevas Escrituras cristianas.

En resumen, la literatura posterior a Pablo se ve influenciada, ya sea positiva o negativamente, por su legado. Además, aborda la formación o constitución de todo lo que una Iglesia necesitaba mientras se hacía evidente que su permanencia en este mundo sería prolongada: una estructura eclesiástica fuerte y bien organizada, un credo sólido y confiable, y gradualmente la formación de unas Escrituras propiamente cristianas, un canon en el que convivan el "Señor" y los "Apóstoles".

1. La fe de la comunidad primitiva y sus primeras formulaciones por escrito.

En el grupo judeocristiano de los inicios, como podemos inferir del capítulo 10, el interés principal radicaba en la proclamación oral de un mensaje particular dentro del judaísmo: la historia de un mesías que había muerto y resucitado. Este mensaje es conocido técnicamente como el "kerigma" (que significa "proclamación de un heraldo" en griego, kéryx). Según los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles, numerosos judíos, incluyendo a fariseos, se convirtieron a esta nueva creencia, recibiendo instrucción catequética en privado. Esta instrucción era conocida como "didaché" (del griego, "doctrina / enseñanza") o catecismo, que detallaba quién era realmente Jesús, cuál era su enseñanza, válida tanto en aquel entonces como en el pasado, y qué significado tenía para la salvación.

En aquellos momentos, surgió la necesidad de poner por escrito el contenido de esta instrucción catequética y de la proclamación en general, para estar seguros de lo que el grupo defendía ante el resto del judaísmo. Esto marcó lo que ha sido descrito como el "paso de la fe vivida a la fe consignada por escrito" (Salas, Orígenes del cristianismo, 24). Es razonable suponer, entonces, que en la primera generación de seguidores de Jesús se comenzaron a redactar notas, hojas volantes o breves cuadernillos con los aspectos más esenciales de la fe en torno al Maestro: sus hechos, sus dichos y su papel como mesías salvador.

Aunque no poseemos testimonios escritos de estos primeros documentos, es probable que este fuera el comienzo de la prehistoria escrita de lo que posteriormente se convertirían en los evangelios. Estas obras marcan el final de un proceso que duró alrededor de cuarenta años, durante el cual la tradición oral fue pasando gradualmente a la forma escrita.

2. El vocablo «evangelio». Su significado.

En la actualidad, el término "evangelio" hace referencia a un conjunto de libros que relatan la vida y obra de Jesús de Nazaret. Sin embargo, en el Nuevo Testamento este vocablo aún no tiene ese significado específico, con la posible excepción, muy debatida, del comienzo del Evangelio de Marcos (1,1): "Comienzo del evangelio de Jesucristo, hijo de Dios...". Esta frase probablemente debe entenderse en conjunto con el versículo 2 y los versículos 14-15: "Comienzo (es decir, del libro: bíblos en griego) que explica el mensaje (evangelio, en griego: euaggélion, 'buena noticia') de Jesús, que el reino de Dios está cerca". Por lo tanto, en el Nuevo Testamento, incluso en Mc 1,1, "evangelio" todavía significa "mensaje" o "anuncio". Fue solo en el siglo II cuando esta designación de "evangelio" comenzó a referirse a un escrito que presenta las palabras y acciones de Jesús (Didaché 8,2 y 15,3).

En la tradición del Antiguo Testamento encontramos el verbo "evangelizar" (basar en hebreo; euaggelízesthai en la versión al griego de los LXX) en algunos pasajes con un significado similar al del Nuevo Testamento: "anunciar una buena noticia". También encontramos en unos pocos casos el sustantivo besorah (euaggélion y euaggélia en la Biblia griega) con la amplia acepción de "noticia", generalmente buena pero no excluyendo la mala. Se ha sugerido que el uso del Antiguo Testamento, tanto en griego como en hebreo, ejerció una gran influencia en la utilización cristiana primitiva de "evangelio" y "evangelizar". Dado el trasfondo similar, esta influencia es plausible.

Incluso no sería inverosímil que Jesús mismo hubiera utilizado el término "evangelio" (en arameo besorta’, en griego euaggélion, "buena noticia") para referirse a su anuncio del reino de Dios. Restos de esta denominación podrían encontrarse en la expresión "evangelio del Reino" (Mt 4,23; 9,35) o en Mc 1,15 ("Convertíos y creed en la buena nueva"). De ser así, la comunidad primitiva simplemente seguiría un uso establecido por Jesús mismo, quien podría haberse considerado a sí mismo como un mebasser (hebreo, "profeta", "anunciador" [del Reino]: Lc 4,16ss; 7,22).

Por otro lado, los estudiosos han señalado repetidamente que el término "evangelio" (siempre en plural) aparece con un significado notablemente similar al del Nuevo Testamento en el contexto del griego helenístico de la época. En textos, naturalmente paganos, que se refieren al culto al Soberano / Emperador como salvador del mundo, se encuentran expresiones de "buenas nuevas" (siempre en plural). Un ejemplo clásico es la famosa inscripción de Priene (una ciudad de Asia Menor, fechada en el año 9 a.C.; Salas, Orígenes del cristianismo, 56ss). En esta inscripción se celebra el cumpleaños de Augusto, quien es descrito como salvador del mundo y dotado de poder divino. El Emperador ha traído la paz a todo el mundo conocido. Augusto es una manifestación de la divinidad, y su nacimiento marca el inicio de las "buenas noticias" de la salvación presente.

Algunos académicos sugieren que estas similitudes entre el "evangelio / buena noticia cristiana" y las "buenas noticias" en el ámbito de la religiosidad pagana helenística son pruebas sólidas de que los cristianos adoptaron el término "evangelio" del culto al Emperador para referirse a la buena nueva del mensaje de Jesús. Este uso habría surgido en la comunidad cristiana helenística, que hablaba griego, y luego se habría extendido a otros grupos cristianos. Sin embargo, debemos ser cautos con esta afirmación: el uso del término en singular no está atestiguado en el griego helenístico, y el "evangelio" de Augusto y otros personajes famosos carecía por completo del componente escatológico y apocalíptico que caracteriza al "evangelio" cristiano, es decir, no se refería al fin del mundo presente, sino al inicio de una era de paz y prosperidad. Aquí vemos posiblemente un caso en el que tanto la religiosidad que proviene del Antiguo Testamento como la helenística mediterránea pagana coinciden en el uso de una palabra. En una época de angustia general y anhelo de paz y salvación, la coincidencia en el uso del término "evangelio" para su mensaje de salvación no debería sorprender. Sin embargo, no sería extraño que el uso del término "evangelio" en el culto al Soberano como salvador hubiera preparado el terreno para su uso cristiano cuando el cristianismo se extendió al mundo pagano. Incluso es posible que este uso cristiano haya sido una respuesta y una competencia al culto al Soberano, afirmando que solo el "evangelio" traído por Jesús es verdadero; él es el único salvador, no el Emperador.

Independientemente del origen exacto de este término, parece bien fundamentado afirmar que la comunidad primitiva (anterior a Mateo, Lucas, Marcos y Pablo) lo utilizaba no para referirse a un "libro", sino a) para designar la proclamación de la venida de Dios como juez final, como se deduce de su uso en Mt 11,2-6 = Lc 7,18-23: textos provenientes de la llamada "fuente Q"; y b) para anunciar el núcleo del mensaje cristiano. Por ejemplo, en 1 Cor 15,1.3-5: "Os recuerdo, hermanos, el evangelio que os prediqué... porque os transmití... lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras...".

Hacia mediados del siglo II, cuando las obras de Mateo, Lucas, Marcos y Juan ya circulaban entre las iglesias, el significado del término "evangelio" comenzó a cambiar tímidamente: aún se usaba "evangelio" para referirse al "mensaje" y aún no se había establecido del todo su significado como "libro". Para designar los Evangelios como libros, a veces se los llamaba "Memorias de los apóstoles" (Justino mártir, Apología I 66,3), otras veces "Oráculos del Señor" (Papías, en Eusebio, Historia eclesiástica III), y otras veces simplemente "Evangelios" (el mismo Justino, en el mismo pasaje citado). Probablemente debemos esperar hasta principios del siglo V para que se hable habitualmente del "Evangelio de Lucas, de Mateo, etc.". El cambio de significado ya se había producido, pero no podemos trazar una línea clara de cómo se pasó del significado de "mensaje" / "proclamación" a "libro que contiene la vida y el mensaje de Jesús". Lo que es seguro es que la comunidad cristiana otorgó un nuevo y preciso contenido semántico a un término ya existente, un significado que perdura hasta hoy día.

3. El paso de la tradición oral a la escrita.

La vida religiosa de la comunidad primitiva generó diversas circunstancias e impulsos que eventualmente llevaron al lento proceso de registrar por escrito las palabras de Jesús. Estos impulsos surgieron de diversas actividades y situaciones dentro de la comunidad, como la predicación durante los actos litúrgicos, la catequesis, las controversias con los judíos, y la misión hacia los paganos, entre otros. Todas estas actividades se beneficiarían de contar con relatos fijados por escrito sobre los dichos y hechos de Jesús, es decir, una tradición sólida y accesible para todos. Los fundamentos de esta transición de la tradición oral a la escrita han sido esclarecidos en parte mediante el método de investigación conocido como Historia de las Formas.

¿Qué "situaciones vitales" impulsaron entonces la transición a registros escritos sobre Jesús? Podemos considerar algunas posibilidades:

* En Jerusalén, donde la primera comunidad cristiana estaba reunida y se vivía la expectativa escatológica, es decir, la esperanza en un inminente fin del mundo, hubo un interés en recopilar dichos proféticos, escatológicos y apocalípticos de Jesús, además de la historia de su martirio.

* Durante las reuniones litúrgicas en las iglesias domésticas, donde se compartía el pan, podría haber surgido una haggadah (un "relato de tema religioso") cristiana, similar a la haggadah judía de la Pascua, comenzando así a transmitirse relatos sobre la Última Cena.

* En ambientes cristianos con inclinaciones gnósticas o en aquellos que valoraban temas de sabiduría, se recogerían dichos de Jesús con un tono sabio, donde el Maestro, ya fallecido, era visto como una encarnación de la Sabiduría divina.

* La misión hacia los paganos hizo necesario recopilar pronto historias milagrosas sobre Jesús para utilizarlas en la defensa de la veracidad de la "buena nueva". En la Antigüedad, la veracidad de una propuesta religiosa se confirmaba a través de los milagros.

* Para las necesidades cotidianas de la comunidad, ya sea para su instrucción, consuelo o edificación, y para determinar prácticas o prohibiciones específicas, diversos grupos reunieron tradiciones que les afectaban particularmente en bloques escritos.

* Satisfaciendo las necesidades de la predicación interna de la comunidad, se recopilaron algunas colecciones de dichos de Jesús agrupados por temas, especialmente aquellos de contenido ético o moral.

Estos son solo algunos ejemplos de las situaciones que dieron lugar a la repetición y memorización de las palabras y acciones de Jesús, utilizando técnicas mnemotécnicas que eran familiares para los judíos. Incluso el marco geográfico de ciertas secciones de los evangelios ("Esto ocurrió en Cafarnaún..., en Betania...") sugiere las localidades de origen de algunas tradiciones pasadas a papiro o pergamino. Por ejemplo, de Mc 1,16-4,34 podemos inferir que la actividad de Jesús extendida por toda Galilea fue registrada especialmente en Genesaret y Cafarnaún (mencionadas varias veces), donde se plasmó por escrito. Las tradiciones sobre la Pasión probablemente se formaron en Jerusalén, la ciudad más cercana a los eventos, primero de forma oral y luego por escrito. Este período de pura tradición oral fue breve.

Tanto la posible prehistoria de la llamada "fuente Q", que podría haberse basado en pequeñas colecciones previas de dichos de Jesús, como los escritos encontrados en Qumrán, demuestran que la espera ansiosa de un fin inminente del mundo no era un obstáculo para poner por escrito una tradición espiritual valorada. Otro factor que contribuyó al proceso de fijar por escrito la tradición sobre Jesús fue la muerte de los discípulos directos de éste. Además, la anticipada parusía o segunda venida de Jesús podía haberse prolongado más de lo esperado.

4. Reelaboraciones del material evangélico previas a la composición de los evangelios.

En estas primeras transcripciones por escrito, es innegable que se produjeron ciertas tempranas reelaboraciones y pequeñas alteraciones en la tradición. Este proceso es completamente normal tanto en la tradición oral como en sus primeras etapas escritas. Las reelaboraciones fueron diversas, como han señalado comúnmente los especialistas:

La primera de ellas, naturalmente, fue lingüística. Jesús y sus discípulos hablaban habitualmente en arameo y predicaban en esta lengua, pero muy pronto sus dichos fueron traducidos al griego, tan pronto como el grupo cristiano comenzó a expandirse. El acto de traducir ya implicaba una variación. Por ejemplo, la traducción de la frase aramea "hijo de hombre", sin artículo, a "el Hijo del hombre", con dos artículos, es un ejemplo de este proceso.

La segunda adaptación fue de carácter social. Con la expansión misionera, los textos pasaron de una cultura rural, como la de Palestina, a una cultura urbana, propia de grandes metrópolis como Antioquía, Éfeso, Corinto y Roma. Un caso curioso y característico es cómo en Mateo y Marcos se describe la casa como una vivienda palestina, rural, de una sola habitación (cf. Mt 5,15), con techo de adobe (Mc 2,4); mientras que en Lucas se presenta como una vivienda urbana, de varias habitaciones (Lc 8,16), con tejas (Lc 5,19).

La tercera adaptación fue de carácter cultural. El paso de la cultura semítica a la griega requirió ciertos ajustes. Un ejemplo conocido es la norma de Jesús sobre la prohibición del divorcio. En Palestina, solo los hombres tenían esta posibilidad, no las mujeres. En Marcos, influenciado por un ambiente grecorromano, la prohibición se extiende también a las mujeres, ya que en ese contexto las mujeres tenían el derecho de solicitar el divorcio (Mc 10,11-12).

La cuarta adaptación fue eclesial. El grupo de los Doce y unos pocos discípulos era distinto de la comunidad primitiva, que creció rápidamente y se enfrentó pronto a nuevos desafíos. Por ejemplo, las normas de corrección fraterna en Mateo (cap. 16) se interpretan como una adaptación de una enseñanza de Jesús reevaluada a la luz de los problemas organizativos de un grupo cristiano más estable (cf. Segalla, 205).

Durante este período de transición de la tradición oral a la escrita, también jugó un papel destacado la labor de reelaboración o creación de los dichos de Jesús por parte de los profetas cristianos. Estos profetas creían estar inspirados por el mismo espíritu del Maestro y hablaban en su nombre. Se ha criticado mucho el método de la "Historia de las Formas" por resaltar en exceso la figura de estos profetas como verdaderos "creadores" e "inventores" de dichos de Jesús que luego se atribuyeron a él, aunque en realidad no haya sido así.

A pesar de estas críticas, es innegable que los profetas tenían la función de transmitir o adaptar las enseñanzas del Maestro a su realidad presente. Aunque es difícil aceptar que inventaran dichos o acciones completamente nuevos de Jesús sin base en la vida de este, al mismo tiempo es imposible negar —dada la clara libertad con la que se trataba la tradición oral— que estos profetas y maestros cristianos no solo conservaron la tradición de las enseñanzas de Jesús y la descripción de sus acciones, sino que también las alteraron y reelaboraron, a veces de manera significativa.

Esta transición de la tradición oral a la escrita eventualmente dio lugar a los cuatro evangelios de la colección actual. Los métodos de composición utilizados por sus autores son conocidos gracias a los arduos trabajos de muchos investigadores que han desarrollado y difundido el método conocido como "Historia de la Redacción". Como hemos aprendido en el capítulo 7, la intención teológica específica de cada evangelista fue lo que los motivó a reunir los diferentes bloques de tradición y a unirlos conscientemente de manera específica en una obra literaria coherente.

5. ¿Son los evangelios un producto literario único? El género literario «evangelio»

Los evangelios canónicos, según muchos académicos, representan un género literario único y distintivo en la antigua literatura griega. Son considerados como un tipo de relato histórico-kerigmático, que combina la proclamación de una fe con elementos biográficos. Estos relatos no solo narran eventos del pasado, sino que también comunican un mensaje relevante para el presente, invitando a los lectores contemporáneos a conectarse con ellos a través de la fe.

Es cierto que no existen obras en la literatura antigua que se puedan comparar directamente con el Evangelio de Marcos, el primer evangelio que ha llegado hasta nosotros. Como señala J. Montserrat, dos aspectos distintivos de los evangelios son su contexto semítico y la singularidad de su protagonista, ya sea divino o casi divino. La obra más similar en la literatura griega antigua sería la "Vida de Apolonio de Tiana" de Flavio Filóstrato, escrita en el siglo III, la cual muestra influencias claras de los evangelios cristianos. Además, para encontrar un paralelo cercano a los evangelios, debemos remitirnos a las "Vidas de Buda" de la tradición pali, que presentan una estructura narrativa muy similar a los Evangelios sinópticos, con una sucesión de hechos, milagros y dichos.

A pesar de estas similitudes, es importante no exagerar la singularidad del género "evangelio" dentro de la historia literaria. Como se argumenta, los evangelios comparten rasgos con el género más amplio de "dichos y hechos de un personaje ilustre". En la tradición judía, aunque no hay obras idénticas, existen paralelos como algunas partes de la Autobiografía de Flavio Josefo y la colección de Dichos y hechos de los rabinos famosos. Además, en el ámbito helenístico grecorromano, los paralelos más evidentes se encuentran en el género de las "biografías", donde los evangelios se ajustan al formato narrativo que presenta los dichos y hechos de un personaje relevante.

Los evangelistas Mateo y Lucas refuerzan esta intención biográfica añadiendo relatos de la infancia y genealogías de Jesús, lo que sugiere que pretendían ofrecer una narración cronológica de su vida terrenal. Sin embargo, es importante tener en cuenta que estas narrativas se ajustan a los estándares literarios de la época helenística, donde las biografías servían más como vehículos para resaltar la personalidad del individuo retratado que como registros históricos precisos.

En el caso de los evangelios, estos no son meros relatos biográficos, sino obras divulgativas religiosa que buscan persuadir al lector a aceptar la fe cristiana. Presentan los dichos y hechos de Jesús de manera que promuevan una interpretación particular y fomenten la adhesión a la fe. Los evangelios se presentan a sí mismos como relatos fundamentales para el cristianismo, narrando el cumplimiento de la historia de la salvación y buscando el compromiso del lector con su mensaje.

6. La «cuestión sinóptica» o quién copió de quién.

El lector habrá notado que nuestra atención se centra principalmente en los tres primeros evangelios: Mateo, Marcos y Lucas. Esto se debe a que forman un conjunto coherente entre sí, mientras que el cuarto evangelio, el de Juan, es notablemente diferente y requiere un tratamiento especial. En un capítulo dedicado a él, explicaremos por qué se considera único.

Al analizar los tres primeros evangelios, es evidente que comparten narrativas similares, presentadas en un orden casi idéntico y a veces utilizando las mismas palabras. Un ejemplo ilustrativo sería:

Tabla 1ª Concomitancias entre Mt - Mc - Lc

Mt 21,23-27

23Llegó al templo, y
mientras enseñaba, los
sumos sacerdotes y los
senadores del pueblo se
le acercaron preguntándole:
—¿Con qué autoridad actúas así?, ¿quién
te ha dado esa autoridad? 24Jesús les replicó:
—Os voy a hacer
también yo una pregunta; si me respondéis, os diré yo con qué
autoridad actúo así.
25El bautismo de Juan,
¿qué era: cosa de Dios
o cosa humana?
Ellos razonaban para
sus adentros:
—Si decimos «de
Dios», nos dirá que entonces por qué no lo
creímos; 26 y si decimos
«humana», nos da miedo de la multitud, porque todos piensan que
Juan era un profeta. 27 Y respondieron a
Jesús:
—No sabemos.
Entonces les declaró
él:
—Pues tampoco os
digo yo con qué autoridad actúo así.

Mc 11,27‑33

27Llegaron de nuevo
a Je­rusalén y, mientras
paseaba por el templo,
se le acercaron los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores
28y le preguntaron:
—¿Con qué autoridad ac­túas así?, o sea,
¿quién te ha dado la autoridad para ac­tuar así? 29Jesús les contestó:
—Os voy a hacer una
pre­gunta; contestádmela y os diré con qué
autoridad actúo así.
30El bautismo aquel de
Juan, ¿era cosa de Dios
o cosa humana? Contestadme. 31Ellos razonaban, dicién­­dose unos a otros:
—Si decimos «de
Dios», dirá: «Y, entonces, ¿por qué no le
creísteis?»; 32pero si decimos «cosa humana»…
(Tenían miedo del pueblo, porque todo el
inun­do pen­saba que
Juan había sido realmente un profeta.) 33Y respondieron a
Jesús:
—No lo sabemos.
Jesús les replicó:
—Pues tampoco yo
os digo con qué autoridad actúo así.

Lc 20,1‑8

1Uno de aquellos días,
mientras enseñaba al
pueblo en el templo
anunciándoles la buena
noticia, se presentaron
los sumos sacerdotes y
los letrados con los senadores 2y le hicieron
esta pregunta:
—Dinos con qué
autoridad actúas así; o
sea, ¿quién es el que te
ha dado esa autoridad? 3Jesús les replicó:
—Os voy a hacer yo
también una pregunta.
Decidme: 4el bautismo
de Juan, ¿era cosa de
Dios o cosa humana? 5Ellos se pusieron a
deliberar: si decimos
«de Dios», dirá: «Y ¿por
qué razón no le creísteis?»; 6y si decimos,
«cosa humana», el pueblo entero nos apedreará, convencido como
está de que Juan era un
profeta. 7Y le contestaron que
no lo sabían. 8Entonces Jesús les
replicó:
—Pues tampoco os
digo con qué autoridad
actúo así.

El hecho singular de tantas semejanzas requiere una explicación, pues parece que o bien todos han copiado de una fuente común, o bien uno de los tres evangelistas es la fuente de los otros dos. La coincidencia es tan exacta en algunas frases que puede excluirse el que los tres evangelistas estén redactando de memoria una anécdota conocida de Jesús, transmitida oralmente, y que hayan coincido por casualidad. Por otro lado, las disimilitudes son también notables, aunque se ven más claras en otros textos paralelos que en éstos. Por ejemplo:

Tabla 2ª

Mt 3,13

13Entonces aparece Jesús que viene de Galilea al Jordán donde
Juan, para ser bautizado por él. 14Pero Juan
trataba de impedírselo
diciendo:
—Soy yo el que necesita ser bautizado por
ti, y tú vienes a mí? 15Respondióle Jesús:
—Déjame ahora, pues
conviene que así cumplamos toda justicia.
Entonces lo dejó.
16Bautizado Jesús salió inmediatamente del
agua…

Mc 1,9-10

9Por aquellos días vino
Jesús desde Nazaret de
Galilea y fue bautizado
por Juan en el Jordán.
10No bien hubo salido
del agua…

Lc 3,21

21Cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también
Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo…

Las variantes en los relatos son perceptibles. Por ejemplo, el añadido de Mateo (vv. 14-15) es notable, ya que justifica teológicamente el bautismo de Jesús, aunque de manera enigmática con la frase "Conviene que así cumplamos toda justicia". Este añadido aborda por qué Jesús, siendo divino y sin pecado, se somete al bautismo junto con el resto del pueblo pecador. Asimismo, las variaciones en el relato de Lucas son notables. En primer lugar, omite mencionar a Juan en el bautismo de Jesús, como si no quisiera resaltar que fue Juan quien lo bautizó. En segundo lugar, introduce un tema importante para él: la constante oración de Jesús, un aspecto ausente en los otros evangelios. Estas diferencias muestran cómo cada evangelista aborda el relato desde su propia perspectiva, a pesar de narrar el mismo evento.

Además, existen discrepancias significativas entre los evangelios. Por ejemplo, ¿por qué Lucas omite casi por completo el material interesante de Marcos desde el capítulo 9, versículo 1, hasta el capítulo 18, versículo 14, e introduce otro material que no se encuentra en Marcos? ¿Por qué los relatos de Lucas sobre el nacimiento e infancia de Jesús difieren tanto de los de Mateo, dando la impresión de referirse a un personaje diferente? Estas discrepancias plantean la pregunta inevitable: si un evangelista copió de otro o todos copiaron de algún otro texto anterior, ¿cómo se explican estas diferencias?

Estas interrogantes constituyen lo que se conoce como el "problema sinóptico". Este problema busca explicar tanto las similitudes como las diferencias notables entre los tres primeros evangelios.

Desde el siglo XVIII, se han propuesto diversas soluciones a este problema, ya que se reconoció la necesidad de abordarlo desde una perspectiva crítica literaria e histórica. En esta Guía, adoptamos la solución conocida como la "Teoría de las dos fuentes", que es ampliamente aceptada por la mayoría de los estudiosos en la actualidad. Esta teoría sostiene que Marcos fue el primer evangelio cronológicamente, y tanto Mateo como Lucas se basaron en él, modificándolo y enriqueciéndolo según su criterio.

Los principales argumentos que respaldan esta solución son dos:

En primer lugar, la observación de que Mateo y Lucas solo coinciden entre sí cuando su orden y vocabulario se asemejan al de Marcos. Es decir, Mateo y Marcos pueden estar de acuerdo en contra de Lucas, y Lucas y Marcos pueden estar de acuerdo en contra de Mateo, pero Mateo y Lucas no están de acuerdo entre sí en contra de Marcos. Esta coincidencia sugiere la prioridad de Marcos como fuente común.

En segundo lugar, esta solución ofrece una explicación más coherente para las dificultades planteadas por otras soluciones, aunque no resuelve todos los problemas por completo.

Permanece una cuestión fundamental: hay numerosos casos en los que Mateo y Lucas coinciden entre sí sin que exista un texto base de Marcos. Estas ocasiones suelen involucrar dichos de Jesús que ambos evangelistas repiten con el mismo vocabulario, aunque no necesariamente en el mismo orden. Esta coincidencia es demasiado precisa como para atribuirla únicamente a la memoria de los evangelistas citando material de la tradición oral.

Un ejemplo claro de esto es:

Tabla 3ª

Mt 11,7-11

7Cuando ellos se marchaban, se puso
Jesús a hablar de Juan a la gente:
—¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? 8¿Qué salisteis a ver si no? ¿Un
hombre elegantemente vestido? ¡No!
Los que visten con elegancia están en
los palacios de los reyes. 9Entonces
¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta?
Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. 10Éste es de quien está escrito:
«He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, el cual te preparará
por delante el camino». En verdad os
digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan
Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor
que él.

Lc 7,24-28

24Cuando los mensajeros de Juan se
marcharon, se puso a hablar de Juan
a la gente:
—¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
8¿Qué salisteis a ver si no? ¿Un hombre vestido con ropas elegantes? ¡No!
Los que visten magníficamente y viven con molicie están en los palacios
de los reyes. 9Entonces ¿qué salisteis
a ver? ¿Un profeta? Sí, os lo aseguro,
y más que profeta. 10Éste es de quien
está escrito: «He aquí que yo envío
mi mensajero delante de ti, el cual te
preparará por delante el camino». Os
digo: entre los nacidos de mujer no
hay ninguno uno mayor que Juan; sin
embargo, el más pequeño en el reino
de los cielos es mayor que él.

Las coincidencias en vocabulario y frases entre Mateo y Lucas son tan notables que resulta poco probable que ambos evangelistas estén simplemente recitando de memoria un relato transmitido oralmente. ¿Están, entonces, copiando de otro texto que no es Marcos? Si es así, este texto debería contener principalmente dichos de Jesús, ya que Mateo y Lucas coinciden fuera de Marcos principalmente en sentencias del Maestro. Si aceptamos esta premisa, es decir, que están copiando de un texto escrito diferente a Marcos, se puede entender mejor por qué coinciden tan profundamente cuando no siguen al primer evangelista.

La gran mayoría de los investigadores considera que la hipótesis de otra fuente común a Mateo y Lucas, que no es Marcos, es indispensable. Según esta teoría, Mateo y Lucas no solo copiaron de Marcos, sino también de un "evangelio" escrito en griego, que se ha perdido, pero que se puede reconstruir debido al extraordinario acuerdo entre los dos evangelistas cuando no están copiando de Marcos. A esta fuente se le denomina "Q", abreviatura de la palabra alemana "Quelle", que significa "fuente". Esta obra probablemente estaba escrita en griego, ya que Mateo y Lucas, que escriben en este idioma, copian largas secciones de ella, a veces literalmente.

En resumen, esta hipótesis, que esclarece bastante bien la "cuestión sinóptica", se resume en que Mateo y Lucas consultaron la obra de Marcos al escribir sus evangelios y también copiaron de otra fuente, otro "evangelio", cuyo contenido principal eran los dichos y sentencias de Jesús. La llamada fuente "Q".

Existían, pues, tres estratos de material evangélico antes de que se compusieran Mt y Lc: la tradición oral, la fuente Q y el Evangelio de Marcos. En todas ellas se inspiran Mateo y Lucas.

7. Un evangelio perdido y reconstruido. La existencia de la fuente o «Evangelio Q»

Una de las conclusiones extraídas anteriormente es la necesidad de considerar como hipótesis la existencia de un evangelio perdido, conocido como "Q". Este evangelio se reconstruye a partir de los pasajes en los que coinciden los Evangelios de Mateo y Lucas, pero que no están presentes en Marcos. A lo largo del siglo XX, se han realizado notables esfuerzos de reconstrucción que hacen plausible la existencia de este "evangelio", el cual se caracteriza por contener principalmente las palabras de Jesús y carecer de relatos sobre sus acciones y milagros.

Aunque no existe una prueba concluyente de la existencia de este escrito, su verosimilitud se refuerza por las sorprendentes coincidencias entre Mateo y Lucas en pasajes que no se encuentran en Marcos. Esta suposición se fortalece aún más con el descubrimiento en 1945 en Nag Hammadi de un evangelio apócrifo, conocido como Evangelio de Tomás, que guarda similitudes con lo que se cree que fue la fuente Q perdida. Este evangelio apócrifo también se caracteriza por contener únicamente dichos y enseñanzas de Jesús, sin relatos de acciones o milagros, ni siquiera la historia de la pasión.

El contenido de Q, tanto en griego como en español, ha sido publicado en una edición accesible. Es recomendable referir al lector a esta obra, que además proporciona una detallada historia de la investigación sobre Q. Según la reconstrucción, Q parece más una colección de dichos y enseñanzas de Jesús que un evangelio con pretensiones narrativas como los otros cuatro evangelios canónicos. Este texto resalta los aspectos proféticos de Jesús y omite algunos elementos característicos de su imagen, como los conflictos en torno a la Ley y los relatos de la pasión y las apariciones.